Ciudad de México, 17/06/26 (Más).- Aunque América Latina se mantiene como la segunda región con mayor participación femenina en la ciencia, con más del 49% de presencia de mujeres en el ámbito académico, especialistas advierten que detrás de estas cifras persisten desigualdades estructurales, violencia institucional y condiciones laborales que afectan profundamente las trayectorias de las investigadoras.
De acuerdo con información de El País, una investigación realizada por académicas de Argentina, Brasil y Chile documentó que las 101 científicas entrevistadas habían sufrido algún tipo de violencia en sus trayectorias universitarias, incluyendo acoso laboral, desigualdad en la distribución de tareas, exclusión y desvalorización intelectual, e incluso intentos de agresión sexual.
El estudio se desarrolló a partir de testimonios recopilados durante 2023 y concluyó en marzo de este año, evidenciando que la violencia de género en la academia no es un hecho aislado, sino un patrón extendido y normalizado.
Las investigadoras relatan que, durante el proceso de análisis, muchas participantes reconocieron situaciones que habían naturalizado a lo largo de sus carreras, lo que derivó incluso en procesos terapéuticos colectivos para enfrentar el impacto emocional de los testimonios.
Especialistas como la terapeuta chilena Cecilia Leiva señalan que estos relatos están atravesados por rabia, dolor y tensión física, asociada a experiencias prolongadas de violencia y presión institucional dentro de las universidades.
El informe también destaca que, aunque países como Argentina (54%) y Venezuela (52%) presentan altos niveles de participación femenina en ciencia, otros como Perú (28%), México (33%) y Chile (35%) reflejan brechas importantes.
Sin embargo, las cifras no logran explicar por sí solas la desigualdad, ya que las mujeres enfrentan obstáculos persistentes para acceder a financiamiento, publicar investigaciones y ocupar cargos de decisión dentro de las instituciones académicas.
Otro de los factores centrales señalados es la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados, asumida por entre el 71% y 84% de las mujeres en la región, lo que genera la llamada “pobreza del tiempo”, limitando su desarrollo profesional, su formación continua y su posibilidad de ascenso en la carrera científica.
En los testimonios recopilados, investigadoras como Ariany Da Silva relatan cómo la desigualdad y la violencia se encuentran normalizadas desde la infancia hasta la vida universitaria, y cómo muchas mujeres han debido sostener sus carreras en entornos hostiles mediante redes de apoyo informales.
A pesar de ello, las académicas destacan una fuerte determinación por permanecer en la ciencia, incluso en contextos adversos.
En paralelo, redes universitarias en distintos países de la región han señalado que las instituciones académicas se han convertido en espacios de disputa, donde las políticas de igualdad de género han enfrentado retrocesos, pero también han impulsado avances en la visibilización de la violencia.
Investigadoras consultadas subrayan que las universidades han tenido que crear mecanismos de atención, aunque muchas veces estos resultan insuficientes ante la diversidad de casos.
Finalmente, especialistas coinciden en que la permanencia de las mujeres en la ciencia latinoamericana no depende únicamente del mérito académico, sino de su capacidad de resistencia frente a estructuras institucionales desiguales.
La investigación científica en la región convive con redes de apoyo, organización feminista y una lucha constante por sostener espacios que, advierten, aún no son plenamente seguros ni equitativos.
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