Ciudad de México, 14/08/26 (Más).- El cambio climático está relacionado con un aumento de afectaciones en el bienestar psicológico de las nuevas generaciones y puede influir no solamente en emociones como ansiedad, miedo, tristeza e incertidumbre, sino también en hábitos de consumo, relaciones interpersonales y decisiones sobre el futuro, de acuerdo con investigaciones citadas en un análisis publicado por El País.
De acuerdo con información publicada, la periodista especializada en sostenibilidad Katiana Murillo señala que la crisis climática forma parte del sentimiento de agobio que experimentan sectores de las generaciones jóvenes, aun cuando otros acontecimientos internacionales, como los conflictos bélicos y las tensiones políticas, ocupen una parte importante de la conversación pública.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado al cambio climático como una de las principales amenazas para la salud global en el siglo XXI. Aunque los efectos físicos de fenómenos asociados al calentamiento global han sido ampliamente documentados, la evidencia sobre sus consecuencias en la salud mental ha recibido menor atención, particularmente en regiones como América Latina.
Una revisión cualitativa publicada en la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de Colombia encontró indicios de que el cambio climático está afectando la salud mental de niños y jóvenes de la región. Entre las emociones identificadas se encuentran ansiedad, miedo, tristeza, incertidumbre e impotencia frente al futuro.
Los efectos pueden ser más marcados entre quienes viven en comunidades directamente expuestas a incendios, sequías, inundaciones y otros fenómenos meteorológicos extremos. La experiencia directa de estos acontecimientos puede incrementar la preocupación por el deterioro ambiental y la percepción de incertidumbre sobre las condiciones de vida futuras.
Otra revisión publicada en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) identifica la ecoansiedad entre adultos jóvenes latinoamericanos como un fenómeno emergente con posibles implicaciones clínicas, sociales y ambientales. El análisis señala que la preocupación por la crisis climática puede intensificarse cuando las personas consideran insuficientes las respuestas de los gobiernos o han experimentado personalmente las consecuencias de eventos relacionados con el cambio climático.
La evidencia disponible fuera de América Latina también ha comenzado a documentar los alcances de este fenómeno. Un estudio publicado en diciembre de 2025 en el Journal of Health and Environmental Research analizó las respuestas de 3 mil 607 jóvenes italianos de entre 18 y 35 años.
En esa investigación, cerca de 80 por ciento de los participantes había experimentado algún evento climático extremo. Los resultados apuntaron a que las experiencias relacionadas con el cambio climático pueden trascender el malestar psicológico y repercutir en diferentes áreas de la vida cotidiana de los jóvenes.
Entre las áreas identificadas se encuentran el bienestar psicológico, los hábitos de consumo, las relaciones interpersonales y las decisiones relacionadas con el futuro. Los investigadores también observaron emociones como ira e impotencia, además de manifestaciones de apatía, desesperanza y pérdida de sentido existencial.
Krzysztof Szadejko, uno de los autores del estudio realizado en Italia, señaló la necesidad de abordar el fenómeno sin minimizarlo y ampliar las investigaciones mediante estudios que incorporen diferentes variables y poblaciones de distintos países. El investigador planteó que los jóvenes deben conocer la realidad climática y, al mismo tiempo, contar con herramientas para responder ante ella y mantener perspectivas de esperanza.
En América Latina, la investigación sobre ecoansiedad continúa siendo limitada, especialmente entre niños y jóvenes. Las revisiones disponibles, sin embargo, apuntan a una relación entre la exposición a los efectos del cambio climático, la percepción de una respuesta gubernamental insuficiente y el incremento de emociones negativas asociadas con el futuro.
Los estudios también identifican factores que pueden contribuir a una respuesta distinta frente a la preocupación climática. La participación comunitaria, el activismo ambiental y la llamada “ansiedad práctica”, orientada a convertir la preocupación en acciones concretas, pueden funcionar como mecanismos de resiliencia y adaptación.
La denominada ecoansiedad no implica necesariamente una respuesta de parálisis. De acuerdo con la evidencia citada, la preocupación por las condiciones ambientales puede transformarse en participación y acciones individuales o colectivas cuando las personas encuentran mecanismos para intervenir en su entorno.
El análisis plantea que las condiciones climáticas que las generaciones actuales están dejando a los jóvenes también tienen una dimensión relacionada con la salud mental. La posibilidad de responder a la incertidumbre climática mediante participación, información y acciones de adaptación puede influir en la manera en que las nuevas generaciones enfrentan los cambios ambientales.
La relación entre cambio climático y salud mental continúa siendo objeto de investigación científica. En América Latina, la falta de estudios amplios sobre niños y jóvenes mantiene vacíos de información, mientras que las investigaciones realizadas en otros países aportan elementos para evaluar cómo los fenómenos climáticos pueden modificar no sólo el estado emocional, sino también comportamientos y decisiones de vida.
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