Ciudad de México, 25/05/26 (Más).- La edad se ha convertido en uno de los últimos grandes tabúes contemporáneos, especialmente para los hombres, en un contexto donde la presión por no aparentar el paso del tiempo se ha intensificado entre celebridades y ciudadanos comunes, impulsada por la cultura visual, las redes sociales y el auge de tratamientos estéticos cada vez más accesibles.
De acuerdo con un reportaje publicado por El País, esta tendencia se refleja en una creciente normalización de prácticas destinadas a “rejuvenecer” la apariencia, desde rutinas intensivas de gimnasio hasta procedimientos médicos y quirúrgicos, en un entorno donde la vejez visible parece haber perdido legitimidad social frente a la exigencia de mantener una imagen permanentemente joven.
El fenómeno se ilustra con ejemplos de figuras públicas como Bad Bunny, quien en la Met Gala apareció caracterizado como un hombre envejecido, en contraste con otras celebridades como John Travolta, que a sus 72 años ha sido destacado por su apariencia juvenil en alfombras rojas internacionales, evidenciando la tensión entre envejecer “hacia afuera” o parecer que el tiempo no pasa.
El texto también señala que este fenómeno, antes más asociado a figuras femeninas como Madonna, Jennifer Lopez o Demi Moore, hoy se ha extendido con fuerza entre hombres de entre 50 y 70 años, quienes recurren a cirugías, tratamientos dermatológicos y cambios de estilo de vida para sostener una apariencia más joven en pantalla y en la vida pública.
Según especialistas citados, los avances en cirugía estética han transformado el enfoque del envejecimiento facial, pasando de técnicas centradas en estirar la piel a procedimientos más profundos como el lifting SMAS o el “deep plane facelift”, que buscan reposicionar tejidos internos del rostro para lograr resultados más naturales y menos artificiales.
En paralelo, el fenómeno cultural ha generado lo que en redes sociales se conoce como “agemaxxing”, una práctica que agrupa distintos esfuerzos por retrasar o disimular el envejecimiento mediante ejercicio, suplementos, cuidado de la piel o intervenciones médicas, lo que ha derivado en una especie de presión social implícita por no “parecer viejo”.
El reportaje también recoge testimonios de hombres que reflejan esta nueva relación con la edad. Víctor, un publicista de 41 años, relata cómo ha incorporado rutinas estéticas y procedimientos como bótox, vitaminas y una blefaroplastia para reducir los signos de envejecimiento, mientras reconoce el impacto psicológico y económico de sostener esta imagen.
Por su parte, Javier, un informático de 47 años, explica que el envejecimiento le ha llevado a replantear su estilo de vida, priorizando actividades y evitando excesos que antes asumía con normalidad, mientras Claudio, periodista de 46 años, afirma que su percepción de la edad no ha cambiado debido a que siempre se sintió “más viejo” de lo que era.
El texto también destaca el crecimiento del culto al cuerpo en la vida cotidiana, especialmente en el aumento de la asistencia a gimnasios, donde actualmente cerca del 30% de la población en España declara estar inscrita, en contraste con el 10% registrado una década atrás, lo que refuerza la idea de un control constante sobre la apariencia física.
Finalmente, el análisis concluye que la sociedad actual enfrenta una contradicción: mientras se promueve la idea de que la edad no limita el éxito ni la vitalidad, las figuras públicas que encarnan ese discurso suelen mantener apariencias notablemente juveniles, reforzando un ideal estético que coloca a la vejez visible en una posición cada vez más incómoda dentro de la cultura contemporánea.
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