Por Enrique Abasolo
Es un chiste, sí, pero también nuestra manera de celebrar con humor la omnisciencia de la todopoderosa figura matriarcal mexicana.
Es parte del folclore, me atrevería decir que de todos los pueblos latinoamericanos, como la disciplinaria chancla, los bukelianos castigos arbitrarios para toda la prole cuando uno la saca de quicio, o la recomendación/ordenanza de cargar suéter -aunque esté a 25 grados- porque ella siente frío.
Una madre pone a prueba sin que le tiemble la voz la precisión absoluta con que puede ubicar cada objeto en el hogar, por caótico que en apariencia resulte, cada vez que nos reta con un “¿Y si lo encuentro yo qué te hago?”.
Así de segura está una madre de su poder de geolocalización para dar con el paradero de cada trasto en el inventario de artículos y enseres perdidos en la Historia de la Humanidad, así sea el Santo Prepucio del Dulce Niño Jesús (reliquia real), el cadáver de Jimmy Hoffa, el corte del director de las películas de los Derbez (con las partes que sí dan risa) o el eslabón perdido: “¡Ay, pues qué no estás viendo a todos tus tíos por el lado de tu padre!”.
Ella sabe dónde está cada cosa, pero está tan ocupada sosteniendo a esta machista y patriarcal sociedad, que no tiene tiempo que perder para darnos todo en la mano. Por eso nos motiva a reconsiderar nuestra holgazanería y desaseo y a mejor seguirle chingando por nuestra cuenta hasta dar con el extraviado grial.
“¿Y si lo encuentro yo qué te hago?”, es la apuesta con que una madre nos garantiza que ese chunche está allí, donde lo dejamos… Allí donde nos lo quitamos… Allí donde lo terminamos de usar y nunca lo “alzamos”.
Es cuando por pereza, apatía, o desesperación nos damos por vencidos y consultamos al oráculo maternal, que cual esfinge nos lanza su desafío: “¿Y si lo encuentro yo qué te hago?”, que equivale más o menos a decir: “¡Muy bien! En vista de que eres un cabrón (o cabrona) inútil, flojonazo y desordenado; a pesar de que mil veces te dije que levantaras tus mugres porque ya me canso de tropezarme con ellas a cada rato; a pesar de que estuviste horas haciéndote güey en el celular en vez de buscar tus cosas con tiempo, voy a dejar de hacer lo que estoy haciendo… (así sean sus propios deberes o la media hora que le dedica a su teledrama, pero nunca interrumpirá un buen chisme con la comadre, en cuyo caso –ahí sí– se jodió todo).
“…Voy a dejar de hacer lo que estoy haciendo, voy a sacar ese chunche de debajo de tu muladar, te lo voy a amarrar del pescuezo para que no lo vuelvas a perder y al final te voy a dar una rociada de zapes para que se te quite lo haragán, lo sucio, lo atenido, lo pazguato y hasta lo desafinado al cantar”.
El párrafo de arriba lo podría leer Liam Neeson en cualquiera de sus películas en las que mata a un montón de rusos porque le secuestraron a su perro y no nos resultaría tan convincente como la “materfamilias”.
Podemos decir entonces que “¿Y si lo encuentro yo qué te hago?” es la justa advertencia de las consecuencias a enfrentar por nuestro desorden, indolencia, pereza, torpeza, falta de atención y socarronería.
¿Y sabe qué? Es totalmente justo. Es justo recibir todo el surtido de reprimendas y correctivos a cambio de que ellas nos vengan a resolver, con todo y lo que de por sí ya cargan a cuestas, nuestro lío, nuestro caos, nuestro desorden.
Ahora bien, este rasgo no es exclusivo de “una madre” o de “cierto tipo de madres”. Es probablemente universal, no lo sé; forma parte del mundo occidental, desconozco. Pero de que las madres latinas lo traen integrado, nos consta a todos; y que las madres mexicanas lo traen en la selección predeterminada de sus configuraciones, ni a discusión está.
Por ello era normal, lógico, axiomático que ante un gobierno omiso, sordo, insensible, negacionista, triunfalista y socarrón, las madres iban a dejar lo que estaban haciendo para dar con lo que se supone es deber y responsabilidad del Estado Mexicano encontrar: El paradero de sus hijos, vivos o muertos.
Pero yo no sé qué maldito chacal parió a todos, a todos los militantes y corifeos de la Cuarta Transformación que, en lugar de aceptar con modestia, sumisión, algo de vergüenza y un mínimo de madre la tunda moral que a pulso se ganaron por parte de las madres buscadoras, han preferido ignorarlas sistemáticamente, no dialogar con ellas, cerrarles la puerta de su palacio, minimizarlas, acusarlas de montajistas y ahora, ante la contundencia de la hórrida evidencia, declararlas enemigas públicas.
Dígame en qué surrealismo hay que vivir para que las madres buscadoras sean desestimadas por la Presidencia, puestas en entredicho por sus lacayos, ridiculizadas por la prensa a modo y hasta amenazadas y reconvenidas por un cártel de narcotraficantes.
Las madres de México y del mundo van a venir a encontrar eso que nosotros no podemos por vagos, flojonazos, apáticos, malcriados, vaquetones sucios e incapaces, así seamos sus hijos o este pinche gobierno. Y lo menos que podríamos hacer es aguantar calladamente lo que tengan qué decirnos.
¡Ah, pero no! La cuatrotiza muy digna prefiere hacerse la víctima, clamar inocencia, repartir culpas, reventar el caso con decenas de tangentes narrativas por donde salirse y clamar piedad para el bofo viejo de su líder que está cansado (como que así nació el güey).
Algo muy aterrador significaba Teuchitlán para el presente régimen (además de lubricante para la resbaladilla de su debacle moral), pues han optado por pasar a la Historia como saboteadores del caso, destruyendo la escena, atropellándola con presencias ajenas, negando el acceso a observadores y madres buscadoras, pulverizando la culpa, haciendo un galimatías técnico y deslindando al Gobierno Federal pese a que la Guardia Nacional fue la primera en asegurar el sitio hace medio año.
La Presidenta con P es experta en desembarazarse de responsabilidades. Recordemos que en el caso de la Línea 12 no hubo un sólo culpable (pese a que el peritaje pagado por su mismo gobierno señalaba a su propia administración) y ella siguió feliz el resto de su gestión como gobernadora de CDMX, de gira haciendo ilegal precampaña por todo el País.
Esta vez no será tan sencillo, pues la atención internacional tiene los ojos en este País de narcoterroristas y desaparecidos (tanto que hasta alcanza para hacer musicales cinematográficos pendejos).
Y además, Claudia se echó a un enemigo mucho más poderoso que cualquier gobierno, gestión, partido o movimiento transformador: Un colectivo de madres adoloridas, muertas en vida, a las que ya no les importa jugarse su resto y detrás de la cual hay otra para suplirla en caso de desaparecer también.
No sé si la doctora Sheinbaum, por su ascendencia judía, esté familiarizada con la frase, pero debería reconsiderar su política y de qué lado se pone, pues no hay nada con mayor determinación, seguridad y que cause más temor que una madre diciéndote: “¿Y si lo encuentro yo… qué te hago?”.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Diputadas que pretenden legalizar el aborto/asesinato de lesa humanidad.
Esto es el obtener el poder para cometer delitos de lesa humanidad.
Estás mujeres asesinas, que por recibir millones de Dólares han trastocado la Moral Femenina, la Moral Social.
Farsantes, que se desgarran la ropa para que no haya violencia contra los toros de lidia, pero asesinan a los seres Humanos. Que lo son desde el Embrión.
Abogados católicos, a luchar y llevar a esas criminales a la corte internacional de la haya.
Despierten todas y todos y salvemos al mundo, abrazados de Jesuscristo y María Santísima.
Viva la vida, Viva Cristo Rey!!!!!!!!!!!!!!!!