Ciudad de México, dic. Comunidades de Chihuahua y Sonora podrían convertirse en “zonas de sacrificio” industrial debido al megaproyecto gasero Saguaro Energía, que contempla la construcción del gasoducto Sierra Madre, una tubería de 800 kilómetros que transportará metano desde la frontera con Estados Unidos hasta Puerto Libertad, en Sonora. Según la Manifestación de Impacto Ambiental, esta infraestructura cruzaría seis municipios de Chihuahua y diez de Sonora, afectando territorios ejidales como Mata Ortiz y zonas ecológicas altamente sensibles. El ducto se conectará con el gasoducto Saguaro Connector, que llevará gas shale extraído mediante fracking en la cuenca Pérmica de Texas, y tendrá como destino final la terminal de licuefacción Saguaro Energía, ubicada en un complejo de 400 hectáreas junto al golfo de California.
De acuerdo con Animal Político, el gas será licuado y cargado en buques de 300 metros que navegarán hacia Asia. Mexico Pacific, empresa propietaria del proyecto, ya mantiene acuerdos con Posco International Corporation de Corea y con las firmas chinas Zhejiang Energy y Guangzhou Development Group. Saguaro Energía pretende ser la mayor inversión privada en la historia del país, con un costo proyectado de 15 mil millones de dólares, de los cuales 3.262 millones se destinarán al gasoducto. Bancos como Santander, JP Morgan y Mitsubishi Bank buscan inversionistas, pero la obra sigue detenida debido a la oposición social, diez amparos judiciales, alrededor de 300 mil firmas contra el proyecto y protestas públicas.
Aunque Sierra Madre cuenta con permiso de la Comisión Reguladora de Energía, aún no tiene autorización de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Los opositores han señalado antecedentes preocupantes de una de las empresas involucradas, la italiana Bonatti, señalada en investigaciones previas por impactos sociales y ambientales, así como persecuciones y asesinatos de activistas durante el Proyecto Integral Morelos. Especialistas advierten que el metano que se quemará en Saguaro Energía tiene hasta treinta veces más capacidad de calentamiento global que el CO₂, mientras que las operaciones marítimas podrían afectar a pescadores sonorenses, ballenas y otras especies del mar de Cortés, considerado el “acuario del mundo”.
Investigadores y organizaciones ambientales sostienen que el plan busca sacar ventaja de regulaciones mexicanas más laxas que en Estados Unidos y asumir parte del exceso de gas shale que la Comisión Federal de Electricidad se comprometió a comprar a su socio comercial. Expertos como Luca Ferrari, del Instituto de Geociencias de la UNAM, señalan que el negocio podría ser poco rentable a futuro por el posible declive de la producción estadounidense de metano y advierten que las obras podrían convertirse en instrumentos de presión política. Ferrari considera que el verdadero beneficio económico está en la construcción del gasoducto, aun si el suministro disminuye con los años.
La Manifestación de Impacto Ambiental reconoce quince impactos del gasoducto Sierra Madre: catorce de ellos negativos, desde afectaciones al aire, al suelo y al agua hasta daños en flora, fauna, paisaje y dinámica social; solo uno positivo está relacionado con empleo temporal durante la fase de construcción. Activistas como Claudia Campero denuncian que las estaciones de compresión provocan fugas y emisiones continuas, mientras que la tubería implicará remover casi dos mil hectáreas de vegetación. El trazo pasará a menos de 150 kilómetros de cinco áreas naturales y a solo 1.5 kilómetros de la Reserva de la Biosfera Janos, hábitat de la última manada silvestre de bisontes en México y de la mayor colonia norteamericana de perritos de la pradera, especie en peligro de extinción y considerada “ingeniera ambiental”.
La presencia del gasoducto ha dividido al ejido Mata Ortiz, donde algunos habitantes esperan beneficios económicos y otros temen que el proyecto destruya la tradición local de cerámica, impulsada desde los años cincuenta por el maestro Juan Quezada. Artistas y residentes expresan miedo por la inseguridad y las afectaciones irreversibles al ambiente: “La empresa lo cuenta bonito, pero no sé qué tantas afectaciones o beneficios pueda traer el gasoducto. Lo que me preocupa es que pueda ser peligroso”, afirma el alfarero Héctor Gallegos.
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