Lic. Marco Campos Mena
Pocos recordarán el Saltillo de antes, ese en el que el cielo se llenaba de aves que revoloteaban y ensordecían con sus cantos en primavera, aquel en el que la cequia pasaba por la calle de Murguía y los niños jugaban metiendo sus pies con alegría tras la misa en el santuario, ese en el que poder ir de un lugar a otro era algo rápido y se vivía con calma.
Hoy escuché los primeros cantos de las aves en el centro de nuestra ciudad, los cotorritos están llegando y poco a poco vemos como se posan en los árboles de la alameda y sus alrededores, un espectáculo digno de detenernos a observar y disfrutar, mas no como lo fue en el pasado cuando el cielo se oscurecía por la cantidad de aves que en parvadas llegaban.
Es lamentable ver como la cantidad de árboles ha ido disminuyendo en nuestra ciudad y como cada vez son más frecuentes los comentarios como “prefiero no tener para no tener que barrer” mientras se quejan del calor y la falta de agua, siendo que para ambos casos la solución es un árbol.
Este mismo problema, las altas temperaturas, ha ocasionado que el uso de minisplits sea cada vez más recurrente. Vemos casas en las que se tienen dos o más equipos para enfriar, pero ni un solo árbol y dejando de lado el alto costo del recibo de luz, no hay que olvidar que estos equipos contribuyen de manera importante a la contaminación de una ciudad.
¿Recuerda el Saltillo de los 80´s en el que en el día más caluroso de la canícula era todo un acontecimiento que se alcanzaran los 28°C? Eso es un sutil recordatorio de cómo hemos cambiado el clima de nuestra ciudad.
¿y qué decir del Londres de México? Las personas mayores podrán, sin duda, recordar que nuestra ciudad amanecía con una bruma similar a los días de niebla de la ciudad inglesa gracias a que el vapor de agua del suelo se elevaba fácilmente al no haber tanto pavimento que lo bloqueara.
Hoy en día vivimos en medio del color gris del cemento y el pavimento, un color que, hay que decirlo, provoca una profunda tristeza en los habitantes de una ciudad, llevándolos incluso a la depresión y sin duda, parte del incremento en las altas tasas de suicidios.
El problema del tráfico que se sigue incrementando cada día más es un factor detonante en el estrés de la gente, forma parte de las razones por las que podemos decir que se ha perdido la tranquilidad, simplemente, mientras escribo estas líneas escucho el constante mentar de madres de quienes van desesperados tarde al trabajo por avenida universidad, que, dicho sea de paso, siendo zona escolar carece de puentes peatonales y los automovilistas pueden ser vistos pasando entre 60 y 100 km/h.
A pesar de que vivimos en una ciudad segura y en un Estado seguro a comparación del resto del país, la creciente cantidad de habitantes no dejan de ser un problema de inseguridad latente, aunque en menor escala.
Las ciudades grandes adolecen de un problema derivado del anonimato con el que vive la gente, se vuelve tentador vivir de lo ajeno y de la venta de drogas por la alta demanda de quienes buscan una salida falsa al estrés que viven, las pandillas proliferan y es así como la policía municipal se suele ver rebalsada por la cantidad de elementos disponibles que suele ser menor a la necesaria para mantener a raya estos problemas de ciudades grandes.
El agua se ha vuelto uno de los tópicos que no se pueden dejar de lado en ninguna conversación, cada año tenemos menos y no hay como garantizar el abasto suficiente de esta para las próximas décadas o años al paso que va creciendo la ciudad.
El pavimento vuelve a ser enemigo en este caso y es que no permite que el agua permee para llegar al subsuelo, sin mencionar que acumula el calor y evapora a una velocidad impresionante la poca que cae durante el año.
Para colmo de males, el arroyo del pueblo que en su momento fue un lugar en el que los niños solían jugar, hoy es un verdadero foco de infección y olores fétidos que dan una pésima imagen a nuestra ciudad. La acumulación de basura y maleza que crece a los alrededores sumados a la falta de una limpieza necesaria de vez en cuando han hecho que no solo perdamos un caudal que bien podría tener agua limpia para consumo humano, sino que nos da una imagen de descuido y poca cultura ambiental.
En el tema del aire, no podemos dejar de lado el alto impacto que ocasionan las industrias en nuestra región y más aún las que quedaron dentro de la mancha urbana, específicamente las que se encuentran en el Blvd. Isidro López.
Me comentaban personas que viven en Virreyes y en los maestros que de unos años para acá han comenzado a sentir cierto malestar en la garganta y problemas en las vías respiratorias. Se han dado cuenta de que las industrias cercanas liberan gran cantidad de contaminantes al aire sin miedo a las multas, mismos que durante la noche o los días de lluvia o niebla se pueden ver con mayor frecuencia y que desde hace algunos años dejan manchas en la pintura de sus casas y automóviles… ¡imagine que están respirando!
Si el problema persiste, no será de extrañarse que la cantidad de casos de cáncer aumente considerablemente.
Ahora también tenemos que sumar que la contaminación de la refinería de Cadereyta también nos está alcanzando y el paso cada vez más constante de las locomotoras por la ciudad contribuyen de manera alarmante a empeorar nuestra situación.
Como alguien que vive cerca de las vías del tren he podido confirmar que hay veces que un solo tren trae hasta seis maquinas echando humo negro al por mayor derivado del uso del diesel.
Habiendo ya tecnología eléctrica que es mucho más eficiente que el diesel, ¿Por qué siguen aferrados a la tecnología contaminante?
No siendo suficiente, la contaminación auditiva es excesiva, pues al fortísimo ruido de las máquinas se suma que pasan pitando desde un km antes del cruce (y siendo que la ley solo permite que sea a 200 mts) con una cantidad excesiva de decibeles que afecta enormemente a quienes los escuchamos. Dese una idea, el sonido del silbato del tren puede ser escuchado a 5 km de distancia sin ningún problema y usualmente pitan en lugares residenciales y con zonas escolares cercanas, pero lo peor es cuando pasan pitando en la madrugada con la intención de mortificar a quienes duermen a esas horas. Ya van varios vecinos que presentan problemas de salud por la interrupción del sueño a causa de estos maquinistas.
¿Esta es la ciudad en la que queremos vivir? Aún estamos a tiempo de tomar las medidas necesarias para cambiar el rumbo y mejorar nuestra calidad de vida.
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