Colima, 18/02/25 (Más / IA).- La protección del Archipiélago de Revillagigedo como parque nacional ha generado beneficios tanto para la biodiversidad como para la industria pesquera, de acuerdo con un estudio que analiza el impacto de las áreas marinas protegidas en la flota atunera a nivel global.
La investigación, realizada por un equipo de la Universidad de Miami, destaca cómo la prohibición de la pesca en zonas estratégicas no solo ayuda a la restauración de la vida marina dentro de sus límites, sino que también mejora las tasas de captura en las áreas colindantes.
El parque nacional Revillagigedo, ubicado en el océano Pacífico, es la mayor extensión marina protegida de América del Norte y una de las más importantes del mundo. Desde su designación en 2017, ha servido como un laboratorio natural para evaluar los efectos de la conservación en la pesca comercial. “Nos enfocamos en áreas donde había datos antes y después de crearse la protección y que abarcaran más de 100,000 kilómetros cuadrados de zona de no pesca”, explicó Juan Carlos Villaseñor, especialista en ciencias ambientales de la Universidad de Miami y coautor del estudio.
Los resultados indican que la restricción de la pesca en zonas protegidas favorece la reproducción y el crecimiento de las poblaciones marinas, lo que a su vez genera un efecto de derrama hacia las áreas aledañas. “Nuestro estudio evidencia que las zonas de prohibición de pesca no sólo protegen a las especies de la sobreexplotación, sino que, en las colindantes, conduciría a un aumento en las tasas de captura por unidad de esfuerzo”, detalló Villaseñor. Este efecto se ha medido a través de indicadores como el número de peces capturados por anzuelos utilizados al día o el peso del pescado obtenido por hora de arrastre.
En el caso del Archipiélago de Revillagigedo, el estudio reporta un aumento del 12% al 18% en la captura por unidad de esfuerzo pesquero en las aguas cercanas a la reserva. La especie más beneficiada es el atún patudo, altamente valorado en la industria pesquera y que ha sido objeto de intensa explotación en las últimas décadas. Según el análisis, la recuperación de sus poblaciones ha generado un impacto positivo en la captura de esta especie en un rango de entre el 2% y el 11%.

El equipo de la Universidad de Miami utilizó datos de organizaciones regionales de manejo pesquero para documentar el impacto de las áreas marinas protegidas en la captura de atún. “Un aspecto único de nuestro estudio es la creación de una base de datos global sobre la captura de atún utilizando únicamente datos disponibles públicamente”, destacó Villaseñor. La accesibilidad de estos datos permite que cualquier persona pueda replicar los análisis y evaluar el impacto de las zonas protegidas en distintas regiones del mundo.
La evidencia aportada por este estudio refuerza las conclusiones de investigaciones previas sobre los beneficios del Parque Nacional Revillagigedo para la pesca.
Fabio Favoretto, investigador del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California, destacó que el trabajo amplía estudios anteriores sobre el fenómeno de la derrama de biodiversidad y la productividad pesquera. “Estas islas constituyen un oasis dentro del desierto del océano, brindando muchos nutrientes, que favorecen la biodiversidad y generando tantas áreas productivas que la pesca quiere aprovechar”, afirmó.
Inicialmente, la industria pesquera expresó su preocupación por la declaratoria del parque, argumentando que podría provocar una disminución del 70% en las capturas de tiburones y atunes. Sin embargo, el equipo de Favoretto, en colaboración con científicos del Instituto Scripps y de la Sociedad National Geographic, demostró que el efecto fue contrario: la restricción a la pesca en la zona ha resultado en un incremento en la productividad pesquera. Para demostrarlo, analizaron datos del Sistema de Monitoreo Satelital de Embarcaciones Pesqueras (Sismep) de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), que permite rastrear la actividad de miles de embarcaciones en tiempo real.
Desde 2018, cuando Oceana logró que Conapesca hiciera públicos estos datos, México ha incrementado significativamente la transparencia en su industria pesquera. “A día de hoy se pueden rastrear hasta 5,000 embarcaciones pesqueras, lo que supone un gran avance en transparencia y política pública, algo excepcional en América Latina”, señaló Villaseñor.
El éxito del modelo de Revillagigedo se suma a otras experiencias positivas en México, como las reservas marinas de Cabo Pulmo en Baja California Sur, el Parque Nacional Bajos del Norte en el Golfo de México y Arrecife Alacranes, donde estudios científicos han constatado un incremento en la biodiversidad y en las especies de valor comercial. “En los últimos años, también se les está dando mucho impulso a los refugios pesqueros que, si bien no son áreas naturales protegidas, tienen el fin de generar condiciones ideales para la reproducción de especies de valor comercial, generando ese efecto de derrama”, indicó Esteban García, coordinador de investigaciones y políticas públicas de Oceana México.

El estudio también revela que los beneficios económicos derivados de la protección marina están siendo aprovechados principalmente por las flotas pesqueras nacionales. “Casi el 100% de la producción indirecta del área protegida de Revillagigedo va a parar a los buques pesqueros nacionales, ya que se trata de una zona económica exclusiva mexicana”, explicó Villaseñor.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de la conservación marina y su impacto en la industria pesquera. Para los expertos, entender la relación entre áreas protegidas, poblaciones de atún y pesquerías es clave para alcanzar objetivos internacionales como la meta de proteger el 30% de los océanos para 2030 y la implementación del Acuerdo de las Naciones Unidas sobre biodiversidad en alta mar. “A día de hoy solamente el 3% de los océanos está realmente protegido a nivel mundial. En México, sólo un 4% cuenta con restricciones para la pesca”, recordó Favoretto.
Los investigadores subrayan que la protección de los océanos no solo es un compromiso ambiental, sino una estrategia viable para garantizar la sostenibilidad de la pesca en el futuro. “A través de nuestro trabajo, proponemos un marco para evaluar los costos y beneficios potenciales de tener una estrategia competitiva o cooperativa entre la industria pesquera del atún y el sector de la conservación”, concluyó Villaseñor.
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