Ciudad de México, dic. (Animal Político). Tras cuatro décadas de historia, la Frutería Pepe, un negocio emblemático de Polanco atendido por varias generaciones, enfrenta su cierre definitivo debido al encarecimiento inmobiliario y a procesos de gentrificación en la Ciudad de México.
El local ubicado en la calle Virgilio, en la alcaldía Miguel Hidalgo, deberá ser desalojado en febrero de 2026, luego de que el arrendador notificó a la familia que el espacio será convertido en restaurante.
Para Sthefany Lourdes Bonifacio, encargada del negocio e hija del fundador, este desalojo significa perder el sustento familiar que inició su padre, don Pepe, y que sobrevivió durante años frente a cadenas comerciales y el auge inmobiliario del llamado Polanquito.
Animal Político relata que la frutería comenzó como un puesto callejero y luego operó desde una camioneta hasta conseguir un local hace 18 años. La pandemia por Covid-19 marcó la muerte del fundador, pero el negocio logró mantenerse bajo el liderazgo de Sthefany.
Pese a solicitar una prórroga para reubicarse, sus propietarios solo consiguieron unos meses de tolerancia. Las alternativas en la zona resultan inaccesibles: rentas de hasta 150 mil pesos mensuales, traspasos de millones de pesos y requisitos como contar con inmuebles en Ciudad de México o Estado de México como aval.
La encargada denuncia que, mientras sobreviven únicamente la frutería y una florería vecina de los antiguos comercios de barrio, la presión inmobiliaria desplaza a pequeños negocios para dar paso a franquicias y desarrollos más caros. Aunque la familia ha intentado buscar apoyo institucional, la alcaldía Miguel Hidalgo les ha respondido que “no hay permisos” para otorgar un espacio regulado.
Entre sus desesperadas opciones está instalarse con una estructura modesta en la vía pública o volver a operar desde una camioneta, como en sus inicios.
Clientes y vecinos han manifestado solidaridad con la frutería y pedido que no desaparezca el legado de don Pepe. Sin embargo, Sthefany lamenta que, frente a la gentrificación, la ciudad carezca de mecanismos para proteger negocios familiares que, aunque no generan grandes ganancias, representan sustento comunitario y continuidad cultural. “Somos personas que no hacemos millones, pero valoramos lo que hacemos”, señala.
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