Ann tenía 30 años cuando tuvo un derrame en el tronco encefálico, la base cerebral que conecta con la médula espinal. Dejó de mover las piernas, los brazos y hasta los músculos que accionan sus cuerdas vocales. Ahora, tras años de entrenamiento con inteligencia artificial (IA), una interfaz cerebro máquina (BCI, por sus siglas en inglés) le permite comunicarse casi en tiempo real con su propia voz sintetizada.
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