Madrid, España, 16/07/26 (Más).- El aburrimiento, una emoción habitualmente asociada con el malestar y la falta de productividad, puede desempeñar un papel relevante en el bienestar psicológico al favorecer la reflexión personal, el autoconocimiento y la creatividad, de acuerdo con el análisis del psicólogo y divulgador Kike Esnaola.
De acuerdo con información publicada por El País, el especialista sostiene que, aunque el aburrimiento genera incomodidad, también proporciona información sobre el estado emocional de las personas y sus necesidades, al permitir que emerjan pensamientos, preocupaciones y emociones que habitualmente permanecen ocultos por la constante estimulación del entorno.
El autor plantea que, pese a que las personas tienen actualmente más opciones de entretenimiento y distracción que en décadas anteriores, la percepción de malestar psicológico ha aumentado, lo que abre el debate sobre la posible relación entre la disminución de los espacios de inactividad y la salud mental.
Esnaola explica que el aburrimiento aparece cuando una actividad deja de resultar estimulante o cuando existe ausencia de experiencias consideradas placenteras. Sin embargo, señala que la tendencia a evitar de manera inmediata esa sensación incrementa la sensibilidad hacia ella, reduciendo gradualmente la capacidad para tolerarla.
Para ilustrar este fenómeno, compara el funcionamiento del sistema psicológico con una alarma contra incendios que se vuelve más sensible cuando está poco expuesta al humo. De manera similar, evitar constantemente el aburrimiento hace que cualquier momento de baja estimulación genere una respuesta inmediata de incomodidad y la necesidad de buscar distracciones.
El especialista advierte que esta dinámica favorece el consumo constante de contenidos digitales, redes sociales, compras en línea y otras formas de entretenimiento inmediato.
Añade que las plataformas tecnológicas han desarrollado modelos de negocio orientados precisamente a captar y mantener la atención de los usuarios, ofreciendo respuestas rápidas frente a cualquier sensación de hastío.
El análisis también destaca el papel de los factores culturales. Según Esnaola, las sociedades contemporáneas promueven la ocupación permanente y la productividad constante, lo que puede provocar que las personas interpreten el aburrimiento como un signo de ineficiencia o de estar desaprovechando el tiempo.
En ese sentido, sostiene que los periodos de inactividad permiten dirigir la atención hacia el mundo interior, facilitando la identificación de necesidades personales, emociones pendientes o decisiones que requieren atención. Esta capacidad de introspección, señala, puede contribuir a una mejor comprensión del propio estado emocional.
El psicólogo agrega que diversas investigaciones en el ámbito de la psicología han asociado los momentos de baja estimulación con el desarrollo de la creatividad.
Explica que, cuando la mente deja de responder continuamente a estímulos externos, aumenta la posibilidad de establecer conexiones nuevas entre ideas, proceso que suele ocurrir durante actividades rutinarias como caminar, ducharse o simplemente observar el entorno.
El autor concluye que el objetivo no es presentar el aburrimiento como una experiencia agradable ni convertirlo en una solución al malestar psicológico, sino recuperar la capacidad de experimentarlo sin interpretarlo automáticamente como un problema.
A su juicio, una salud mental equilibrada implica también disponer de espacios para escuchar lo que las emociones incómodas pueden revelar sobre las necesidades y prioridades de cada persona.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
