Los manglares que no pudieron salvar Acapulco

Acapulco, 09/01/2025 (Más / IA).- El paso devastador del huracán ‘Otis’ en octubre de 2023 dejó a Acapulco enfrentando el impacto más severo de su historia moderna. Con 52 muertos, 31 desaparecidos y pérdidas económicas estimadas en 15,000 millones de dólares, según la Organización Meteorológica Mundial, el fenómeno no solo expuso la vulnerabilidad de esta ciudad turística, sino que también puso en evidencia la importancia de los ecosistemas naturales que alguna vez protegieron la región.

Un estudio reciente, publicado en Science Direct por investigadores de la Universidad de California, analiza cómo la deforestación masiva de manglares contribuyó a agravar los daños. Los resultados muestran que la conservación de la franja de manglares existente en 1980 podría haber reducido en un 5% la destrucción causada por ‘Otis’. Este porcentaje, aunque aparentemente modesto, se traduce en cientos de hectáreas de vegetación, infraestructura y viviendas que pudieron haberse salvado.

“La realidad es que hemos hecho muchas investigaciones para demostrar que económicamente es mejor tener ecosistemas saludables, como el manglar, frente a lo que casi siempre se pregona por sectores económicos, como el del turismo, de que un manglar solo genera mosquitos”, explica Octavio Aburto, biólogo marino del Instituto de Oceanografía Scripps y coautor del estudio.

Utilizando imágenes satelitales y datos de instituciones como la Conabio y agencias espaciales, los investigadores evaluaron la relación entre la proximidad a los manglares y el impacto del huracán en la infraestructura. Descubrieron que a cada kilómetro adicional de distancia con los manglares, la destrucción de edificios e infraestructura aumentaba un 2%. La Laguna Negra, en Puerto Marqués, fue un caso de estudio que reflejó la severidad del fenómeno en áreas sin cobertura vegetal suficiente.

La pérdida de un escudo natural

Guerrero, uno de los estados con mayor pérdida de manglares en México, ha visto cómo este ecosistema se ha reducido en más del 50% en las últimas cuatro décadas. Según datos del Sistema de Monitoreo de Manglares de México, la superficie pasó de 16,350 hectáreas en 1979 a apenas 7,730 en 2023. La deforestación responde a décadas de desarrollo turístico y agrícola que privilegiaron la construcción de hoteles y sembradíos sobre la conservación ambiental.

Esta tendencia no es exclusiva de Guerrero. En los últimos 40 años, el planeta ha perdido el 20% de sus manglares, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Sin embargo, la acelerada desaparición de este ecosistema en México –país que alberga el 6% del total mundial de manglares– lo posiciona en una situación de alta vulnerabilidad ante el cambio climático.

“Imagínate si hubiera habido una franja de manglares cubriendo las infraestructuras, en vez de hoteles de muchos pisos”, reflexiona Aburto. La investigación detalla que, de haberse conservado los manglares de 1981, se habrían salvado 164 hectáreas de vegetación, 85 de infraestructura y 29 viviendas en las zonas más afectadas de la bahía de Acapulco.

El costo del abandono ambiental

El impacto económico de ‘Otis’ no tiene precedentes en México. Las aseguradoras reportaron pagos por 1,900 millones de dólares, una cifra 20 veces mayor a los costos de todos los desastres meteorológicos de 2022. Más allá de las cifras, el huracán dejó al descubierto la negligencia en la planificación urbana y la falta de prioridad a la restauración ecológica.

Ante este panorama, Aburto y su equipo abogan por una reconstrucción que considere tanto las necesidades sociales como la restauración de ecosistemas. “No se trata de regresar a lo que tenía Acapulco antes, porque si no mañana va a ser lo mismo. Hay que regresar las fuentes de trabajo pero también el manglar”, señala.

La restauración de lagunas como la Negra o la de Tres Palos figura como una prioridad urgente. Recuperar estas áreas no solo ofrecería protección natural frente a futuros huracanes, sino que también promovería la biodiversidad y generaría oportunidades económicas sostenibles para las comunidades locales.

Con huracanes cada vez más intensos y frecuentes debido al cambio climático, la lección que deja ‘Otis’ es clara: la conservación y restauración de los manglares no es un lujo, sino una necesidad crítica para garantizar la supervivencia de Acapulco y de las comunidades costeras de México.


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