Horacio Cárdenas Zardoni
Aguastayas, Orejones, Oydican, Payayas, Tarequano, Alazapas, Ohaguames, Paac, Payuguan, Teana, Andacaminos, Hiabu, Paachiqui, Peana, Tecahuistes, Annas, Hihames, Pabor, Pelones, Tejones, Apayxam, Huacacasa, Pacaruja, Piedras Blancas, Teneinamar, Aranamas, Huanes, Pachal, Piquique, Tenicapeme, Asan, Hume, Pachalaque, Pinanaca, Tepachuaches, Atajal, Juamaca, Pachaloco, Piniquu, Tepemaca, Atastagonies, Jueinzum, Pachaquen, Pintos, Terocodame, Borrados, Juncatas, Pachaug, Pita, Tet, Cabias, Junced, Pacpul, Pitahay, Tetanauoica, Cacafes, Macapao, Pacuaches, Pomuluma, Tetecores, Cachopostales, Macocoma, Pacuachiam, Prietos, Tilijaes, Camai, Mallopeme, Paguan, Psaupsau, Tinapihuayas, Cantunas, Mamuqui, Paguanan, Putaay, Tiopines, Casas chiquitas, Manam, Pajalat, Quanataguo, Tocas, Carrizos, Manico, Pajarito, Quems, Tonzaumacagua, Casastles, Manos Coloradas, Yuê, Quepanos, Tripas Blancas, Chaguantapam, Manos de Perro, Pamaque, Quesal, Tuancas, Chagustapa, Manos Prietas, Pamaya, Quitacas, Tumamar, Chapamaco, Maquems, Pamoranos, Salapaque, Tumpzi, Chemoco, Maraquites, Pampopas, Samampac, Tusanes, Chuapas, Matucar, Papanac, Sampanal, Tusonid, Cimataguo, MatuimeI, nocoplos, Sanipao, Tuteneiboica, Cluetau, Maubedan, Parantones, Secmoco, Uracha, Cocomeioje, Mauyga, Parchaque, Senisos, Venados, Comecrudo, Mazapes, Parchinas, Siaguan, Vende Flechas, Cotonam, Menenquen, Pasalves, Siansi, Viayam, Cupdan, Mescales, Pasnacanes, Sillanguayas, Viddaquimamar, Escaba, Mesquites, Pasqual, Sinicu, Xarame, Espopolames, Milijaes, Pastaloca, Siupam, Xiabu, Gavilán, Morbanas, Pastancoyas, Sonaque, Yurguimes, Geies, Mulatos, Pasteal, Sonayan, Ybdacax, Guanipas, Muruam, Patague, Suanas, Yeme, Gueiquesales, Narices, Patan, Sulujame, Yman, Guerjuatida, Natao, Patanium, Tacame, Yacdossa, Guisoles, Nazas, Patou, Taimamares, Zorquan, Haeser, Necpacha, Patzau, Tanpacuazes, Hapes, Obozi, Pausanes, Ymic, Harames, Ocana, Pausaqui, Yoricas, Heniocane, Odoesmades, Pausay, Ysbupue…
Son estos solo algunos de los nombres que recibían, o usaban las bandas de indígenas, agrupadas bajo la denominación genérica de Coahuiltecas, habitantes de la región noreste de México y parte de lo que hoy es Texas, hasta antes de la llegada de los conquistadores españoles, y aún durante los años de la colonia, hasta que fueron vilmente exterminados.
Carlos Manuel Valdés compiló una obra que siempre hemos dicho que debería estar en sitio prominente en cada casa de Coahuila, y ser consultado de vez en cuando por cada integrante de la familia, esto por una multitud de razones, comenzando por conocer nuestros orígenes, bueno parte de ellos, y esa parte de nuestra historia colectiva, por curiosidad, por cultura general, de México y de nuestro estado, por sentirnos parte de una sola humanidad, pero no.
Disculpe el larguisimo párrafo inicial, que no es más que un listado, incompleto necesariamente, de las tribus de las que hubo algún registro, de muchísimas más, no quedó nada, nada reconocible o identificable, pues allí están miles y miles de petrograbados de los que sabemos muy poca cosa respeta su significado, su intención y sus autores, y que también son parte de nuestra herencia cultural… Si es que queremos aceptarla, que no es algo muy frecuente.
Confieso el abuso, pero de esos cerca de 200 nombres de bandas indígenas, la triste realidad es que la mayoría de nosotros, habitantes actuales de Coahuila, nunca los habíamos escuchado mencionar, a más de uno nos costará trabajo leerlos y pronunciarlos, tan distantes estamos de esa realidad antigua, que no deja de ser la nuestra, lo queramos o no.
Ahora que el ayuntamiento de Saltillo lanzó su convocatoria para la integración de un presupuesto participativo, nos llamó la atención la propuesta del historiador Ariel Gutiérrez Cabello, quien planteó la iniciativa de hacer una estatua en reconocimiento a la mujer huachichil, nos parece una gran idea, desde diversos puntos de vista: cultural, estético, convivencial, turístico, educativo, entre otros…
Y entonces nos surgió la inquietud de ¿Y porqué nomás una estatua en homenaje a los huachichiles, a las mujeres huachichiles? ¿Y qué de los Irrítilas, Borrados, Apaches y demás? Todos y cada uno de estos grupos merecen ser recordados, tenidos en cuenta, rescatados, no por ellos, bueno sí por ellos mismos, pero también por nosotros y las generaciones futuras de coahuilenses.
¿Una estatua? , claro que sí y ojalá sea aprobado el proyecto de Ariel, pero necesitamos doscientas, cuatrocientas estatuas, una por cada banda, tribu, grupo que recorrió Coahuila por milenios. Saltillo, todo Coahuila, tan permanentemente anémicos de cultura, historia y herencia, nos merecemos recordar que no somos huérfanos… y por algún punto tenemos que comenzar, y este me parece inmejorable.
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