Horacio Cárdenas Zardoni
Gobernar es difícil, sobre todo cuando hay muchas necesidades y poco, poquísimo dinero para atenderlas, no digamos solucionarlas todas, desde la primera hasta la última.
Pese a lo que presumen las autoridades estatales y municipales, en el sentido de que Saltillo es la capital más segura del país, y una de las seis ciudades con menos percepción de inseguridad por parte de la población, la capital de Coahuila es una ciudad muy, muy peligrosa.
¿Y por qué nos atrevemos a contradecir los cerros de boletines de prensa y los terabytes de discursos de los señores funcionarios y gobernantes?, ah pues porque caminar por Saltillo es peligrosísimo, tanto por el estado de sus banquetas, allí donde las hay que no es en todos lados, como por el de sus calles y cordones cuneta que forman arroyos…
Mucha gente se burló de la presidenta Sheinbaum y del INEGI, cuando aquella citó los datos de este, de que la mayor preocupación de los mexicanos en materia de seguridad no era la corrupción de las corporaciones policiacas, no eran los secuestros, las ejecuciones, las desapariciones, los ajustes de cuentas, los levantones, sino los baches… Ese dato no tiene ni pies ni cabeza hoy, como no lo tenía cuando lo dijeron por primera vez ni las ocasiones subsiguientes, pero ya luego, con ganas de tratar de entender porque decían lo que decían, llegamos a la conclusión de que, como dicen en las películas, solo se muere una vez, en cambio anda uno todos los días por las calles, hasta que lo matan o lo secuestran, esto es, que después de eso ya nada es igual…
El dato era a nivel nacional, pero también en Saltillo se manejó uno parecido, y efectivamente la población estaba preocupada por el estado de sus calles, andar sacándole la vuelta a tanto pozo quita tiempo, es cansado para el conductor y en casos extremos en que cae uno en uno de esos socavones, puede dañarse su vehículo o su llanta, y la reparación no es nada barata, ni hay manera de que el municipio, omiso en tenerlas al puro tiro, las pague.
Pero, y esto es apreciación mía, son más peligrosas las banquetas que los baches de las calles, por una cuestión meramente numérica, hay más peatones que conductores, y aun estos, se bajan de sus vehículos para caminar por las banquetas, topándose que sale de Guatemala para entrar a Guatepeor, pero sobre eso no pregunta en INEGI.
Y bueno, el ayuntamiento de Saltillo, tratando de demostrarle a los gobernados que está jalando a todo lo que da, recién la semana pasada anunció con platillo y bombo que está empeñado en acciones tendientes a contar con un centro de la ciudad más ordenado, más digno y accesible para la población. ¿En qué consiste este programa?, ah, pues en la rehabilitación de mil doscientos metros cuadrados de banqueta, en los cuales se aplicará concreto estampado.
Muy bien, sería, será un principio de solución a los problemas… problemas que no debería haber. Y decimos esto porque ¿qué necesidad habría de reparar las banquetas, si las banquetas estuvieran bien hechas, y bien mantenidas desde el principio?
Yo creo que allí la erró Saltillo desde el principio. En otras ciudades del país, más chicas y más grandes, es el ayuntamiento el que se hace cargo de las banquetas, es quien fija las características que debe tener, tanto en lo que toca a materiales como a diseño, durabilidad y otras condiciones. En Saltillo no, eso se lo dejan a los propietarios de los predios, quienes hacen con su banqueta un rehilete, no es de extrañar que las haya de chile, de dulce y de manteca, que encontremos banquetas de piedra de río, de barro, de vitropiso, de cemento, de concreto reforzado, ah y por supuesto… que tengan la inclinación para que pase sin problemas el carro del propietario ¿qué importa que los peatones se anden tropezando porque una banqueta sube diez o quince centímetros, y la siguiente esté a nivel, una plana, la otra inclinada, y así en una triste cuadra puede encontrarse doce o más niveles distintos, con lo que todos tenemos que lidiar, unos con más facilidad que otros por razones de edad o de salud.
Que es caro, sí es caro, pero de todos modos no es dinero del ayuntamiento sino de los ciudadanos a través de sus contribuciones, y así todas las banquetas serían iguales, serían caminables, pero para eso habría que volver a amasar Saltillo, y ni que decir que el horno no está para molletes.
Pero lo que hacen aparecer como el gran proyecto y la gran promesa cumplida, es de dar lástima. Mil 200 metros cuadrados… mínimo que fueran metros lineales, ya pensaríamos que es más, pero no, ¿cuántos metros lineales de banqueta habrá en el primer cuadro, en el centro histórico, en la vacilada esa de ‘distrito centro’, en el centro extendido, en toda la ciudad de Saltillo?, créame que es mucho más que 1.2 kilómetros… cuadrados, que si lo pusiéramos en términos alimenticios, no alcanzarían ni para la muela picada.
Y lo presumen… señal que no tienen otra cosa de qué presumir… o sí, claro que tienen, además de arreglar las banquetas de Miguel Hidalgo, Escobedo y Aldama,, pondrán 50 botes de basura… ¡50 botes!, muy ordenado, muy digno y muy accesible que les está quedando Saltillo.
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