Desde Afuera
Jaime Villasana Dávila
Por estas fechas cumplimos dos años de estar radicando en esta enorme, caótica y exótica ciudad de Bangkok, Tailandia. Con sus 10 millones de habitantes y más de 200 edificios con altura superior a los 150 metros y ubicada en lugar 13 en esta categoría a nivel mundial, Bangkok representaba un cambio radical respecto a la ordenada, limpia y clásica Viena, Austria, con sus dos millones de habitantes.
A esa enorme diferencia urbana y poblacional había que sumar el clima. Mientras en Viena las cuatro estaciones del año están claramente definidas, en Bangkok prácticamente es el mismo clima en todo el año; entre 26 y 35 grados y con mucha humedad. En realidad la única diferencia climática en Bangkok es temporada de lluvia (junio-octubre) o no temporada de lluvia, dándose los peores calores en abril y mayo, aunque los foráneos como yo estamos empapados de sudor durante los 12 meses con tan sólo caminar unos minutos en el exterior.
Pero así como Viena tiene lo suyo, Bangkok (y casi todas las ciudades del mundo) también tiene lo suyo y más adelante ahondaré en este punto.
La primera mención que tuve sobre Bangkok fue en algunas películas que vi en los 80s sobre la guerra de Vietnam. Y es que a esta ciudad eran enviados los soldados estadounidenses a descansar e igualmente sus barcos de guerra venían (y todavía vienen) a este puerto a repostar combustible y consumibles para su tripulación. Obviamente en aquellos años jamás pensé que algún día viviría en esta ciudad o en este lado del mundo.
La segunda mención la tuve en el 2000, cuando en aquel año me fui a “estudiar” inglés unos meses a la pequeña ciudad de St. Catherines, Ontario, Canadá. Me hospedé en la casa de un matrimonio holandés ya retirados ambos que por azares del destino llegaron a radicar a esa ciudad canadiense. Esas muy amables personas tenían (creo ya fallecieron ambos) un hijo que era capitán de uno de esos barcos que transportan mercancías en los Grandes Lagos. El señor había sido también navegante por muchos años en un barco de carga y había dado la vuelta al mundo varias veces. Un día platicando de mujeres me confesó que las mejores del planeta estaban en Tailandia. Me lo dijo de una manera muy firme y además nostálgica. Quizá dejó algún amor en estas tierras. Sigo teniendo muy grabada esa conversación.
Y hablando de mujeres, ciertamente Tailandia tiene fama a nivel mundial por este tema. Lamentablemente se debe en buena medida a la extensa prostitución existente (turismo sexual), sobre todo en Bangkok y que se ofrece por todos los medios, destacando en sus famosos negocios de masajes. Además, muchos hombres de todas las nacionalidades en edad avanzada que son solitarios, ya sea viudos, solterones o divorciados, se vienen a Tailandia a conseguir pareja (hombre o mujer). En Internet sobra los reportajes y videos al respecto. En las calles de la ciudad es muy común ver a un extranjero con una mujer tailandesa. Y si lo hacen es por algo: la mujer tailandesa, además de ser hermosa, es muy amable y el costo de vida en el país es bajo comparado con países del primer mundo. Pero no sólo la mujer tailandesa es amable, también el hombre. En restaurantes, comercios y donde sea suelen tratarlo a uno de tal manera. Claro, hay de todo, como en cada país del mundo.
Pero regreso al momento cuando llegué aquí con mi familia hace dos años. Ninguno de los dos (mi esposa y yo) habíamos estado antes en Bangkok, así que llegamos con toda la incertidumbre que una mudanza puede generarte al llegar a una ciudad “nueva”. Obvio había mucha emoción y teníamos una idea de lo que aquí había, gracias naturalmente al Internet. Teníamos dudas, pues es innegable la diferencia y seguridad existente entre una ciudad de país desarrollado (Viena) con una de país en desarrollo (Bangkok). Tampoco iba a ser algo nuevo viviendo en este tipo y tamaño de ciudad. Ambos vivimos varios años en Ciudad de México (CDMX), la cual por cierto tiene muchas similitudes con la capital tailandesa, pero este es otro tema.
Los primeros días de estancia fueron todo descubrimiento y acoplamiento, adentrándonos cada día a las calles y barrios que conforman la zona donde vivimos y que digamos es la zona “Internacional”, donde viven expatriados y se hospedan los turistas (Blvd. Sukhumvit, desde la zona del Palacio Real y hasta el Blvd. Rama IV). Esta zona es algo como la suma del Centro Histórico, la zona Rosa, Condesa, Polanco, Narvarte, Doctores y Roma de CDMX, pero con una gran diferencia: claramente en Bangkok (en la zona citada) se habla mucho más inglés que en CDMX, facilitando la estancia y vida de foráneos y turistas. Esto incluye hospitales, un tema muy importante. Sin duda el amplio uso del inglés en la ciudad es un factor que la hace ser la número uno a nivel mundial en recepción de turistas.
En estos dos años naturalmente hemos visitado tantos museos, sitios históricos y zonas de interés turístico como hemos podido. Muchos de ellos hermosos y con el toque cultural que sólo la cultura tailandesa le puede dar. Es una ciudad que también ofrece mucho a los turistas en el tema culinario (comida es fantástica y muy variada) y de compras, con numerosos enormes y lujosos malls. En el tema de turismo de salud Bangkok es también potencia a nivel mundial; en sus hospitales se atienden decenas de miles de personas al año de prácticamente todo el mundo, destacando los de medio oriente (a siete horas de vuelo) y donde el dinero abunda gracias al petróleo.
En el tema histórico, la historia de Bangkok y Tailandia es fascinante, siendo el único país de toda la región que no fue colonizado por las potencias. Esto se debió a varios factores, entre ellos la habilidad de su clase política del momento para negociar acuerdos y tratados. Y hablando de política; Bangkok y Tailandia me recuerdan mucho a CDMX y México; tienen un potencial enorme, pero su clase política le sale a deber mucho a sus ciudadanos. Mantienen al país estancado en niveles medios de desarrollo (mediocridad) debido a la corrupción, al “capitalismo de cuates” y a la poca inversión en sectores clave (educación, tecnología, salud). Lo peor es que ambos países están condenados a seguir así. Al respecto he escrito una breve columna y puedes leerla aquí.
Finalmente abordo los temas urbano y movilidad de Bangkok; es un caos en ambos, tipo Ciudad de México. Obvio tiene sus zonas y servicios de “primer mundo”, pero otros son de “cuarto mundo”. La disparidad social es muy evidente, aunque hay más mezcla de viviendas pobres entre barrios ricos y viceversa. Los guetos sociales son menos evidentes que en CDMX o Monterrey. En cuanto a parques tiene al menos tres que son grandes y hermosos (Benjakitti, Lumphini y Wachirabenjathat), del estilo Parque Fundidora en Monterrey o Chapultepec en CDMX.
En movilidad hay metro (elevado y subterráneo), más no es suficiente. Los trenes de cercanía son limitados. Las ciclovías son prácticamente inexistentes. Las líneas de transporte urbano son dispares; hay autobuses muy modernos y al lado puedes ver autobuses todavía de los 80s. El transporte en taxi de motocicleta es masivo. Por cierto, para allá va la CDMX y otras ciudades mexicanas de gran tamaño, según se observa en las estadísticas sobre venta de este tipo de vehículos.
Un tema por destacar son los dos aeropuertos de Bangkok. El viejo es el Don Mueang y se ubica al norte de la ciudad. Tiene una sola pista pero opera a máxima capacidad. El “nuevo” es Suvarnabhumi e inició operaciones en 2006 aunque se ha ido ampliando. Es enorme y tiene tres pistas (así hubiese sido el cancelado aeropuerto de Texcoco). Mueve 62 millones de pasajeros al año y tiene una hermosa y envidiable ciclovía en su alrededor de 23km de longitud y a la cual acuden miles de ciclistas y corredores. He hecho un artículo al respecto y puedes leerlo aquí.
Hay mucho más por contar de Bangkok, una ciudad que, a cierta edad más joven, invita a divertirse y gozar de la vida hasta el cansancio. Su famosa calle Soi Cowboy y otras más invitan a perderse en el placer. Muchos caen en su trampa y quizá yo también si estuviera unos 20 o 30 años menos viejo. Sus bares en azoteas son muy comunes y tentativos, habiendo unos muy “trendy” y con vista privilegiada. Obvio estos son muy concurridos.
En suma, en estos dos años hemos disfrutado mucho de Bangkok a nuestra manera. Sufriendo y gozando su húmedo y caluroso clima y siendo debidamente tratados por su generosa y muy amable población. Obvio extrañamos otras ciudades donde hemos vivido previamente, pero de lo que se trata es de vivir y disfrutar el presente, con lo que se tenga alrededor, bueno o malo, y en eso estamos. Muchas gracias, Bangkok.
X: @jvillasanad
Web: www.jvillasanad.com
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