Mateo Castillo
EFE Reportajes
En 2011, Shaquille O’Neal colgó las zapatillas. El pívot de 2.16 metros ponía punto y final a su carrera profesional, con 38 años y tras 19 temporadas, como uno de los jugadores de baloncesto capaces de marcar una era en la NBA. Ahora, Shaq cumple 50 años en un retiro en el que se desempeña como comentarista, personaje televisivo, inversor y empresario y disyóquey.
Shaquille Rashaun O’Neal nació el 6 de marzo de 1972 en Newark, Nueva Jersey, y lleva el apellido de su madre Lucille. “Mi madre estaba sola cuando me tuvo. Tenía 17 años cuando se quedó embarazada”, escribió en su biografía “Shaq Uncut”. Nunca supo por qué su madre le puso un nombre compuesto musulmán que, escribió, significaba pequeño guerrero.
Su padre biológico fue encarcelado por asuntos relacionados con el cobro de cheques cuando el jugador era aún un bebé. Tras ser puesto en libertad, aceptó renunciar a la paternidad del pequeño. Su madre se casó con un sargento del ejército de los Estados Unidos llamado Phil Harrison, que se convirtió en el padrastro del pequeño Shaquille.
“Eso probablemente nunca, nunca suceda”, dijo O’Neal en una rueda de prensa en 2002 sobre la reconciliación con su padre biológico. “No es nada personal. Philip Harrison me crio, me hizo quien soy hoy. Sería irrespetuoso hacia él conocer alguien más y llamar mi padre a alguien más. Nunca podría hacer eso, independientemente de las circunstancias”. Sin embargo, en 2016 hubo un acercamiento entre ambos.
O’Neal no tuvo una infancia acomodada. Vivían en una zona deprimida de Newark, en la que el tráfico de drogas era habitual. “Yo no sabía que era pobre”, relató el exjugador, “supongo que debería haberlo sabido. Nos mudábamos todo el tiempo porque no podíamos pagar el alquiler. Mi madre intentaba alimentar a una joven familia de seis con Chicken a la King en lata”.
El jugador llevaba la altura en los genes. Sus padres eran altos y en alguna que otra ocasión quien echaba un vistazo a O’Neal, en el metro, el autobús o en una cadena de restaurantes para pedir el menú infantil, dudaba de que fuese el niño que decía ser. Su madre tenía que llevar su certificado de nacimiento encima allá donde fuesen.
El trabajo de Harrison implicaba movilidad y tras vivir un tiempo en Alemania, la familia se estableció en San Antonio, Texas. Allí en el instituto, O’Neal formó parte del equipo de baloncesto y contribuyó a que ganase el campeonato estatal. Y su juego en la cancha llamó la atención de los reclutadores. El destino del jugador tras graduarse fue la Louisiana State University (LSU).
“DROP STEP”, RECIBIR, GIRAR Y MACHACAR.
El equipo de la universidad tenía al frente a Dale Brown, un entrenador que O’Neal había conocido en Alemania. Fue nombrado jugador del año en 1991. “Después de dejar la LSU en 1992, fui directo a la NBA y gané millones de dólares”, escribió el jugador en sus memorias. O’Neal fue elegido el primero en el draft de la NBA por los Orlando Magic y se convirtió en el Novato del Año y en parte del All-Rookie 1st Team en la temporada 92-93.
Su envergadura, 2.16 metros y alrededor de 150 kilos, hacía que O’Neal tuviese un avance en zona casi imparable, con uno de sus movimientos de la casa, el “drop step”, que consistía en recibir, girar sobre su eje y machacar. Uno de sus puntos débiles, sin embargo, eran los lanzamientos desde la línea de tiros libres, fallaba casi uno de cada dos. De ahí que sus contrincantes recurriesen a las faltas para pararlo: era menos probable que encestase un libre que anotar en jugada. Esta estrategia se hizo famosa como “Hack-a-Shaq”.
En 1996, O’Neal ganó junto a la selección nacional un oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta, cuatro años después de que el Dream Team hiciera lo propio en Barcelona. Esa misma temporada, el de Nueva Jersey fichó por los Ángeles Lakers, equipo en el que permaneció ocho temporadas, hasta 2004, y con el que ganó tres anillos, en 2000, 2001 y 2002. En 2000, y bajo la batuta de Phil Jackson, se convirtió en el MVP de la liga.
En 2004 se fue a los Miami Heat, con los que ganó otro campeonato, en 2006, y tras cuatro años, fichó por los Phoenix Suns. Su paso por este último terminó en 2009, cuando se convirtió en jugador de los Cleveland Cavaliers. La siguiente temporada se unió a los Boston Celtics. O’Neal fue parte del conjunto hasta su retirada, con más 28,500 puntos en total a sus espaldas, en 2011.
Durante su época de jugador, también desarrolló su faceta musical y tiene cinco discos de estudio publicados: “Shaq Diesel”, “Shaq-Fu: Da return”, “You Can’t Stop de Reign”, “Respects” y “Shaquille O’Neal Presents His Superfriends, Vol.1”. Al dejar la pista sus pasos se dirigieron también hacia la televisión, donde comenta la NBA y participa en otros formatos.
Tras su retirada, O’Neal también se ha hecho un hueco como empresario e inversor, una actividad que le reporta importantes beneficios. La leyenda del baloncesto invirtió en Google, en Apple y 24 Hour Fitness, por ejemplo, y es dueño de varios restaurantes, según publicó la CNBC en 2019.
“Escuché a Jeff Bezos decir una vez que decide sus inversiones en función de si va a cambiar la vida de la gente”, dijo O’Neal al Wall Street Journal ese mismo año. “Una vez que comencé a seguir esa estrategia, creo que probablemente cuadrupliqué mi valor”.
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