Adiós a Paul Auster, el escritor de la mirada profunda

El mundo de las letras lamentó la muerte del prolífico escritor estadounidense Paul Auster. En las redes sociales, escritores, periodistas y otras personalidades e instituciones del mundo de la cultura, lamentan la pérdida del novelista de 77 años que ha dejado huérfanos a sus lectores

EFE REPORTAJES. – El escritor estadounidense Paul Auster ha fallecido a los 77 años del cáncer de pulmón, enfermedad que padecía y cuya gravedad anunció hace un años un su esposa, la también escritora Siri Hustvedt. Su muerte se produce pocos meses después de publicar ‘Baumgartner’, la novela en la que repasa y profundiza sobre sus más de cincuenta años en la literatura. 

  Su editorial en español, el Grupo Planeta y Seix Barral, también expresó su profundo pesar por la muerte de “de nuestro autor y amigo Paul Auster (1947-2024). Nos unimos al dolor de su esposa Siri y de Sophie, Spencer y Miles, y al de sus innumerables lectores”, precisaron en un mensaje.

Pensador, poeta, ensayista, traductor, guionista, y hasta director de cine… y por encima de todo narrador de novelas inolvidables como ‘Trilogía de Nueva York’, ‘Leviatán’, ‘El palacio de la Luna’, o ‘El libro de las ilusiones’, Paul Auster, fue también el eterno candidato al Premio Nobel de Literatura y para quien “Escribir es para mí un acto de libertad y una cuestión de supervivencia”, no dejó de escribir hasta el final de sus días, a pesar de su crítico estado de salud, como aseguró recientemente su esposa, un hombre que tuvo que sobrevivir la muerte de su hijo mayor y de su nieta. 

Auster escribía a la antigua usanza, a mano, o a máquina de escribir, como mayor alarde de uso de tecnología y escribió toda su vida sin PC, ni smartphone: “Soy una de las pocas personas del mundo alejada de todo eso. Escribo a mano y en la máquina de escribir de siempre, es indestructible”, ironizaba el autor.

Paul Auster se hizo muy popular en los ochenta a raíz de su primera novela, La invención de la soledad (1982), ensayo autobiográfico a la que siguieron grandes títulos como Tombuctú, La noche del oráculo, Brooklyn Follies” o ‘4 3 2 1’,  fue un hombre comprometido políticamente que rechazaba las invitaciones de países dictatoriales como China o Turquía en protesta contra sus gobiernos: 

El escritor estadounidense Paul Auster durante la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en noviembre de 2017. EFE/Carlos Zepeda

“No voy a países que no tienen leyes democráticas, ni aunque me inviten»

 Este neoyorquino que conocía como nadie el “ser” neoyorquino, una ciudad que adoraba, y en la que vivió gran parte de su vida, y por las que transcurren muchas de sus historias, Auster construyó, como nadie, tramas laberínticas, historias actuales donde mezcla ficción, azar, realidad y misterio, repartidas a partes iguales y con grandes dosis de autobiografía, ingredientes todos, llamados ‘austerianos’ con los que ha atrapado a millones de lectores de todo el mundo. 

 Este hombre de mirada profunda, sugerente, inteligente…tan intensa como la de sus novelas, este “incansable explorador de la identidad humana con todos sus horrores y esplendores», como le definen, y que figuró cada año, en las listas de favoritos al Nobel de Literatura, su larga lista de títulos se ha traducido a más de cuarenta idiomas. 

En España fue reconocido en 2006 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, galardón que también recibió su esposa, la escritora Siri Hustvedt, en 2019.

Hijo de inmigrantes judíos, Paul Auster nació en Newark, Nueva Jersey, el 3 de febrero de 1947 y durante su juventud trabajó de cuanto le salía para ganarse la vida, estudió literatura hasta que, a la muerte de su padre, cobró una pequeña herencia que le permitiría vivir y dedicarse a escribir.

 Auster consiguió cierta fama con su primer ensayo autobiográfico “La invención de la soledad” (1982), pero el éxito internacional le llegó entrados los ochenta con “Trilogía de Nueva York” (1985-1986) compuesta por tres novelas independientes –“Ciudad de cristal”, “Fantasmas” y “La habitación cerrada”-, pero articuladas entre sí, que comparten personajes, situaciones similares, envueltas en esa atmósfera detectivesca y a la vez cotidiana, toda una suerte de intrincadas cadenas de asociaciones que atrapan al lector desde sus primeras páginas junto a sus temas recurrentes: la soledad, los misterios del azar, la realidad y la escritura.  

Paul Auster, durante la presentación de su última novela «4321», un emotivo retrato de toda una generación con el que explora los límites del azar y las consecuencias de nuestras decisiones. EFE/J.P.Gandul

 Auster escribió con una prosa ágil que liga con personajes complejos. Ese es el caso de “Leviatán” (1992), a juicio de sus seguidores, su novela más hermosa. Relata la vida de un misterioso hombre contada por su mejor amigo, donde se entrelazan destinos, -común en las historias de Auster-, la percepción de la vida americana, así como todo lo complejo de las relaciones humanas, una inteligente novela policíaca llena de tramas e intriga dentro de historias encadenadas

 Le siguen novelas como “Mr. Vértigo”, sobre la Gran Depresión del 29, “El palacio de la Luna”, “Tombuctú”, “El libro de las ilusiones”, “La noche del Oráculo”, “Brooklyn Follies”, “Sunset Park”, “4 3 2 1”, guiones cinematográficos (“Smoke”, “Blue in the Face” o “Lulu on the Bridge”) y libros de memorias como “El cuaderno rojo”, “Diario de invierno”, “Informe del interior”. 

Pero fue su novela “4 3 2 1”, publicada en 2017, su obra más monumental, que le llevó más de siete años, más de 900 páginas donde ofrece cuatro versiones alternativas de la vida de su protagonista, Archibald Isaac Ferguson, nacido, como el autor, en 1947 en un hospital de Newark. De ahí que algunos señalen que se trata de una novela autobiográfica: “Cada hombre contiene varios hombres en su interior, y la mayoría de nosotros saltamos de uno a otro sin saber jamás quiénes somos”, escribió Auster.

 Desde la bulliciosa perspectiva neoyorquina, creó cadenas de asociaciones entrelazadas, historias llenas de cambios, de giros impactantes, inverosímiles pero donde no faltan la observación psicológica, lo imprevisible del azar y lo casual, elementos donde recae -en exceso para algunos- el peso que lo resuelve todo.

 El mismo Auster definió su tendencia a “hilvanar todas las historias en la casualidad, en la concatenación de los hechos azarosos”, aludiendo a que “la vida está llena de momentos circunstanciales que marcan el rumbo de nuestras vidas”, algo que nadie cuestiona, pero de ahí a que cada narración avance, gire o se resuelva a golpe únicamente de lo fortuito, alterándolo todo, parece como si lo simple y casual sustituyera a la complejidad de hallar las causas.

El escritor estadounidense Paul Auster y su esposa Siri Hustvedt, también escritora con la que llevaba unido casi toda su vida, después de ser galardonado con la Gran Medalla Vermeilde la ville de París, la más alta distinción de la capital francesa, 2010. EFE/Lucas Dolega

“LA LLAMA INMORTAL DE STEPHEN CRANE”

 Cuenta Paul Auster que cuando terminó “4 3 2 1” quedó tan agotado tras más de siete años de trabajo y consciente de que le costaría volver a escribir ficción de nuevo, se dedicó a leer todo lo que tenía pendiente. 

Así llego a Stephen Crane (1871-1900), un joven escritor y periodista, nacido, como él, en Newark, que murió con tan solo 28 años, y que a pesar de su corta existencia “cambió el curso de la literatura en EE. UU., elevó el arte de narrar a otro plano. Liberó la novela norteamericana de las convenciones que la tenían aprisionada más de 150 años”, así reivindica Auster la modernidad en la obra de Crane, una joven promesa que escribió diez novelas, la más importante “La roja insignia del coraje” (1895), un relato de guerra distinta, contado desde otro punto de vista, con la voz interior de un poeta, donde “sorprende cómo siendo tan joven puede tratar los aspectos más complicados de la conducta humana”.  

 La historia de Crane fue -nos cuenta- la de un autor precoz de gran talento que intenta abrirse camino en el mundo de las letras a través del periodismo (fue corresponsal de guerra y cubrió la guerra de Cuba), pero en lo personal, incapaz de controlar sus gastos, vivió endeudado y agobiado toda la vida, por lo que agudizó la crítica a favor de los desfavorecidos. 

Para Auster este gran cronista de los bajos fondos, que dejó constancia de la miseria en las grandes ciudades a finales del XIX, fue una de las figuras más enigmáticas, fascinantes y contradictorias de la literatura que, a pesar de pertenecer a un mundo anterior a la modernidad, se anticipó a ella.

Por Amalia González Manjavacas.


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