Ciudad de México, 05/10/26 (Más).- La Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos, considerada la primera y única institución de su tipo en México y también la primera de Latinoamérica, enfrenta una crisis financiera que amenaza con provocar su cierre y dejar sin atención a unos 60 perros que se encuentran en distintas etapas de formación, además de impedir la rehabilitación de aproximadamente 20 personas con discapacidad visual.
De acuerdo con información de El País, el centro fue fundado en 1995 y atraviesa una situación económica grave desde 2015 debido a deudas con dependencias gubernamentales y proveedores, problema que se agravó durante la pandemia. Actualmente, la institución impulsa la campaña “Salvemos a la Escuela de Perros Guía” para obtener recursos que permitan mantener sus operaciones.
La escuela se localiza en la Ciudad de México, donde los animales reciben entrenamiento para desplazarse junto con personas con discapacidad visual y enfrentar obstáculos presentes en las calles. Durante las prácticas, los perros deben identificar baches, desniveles, vehículos estacionados frente a rampas y puestos que bloquean las banquetas.
Una de las habilidades fundamentales que adquieren es conocida como “desobediencia inteligente”, mediante la cual el perro debe detenerse ante un obstáculo, aunque su instructor le indique continuar. El objetivo es que el animal priorice la seguridad de la persona a la que acompaña durante sus desplazamientos.
Entre los perros en formación se encuentra Tommy, un labrador negro de dos años que está próximo a concluir su preparación. Durante las prácticas, el animal utiliza un arnés con la indicación de no distraerlo mientras trabaja y recorre las calles acompañado por su instructor, Josué Rivera, quien cuenta con una década de experiencia en el entrenamiento de perros guía.
La directora de la institución, Silvia Lozada, de 63 años, es una persona ciega desde los tres años debido al sarampión y ha utilizado perros de asistencia desde que tenía 19 años. Su experiencia con su primera perra guía, una pastor alemán llamada Dutchess, fue uno de los motivos que la llevaron a impulsar la creación de la escuela en México.
Desde su fundación, el centro ha formado a 157 binomios integrados por una persona ciega y un perro guía. Los equipos han sido destinados a México, Guatemala, Costa Rica y Chile, mientras que más de 300 familias han recibido beneficios mediante programas de rehabilitación inclusiva dirigidos a personas con discapacidad visual.
El proceso de formación comprende distintas etapas, desde la crianza selectiva y la socialización temprana hasta el entrenamiento especializado. Una vez concluida la preparación, las personas usuarias reciben el perro de asistencia sin costo y realizan un curso presencial de cuatro semanas para aprender a trabajar con el animal.
La institución también proporciona seguimiento permanente y atención veterinaria gratuita durante la vida laboral del perro, que puede extenderse aproximadamente por una década. Después de su jubilación, el animal puede permanecer con la persona a la que acompañó, con sus familiares o ser adoptado por alguna de las familias voluntarias que participan en su crianza.
La directora de la escuela señala que un perro guía puede contribuir a que una persona con discapacidad visual estudie, trabaje, forme una familia y se desplace con mayor autonomía. Para Lozada, el vínculo entre el usuario y el animal constituye una herramienta de movilidad que puede facilitar las actividades cotidianas.
El costo de preparar y mantener a un perro desde su nacimiento hasta su jubilación supera el millón de pesos, de acuerdo con Katya García, colaboradora de la escuela. Las personas que reciben los animales no pagan por ellos y únicamente cubren cuotas simbólicas relacionadas con el curso de capacitación, alimentos y accesorios.
Debido a este modelo, la institución depende de diversas fuentes para financiar sus actividades. Entre ellas se encuentran donativos deducibles de impuestos, los servicios de su clínica veterinaria, la venta de productos con causa, talleres, visitas guiadas y programas de apadrinamiento.
La escuela desarrolla además un programa de crianza responsable enfocado principalmente en labradores. De acuerdo con Josué Rivera, esta raza tiene un tamaño que facilita el desplazamiento cotidiano de las personas usuarias en sistemas de transporte público como el Metro, las combis y el Cablebús.
El programa de crianza propia también ha permitido aumentar la proporción de perros que concluyen exitosamente el entrenamiento. Rivera explicó que anteriormente, cuando la institución dependía principalmente de perros donados, se graduaban entre tres y cuatro de cada 10 animales, mientras que con la selección de ejemplares reproductores la proporción aumentó a nueve de cada 10.
La formación de los animales responde a las condiciones que enfrentan en las calles de Ciudad de México. Rivera señala que los perros deben estar preparados para desenvolverse ante infraestructura deficiente, obstáculos urbanos, vehículos que bloquean accesos y conductas de otros animales que pueden representar riesgos para la persona usuaria.
En México existen aproximadamente 2.2 millones de personas con ceguera o discapacidad visual, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Otras estimaciones de salud pública y estudios especializados que incluyen distintos grados de discapacidad visual elevan la cifra a más de 11 millones de personas.
La escuela enfrenta ahora el reto de reunir recursos suficientes para continuar con la atención de los perros y mantener sus programas de rehabilitación. El eventual cierre afectaría a los animales que actualmente se encuentran en formación y a las personas que esperan recibir un perro guía.
La institución también plantea la necesidad de mejorar las condiciones de accesibilidad y respeto hacia las personas con discapacidad visual. Sus integrantes señalan que, además de la formación de los perros, se requiere que las normas existentes sean aplicadas y que las políticas públicas garanticen condiciones adecuadas de movilidad e inclusión.
Mientras la campaña de recaudación continúa, los perros que permanecen en el centro siguen con sus rutinas de entrenamiento. Animales como Tommy, Thor, Tesa, Tali y Taylor forman parte de un programa cuyo objetivo es prepararlos para convertirse en animales de asistencia y acompañar a personas con discapacidad visual en sus actividades cotidianas.
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