Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
Ya se ha mencionado en algunas otras ocasiones que, solamente educando a los ciudadanos nuestro país podrá salir adelante, no es con el favor de Dios, ni con magia ni con líderes mesiánicos de cuarta que hacen promesas que jamás podrán cumplir, cómo podremos salir adelante sino con esfuerzo, trabajo y dedicación, esa es la fórmula infalible para el éxito.
En su libro El Perfil del hombre y la cultura en México, el filósofo mexicano, Samuel Ramos caracteriza algunas situaciones que hace que los mexicanos no salgamos adelante dice: “En el alma mexicana habitan fuerzas oscuras que, disfrazadas de aspiraciones hacia fines elevados, en realidad desean un rebajamiento de los individuos. A menudo se enaltecen falsos valores auténticos. Otras veces, se imita ciegamente lo extranjero, ahogando de este modo el desenvolvimiento de las potencialidades nativas”
Y al parecer esto sigue siendo vigente, el mexicano sigue siendo malinchista y valemadrista, y esto es una enfermedad que se contagia, cuando la gente por conveniencia o por irresponsabilidad no hace lo que tiene que hacer. Desde la infancia aprendemos la cultura del agandalle, del valemadrismo”, joder al prójimo te hace más chingón, aprendemos eso desde niños hasta adultos, ricos y pobres en esto no hay clases sociales.
Al mexicano todo le vale madre y todo lo convierte en un chiste (y ahora en un meme) con ellos nos reímos de todo tipo de situaciones y nos ayuda a mitigar un poco los problemas que se nos presentan, volverlo un chiste nos hace sentirnos aliviados por escenarios preocupantes. Nos mofamos de la presidente y las autoridades, hacemos chistes con situaciones donde los mexicanos hacen todo mal y nos reímos de esta situación.
El valemadrismo nos hace actuar de una manera inadecuada y nos provee de una forma de pensar egoísta y mala onda, tenemos frases para toda ocasión: “El que no tranza no avanza” y si para salir adelante te tienes que chingar a otros, no importa ya lo dijo Maquiavelo el fin justifica los medios y si lo dijo ese señor, pues ha de ser cierto. “Yo chingo, pero nomás tantito”. Y así se llevan desde un clip de la oficina, hasta las listas escolares de los hijos, sacan copias, se llevan las plumas, los borradores, las hojas de máquina y pare usted de contar.
Los mexicanos solemos quejarnos de todo, pero poco hacemos para buscar soluciones, tenemos la costumbre de protestar por lo cotidiano, nos quejamos en las redes sociales y creemos que ya cumplimos, son meros activistas de sillón. Suelen quejarse de la corrupción de los políticos, el aumento de energía eléctrica y los gasolinazos, la negligencia en los hospitales, la falta de medicamento, de la violencia que se vive a diario en las calles. Pero ni hacemos nada ni actuamos, su pensamiento al igual que su participación es cómoda, si el otro no hace nada, ¿Por qué yo habría de hacerlo? La apatía ante un escándalo público también es común en México, una denuncia de este tipo sólo se materializa mediante las acusaciones de la prensa. Y muestras hay muchas: la casa de Norroña, los (des) gobernadores y políticos de morena acusados por la DEA que no quiere entregar Claudia, pero sí va contra los de la oposición y esto sólo es una mínima muestra de la impunidad, corrupción y justicia selectiva de nuestros “autoridades”.
Para el mexicano la vida se resume en fútbol, box, chismes sobre personajes públicos, cerveza y sexo, y ahora la muy de moda “casa de los famosos”, ¿famosos de qué o por qué?, tipos feminoides su única cualidad es despotricar. Cuando no se habla de fútbol o box, se habla de sexo, de chismes de fulano o zutano, de lo mucho que se tomó en la “carnita asada” del fin de semana. Cualquier otro tema es rechazado por la mayoría. Le damos más importancia a la Selección Mexicana de Fútbol, que a las reformas que nos asestaron arteramente en lo “oscurito”. Se adopta el fanatismo por las cosas más estúpidas y esto nos vuelve irracionales e inflexibles. El actuar no es racional y se dejan llevar por sus pasiones, y eso los convierte en un ser prejuicioso y agresivo con todo aquel que no está de acuerdo con sus creencias.
Aunque hay cientos y cientos de mexicanos que triunfan en la ciencia, en el deporte, en la poesía y en muchas otras áreas, no podemos compararnos con países del primer mundo, y entiéndase, no porque no exista gente capaz, sino porque hay muchos otros a los que les vale madre, que no les interesa, que se dejan llevar por la inercia, que los consume la apatía, gente que así ha vivido por años y son con-for-mis-tas. Gente que vive colgada de otros y que no los deja avanzar, gente a la cual su pereza mental sólo les deja pensar en el hoy pero nunca en el mañana, gente que prefiere vivir al “hay se va” que trabajar por su crecimiento personal y el de su país.
Solamente con educación y un compromiso ciudadano real, con participación cívica, con responsabilidad compartida y solidaridad, será como saldremos adelante. No se necesita de mucho, solamente con que cada uno de nosotros hagamos bien lo que nos toca hacer, nuestro país sería grandioso.
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