Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila, 31/07/26 (Más).- Algunas familias de Saltillo han convertido el riesgo de una inundación en una rutina. Cuando se aproximan las lluvias abandonan temporalmente sus viviendas, buscan una zona más alta y segura y, una vez que pasa el temporal, regresan a ocuparlas.
La práctica es más evidente se encuentra en las inmediaciones del Arroyo del Pueblo, cerca de la colonia Guayulera, y de la parte posterior de la escuela Abraham Curbelo.
En ese sector existen personas que mantienen sus casas ocupadas durante los días normales, pero las abandonan cuando comienza a llover. Después de que pasan las precipitaciones y disminuye el nivel de peligro, vuelven a ellas. Algunas viviendas tienen espacios en la parte baja y alta, lo que permite a sus habitantes desplazarse hacia el segundo nivel cuando aumenta el agua, explicó el director de Protección Civil municipal, Francisco Martínez Ávalos.
La conducta resulta contradictoria o negligente, pues los habitantes conocen el peligro, atienden parcialmente las advertencias y se retiran cuando consideran que existe una amenaza inmediata, pero después regresan a vivir en el mismo punto expuesto como si nada pudiera pasar.
La evacuación momentánea puede reducir el riesgo durante una tormenta, pero no elimina la posibilidad de que una corriente llegue durante la noche, crezca con mayor rapidez de la esperada o impida que las personas alcancen a salir.
Martínez Ávalos señaló que quienes se instalaron en esos sitios probablemente sabían desde el principio que existía algún grado de peligro y, por ello, han desarrollado sus propias medidas suigéneris de precaución. Sin embargo, Protección Civil continúa notificándolos y recomendándoles que adopten previsiones adicionales.
Dos viviendas están dentro del cauce
El funcionario aclaró que las más de 3 mil notificaciones entregadas este año a personas que viven en zonas de potencial inundación en Saltillo no corresponden exclusivamente a las que viven dentro de arroyos. Se trata de viviendas ubicadas en zonas con diferentes niveles de exposición, desde calles donde únicamente pueden producirse encharcamientos hasta sectores donde existe riesgo de desbordamiento.
Dentro de ese universo, Protección Civil tiene identificadas al menos dos viviendas construidas formalmente en el cauce de un arroyo, con recámaras, sala e incluso segundo piso. También existen tejabanes o construcciones precarias en las orillas, aunque en algunos casos el personal municipal no ha encontrado personas al acudir a notificarlas.
En total, las autoridades han distribuido poco más de 3 mil avisos en puntos pertenecientes a aproximadamente 80 colonias. En los casos de mayor peligro, la recomendación es abandonar el inmueble durante la temporada de lluvias y buscar alojamiento con familiares o acudir a un refugio temporal.
Martínez Ávalos sostuvo que las notificaciones han sido útiles porque durante el presente año no se ha registrado la muerte de alguna persona arrastrada por una corriente o atrapada por una inundación. Consideró que ese resultado puede estar relacionado con que parte de la población atiende los avisos y toma previsiones propias.
Uno de los principales problemas es que las familias suelen evaluar el peligro únicamente por las condiciones que observan alrededor de su vivienda. Si no está lloviendo o el cielo permanece despejado, pueden considerar que no existe una amenaza inmediata.
No obstante, los arroyos de Saltillo son alimentados por cuencas ubicadas principalmente hacia el sur y surponiente de la ciudad. Una tormenta intensa en esa zona puede generar una corriente que avance hacia sectores donde no ha caído una sola gota.
El peligro aumenta durante la noche, porque el agua puede llegar sin que las personas hayan observado previamente lluvia o nubosidad en su colonia.
Protección Civil advierte que una corriente repentina puede reducir el tiempo disponible para abandonar una casa y poner en riesgo la vida de sus ocupantes.
Los cauces que más preocupan a las autoridades son el Arroyo del Pueblo, el Cuatro Bajo y el de La Paloma, este último con trayectoria desde el suroriente hacia el nororiente de la ciudad. Los tres se encuentran bajo regulación federal, mientras que otros arroyos de menor tamaño son atendidos por el municipio.
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