Marco Campos Mena.
He estado preguntando mucho al respecto a miembros de la sociedad en diferentes áreas y me sorprende saber que muchos, una gran mayoría, jamás habían escuchado siquiera la palabra.
Comencemos por definir que es la procrastinación: para ser breves, es evitar realizar ciertas actividades que son importantes posponiéndolas tanto como se puede, muchas veces de manera inconsciente, por que no resultan placenteras para el cerebro y dedicando el tiempo a aquello que se cree que es importante pero que en realidad son actividades menores.
Recordaremos el diagrama Eisenhower, ese en el que dividimos en cuatro listas nuestras actividades, siendo en orden de mayor prioridad a menor: 1) Lo que es importante y urgente: 2) Lo que es importante mas no urgente: 3) lo que es urgente mas no importante: 4) Lo que no es importante y tampoco es urgente.
Trabajando en este orden de ideas, debemos tener en cuenta que el cerebro humano busca de manera natural realizar aquellas tareas que considera más “placenteras” o que requieren un menor esfuerzo, prefiriendo siempre aquello que considera es divertido o de recreación.
Ahora bien, entrando en materia, la cultura de los mexicanos es bien conocida por dejar todo siempre a último minuto; si nos piden un trabajo y tenemos una fecha límite de entrega, lo realizamos el último día y lo terminamos de último momento antes de que termine el plazo establecido.
Normalmente las actividades a realizar tienen plazos de entrega extensos que nos permiten dosificar la carga de trabajo a lo largo de los días o semanas que tenemos para realizarlo, claro, lo ideal sería trabajar día a día un poco en ello y solamente dar un tanto extra de enfoque previo a la entrega, dándonos el tiempo para revisar antes y entregar con anticipación para evitar problemas tecnológicos.
Lo cierto es que desde nuestra educación en casa y la falta de disciplina de quienes nos forman causan hábitos negativos en nosotros, por ejemplo, en la escuela, si nos encargan una tarea y nos dan un plazo de quince días para hacerla, normalmente aprovechamos que “hay tiempo” para hacer otras actividades, por lo que, faltando 3 días, comenzamos a preocuparnos y hacemos todo en dos días sin dormir para “sacar el trabajo” y entregarlo un minuto antes de la fecha límite.
Tim Urban denomina a ese punto como “el monstruo del pánico” lo único a lo que teme el mono del placer y que hace que el pensamiento racional trabaje a sobre marcha para terminar a tiempo.
Muchas veces ese monstruo del pánico desata la creatividad que necesitamos para poder desarrollar algunas ideas que de otra manera se vuelven vagas durante días o semanas, mas no siempre podemos utilizarlo, ya que hay actividades que no tienen una fecha de entrega y que su falta de enfoque solo causa que se acumulen y tal vez no se hagan nunca. Esto es el fracaso de muchas personas antes de empezar.
Digámoslo así: quien quiere poner un negocio, le da vueltas, se enfoca en otras cosas pensando en que tiene tiempo. Con el paso del tiempo nunca desarrolla la idea que necesita para emprender y termina por olvidar su intención. Lo mismo sucede con quien quiere estudiar para superarse, quien busca un nuevo trabajo o quien quiere hacer mejoras en su casa.
Habiendo dejado en claro cual es el primer problema a nivel personal, podemos entender por que a niveles más altos no hay resultados, se le considera importante mas no urgente y se pospone para otro momento “más oportuno” mismo que no habrá, hoy es el momento más oportuno para empezar.
Enfoquemos nuestro ejemplo, ¿por qué no arreglan las calles? Por que están funcionales, si, tienen baches, están boludas por las raíces de los arboles, dañadas por las aperturas que hacen las empresas de gas y agua… la calle puede estar en pésimo estado, pero el encargado de ello piensa “todavía sirve” y pospone su arreglo para cuando está más dañada y requiera de manera urgente su reparación, para ese entonces puede resultar más caro realizar dicho trabajo y probablemente será deficiente por que será realizado con prisa, o sea, urgencia.
A estas alturas debe estar pensando “¡es cierto, la procrastinación está presente en nuestra vida en casi todas partes” y es cierto, es un mal al que estamos acostumbrados y aun que nos quejamos, al final decimos “se hizo el trabajo”.
Cambiemos el enfoque ¿Cómo vencemos a la procrastinación? Le daré tres métodos que sin duda le servirán para comenzar a dejar este mal hábito e influir en quienes le rodean y que sin duda podrán dejarlo también con su ejemplo.
El primer paso es conocido como “cortar el pan” que consiste en dividir la tarea a realizar en pequeñas tareas fáciles, mismas que nos causarán una gran satisfacción (satisfacción = liberar dopamina = motivación para seguir) y trabajando diariamente podrá terminarlas en menos tiempo del que usted espera.
El segundo paso es “eliminar las distracciones”, lo cual en pocas palabras es convencer al cerebro de que hay más satisfacción en realizar las tareas que procrastinamos que en las distracciones. Enfoquémonos en lo bueno, la satisfacción de terminar de leer un libro, lo bien que nos vamos a sentir si comemos sanamente, los beneficios que tendremos económicamente si terminamos una carrera o si nos capacitamos para un mejor trabajo, el reconocimiento que nos darán por hacer las cosas mejor que el día anterior, etcétera. Eliminemos la sensación de “placer fácil” de las distracciones concentrándonos en los grandes beneficios y lo bien que nos sentiremos realizando las actividades que normalmente no realizamos.
El tercero es contar en reversa, “5, 4, 3, 2, 1” lo cual consiste en darle solo un conteo rápido al cerebro en el cual no podrá inventar excusas para evitar lo que tiene que hacer. Una vez que vamos llegando al 1, nos paramos y hacemos eso que tenemos que hacer, así el cerebro se enfoca a lo que tiene que hacer y deja de procrastinar.
Una última herramienta a saber es la técnica del maletero, que es una analogía a como acomodamos las maletas en la cajuela o en el closet de la casa. Cuando queremos acomodar, siempre ponemos primero lo más grande y después en los espacios restantes colocamos lo chico, del mismo modo, si nosotros trabajamos primero lo importante, nos queda tiempo para las demás actividades que no son importantes, pero si lo hacemos a la inversa, primero lo que no es importante, no dejaremos espacio para terminar las tareas importantes que son más grandes.
Comencemos el cambio de hábitos hoy mismo, no esperemos para mañana y seamos conscientes de que así podremos cambiar todo eso que nos molesta de la sociedad procrastinadora.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
