Madrid, España, 26/09/26 (Más).- Dejar la silla de ruedas para acudir al colegio, pasear por un parque o jugar con amigos comienza a convertirse en una posibilidad real para niños con discapacidad motora, lesiones medulares o trastornos neuromotores.
El desarrollo del Explorer MB, un exoesqueleto pediátrico concebido para la movilidad personal y el uso cotidiano, abre una nueva etapa para menores que hasta ahora dependían de una silla de ruedas y que podrán utilizar esta tecnología fuera de hospitales y centros de rehabilitación.
De acuerdo con información publicada por El País, Minerva, Diego, Rocío, Álex, Ainhoa, Alejandro, Jorge, Kilian y Violeta forman parte de alrededor de un centenar de niños que han probado este dispositivo desarrollado por científicos españoles. Tras años de investigación, el Explorer MB obtuvo la autorización europea necesaria para su comercialización, lo que permitirá que algunos de estos menores puedan llevar el equipo a casa y utilizarlo en actividades de su vida diaria.
El avance supone un cambio importante respecto a las terapias convencionales, pues los menores con problemas de movilidad suelen acudir a sesiones de rehabilitación durante periodos limitados a la semana. “Iban a rehabilitación una hora dos días a la semana. Explorer les permitirá ir mucho más allá”, explicó Elena García Armada, fundadora de Marsi Bionics, empresa responsable del desarrollo del dispositivo.
El antecedente directo del Explorer MB es el Atlas 2030, un exoesqueleto concebido para su utilización en hospitales y centros especializados. Decenas de niños en España y otros países han empleado durante años ese equipo como parte de sus tratamientos. Está dirigido a menores con discapacidad motora derivada de alteraciones cerebrales, accidentes o enfermedades como la atrofia muscular espinal, y la experiencia acumulada con su utilización permitió identificar beneficios que van más allá de conseguir que un niño pueda mantenerse de pie y caminar.
La posibilidad de desplazarse erguido también modificaba la manera en que algunos menores se relacionaban con las personas que los rodeaban. “También socializar, relacionarse, mejorando su autoestima”, señaló García Armada sobre los efectos observados con Atlas 2030. La investigadora recordó que los pequeños querían mostrar a sus compañeros lo que podían hacer con el dispositivo y “Casi gritaban: ¡Exocole, exocole!“. Sin embargo, al terminar cada sesión debían dejar el exoesqueleto en el hospital y regresar a sus hogares en silla de ruedas.
Esa limitación fue precisamente una de las que buscó superar el Explorer MB. Durante cuatro años, alrededor de 30 científicos e ingenieros de Marsi Bionics trabajaron en su diseño con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de los hospitales universitarios La Paz, 12 de Octubre, Niño Jesús y Gregorio Marañón, en Madrid. El reto consistió en transformar una tecnología empleada en ambientes clínicos controlados en un equipo capaz de acompañar a los niños en espacios cotidianos.
“Eso es Explorer, no se queda en la rehabilitación, no se queda en la clínica”, destacó García Armada. Una de las pruebas para demostrar esa capacidad consiste precisamente en llevar el dispositivo a escenarios diferentes de un hospital, como parques y otros lugares recreativos, donde los menores pueden desplazarse y participar en actividades junto con otros niños.

La experiencia tecnológica acumulada para llegar a este punto comenzó mucho antes del Explorer MB. Marsi Bionics dedicó más de una década al desarrollo del Atlas 2030, que actualmente se encuentra en alrededor de 80 centros de distintos países, 50 de ellos en España. Uno de los equipos más recientes llegó al Centro de Rehabilitación Infantil Arenas de Mónsul, en Almería, donde, mediante una donación de la Fundación ONCE, Amaia, una niña con una enfermedad rara, consiguió dar sus primeros pasos.
La historia del proyecto se remonta a 2009, cuando los padres de Daniela, una niña que había quedado parapléjica tras un accidente, acudieron al Consejo Superior de Investigaciones Científicas en busca de alguna alternativa tecnológica que pudiera ayudarla a caminar. Allí conocieron a Elena García Armada, encuentro que impulsó una línea de investigación que posteriormente desembocaría en la creación de Marsi Bionics en 2013 y en el desarrollo de sus exoesqueletos infantiles.
El avance de la tecnología, sin embargo, ha sido más lento que el crecimiento de los niños que inspiraron el proyecto. “Daniela ahora tiene 23 años y sigue en su silla de ruedas”, explicó García Armada. La investigadora reconoce que la complejidad de trasladar una tecnología robótica sanitaria desde el laboratorio hasta un producto disponible para los pacientes provocó que algunos de los primeros menores participantes quedaran fuera del rango de edad para beneficiarse del dispositivo.
Explorer MB busca reducir ese problema mediante un diseño adaptable al crecimiento. Puede comenzar a utilizarse desde aproximadamente los dos años y acompañar al menor hasta cerca de los 17, gracias a segmentos móviles integrados en su estructura que permiten modificar sus dimensiones conforme cambia el cuerpo del usuario.
El sistema incorpora cuatro motores destinados a reproducir la función natural de los músculos de las extremidades. Dispone de dos modalidades principales: una asiste la fuerza del niño para levantarse y comenzar a caminar, mientras otra genera automáticamente un movimiento continuo. También cuenta con un asiento automático, de manera que el equipo puede transformarse en una estructura para permanecer sentado cuando el menor llega, por ejemplo, al salón de clases.
Su autonomía alcanza aproximadamente seis horas, periodo durante el cual el exoesqueleto está pensado para convertirse en el soporte físico del niño. La intención no es únicamente sustituir determinadas funciones de la silla de ruedas, sino facilitar actividad física y ampliar las posibilidades de participación del menor en su entorno familiar, educativo y social.
La experiencia obtenida con Atlas 2030 mostró a sus desarrolladores que caminar podía tener efectos adicionales. “Siempre hablamos acerca de la función de caminar”, explicó Carlos Cumplido, director clínico de Marsi Bionics, quien señaló que para personas que no tienen la posibilidad de realizar esa actividad ni ejercicio físico, caminar puede convertirse por sí mismo en una forma de terapia con repercusiones en distintos aspectos de la salud.
Los estudios realizados por los responsables del proyecto han registrado aumento de la fuerza física y efectos preventivos frente a deformidades ortopédicas relacionadas con el sedentarismo. Las familias también han informado de mejoras gastrointestinales. Los investigadores subrayan, no obstante, que estos cambios no deben atribuirse al aparato como una solución milagrosa, sino a la actividad física que hace posible.
El precio constituye ahora uno de los principales obstáculos para extender su utilización. El Explorer MB ronda los 49 mil euros, aunque el costo podría reducirse aproximadamente a la mitad para determinados menores participantes en el estudio que actualmente desarrolla la empresa. Marsi Bionics busca además alternativas para facilitar el acceso, entre ellas una solución específica de financiación mediante MicroBank, el banco social de CaixaBank.
También se contempla asesorar a las familias interesadas en organizar campañas de microfinanciación mediante la plataforma Mi Grano de Arena. La aspiración de los desarrolladores, sin embargo, va más allá de encontrar mecanismos privados para adquirir el dispositivo: pretenden reunir evidencia suficiente para que el Explorer MB pueda incorporarse a las prestaciones de los sistemas públicos de salud y que las administraciones cubran parcial o totalmente su costo.
Para avanzar hacia ese objetivo, Marsi Bionics puso en marcha un estudio de costo-efectividad con colaboración de la Fundación ONCE. La intención es incrementar el número de usuarios y reunir información que permita determinar el impacto sanitario, social y económico del dispositivo, elementos que podrían resultar determinantes para valorar su incorporación a los servicios públicos.
Después de cerca de dos décadas de investigación acumulada entre los primeros trabajos y el desarrollo del nuevo modelo, el Explorer MB representa para sus creadores la posibilidad de llevar la robótica pediátrica fuera de las clínicas. Para las familias, el cambio tiene una dimensión mucho más cotidiana: que un niño pueda levantarse, desplazarse, entrar a una escuela o acercarse a sus amigos sin depender permanentemente de una silla de ruedas.
“Cuando tú ves a una de estas familias sonreír, te abrazan llorando porque su hijo es feliz; esa sensación de que tu hijo es feliz, creo que eso no tiene precio, sinceramente”, expresó García Armada. Para Minerva, Diego, Rocío, Álex, Ainhoa, Alejandro, Jorge, Kilian y Violeta, la llegada del Explorer MB abre así una posibilidad que durante años permaneció limitada a unas cuantas horas de rehabilitación: trasladar la experiencia de caminar a su vida diaria.
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