Ciudad de México, septiembre 19. A cuatro décadas del devastador terremoto de 1985, Rafael —uno de los fundadores de los Topos Tlatelolco— volvió a compartir en el Memorial del 85 la narración que transformó su vida: el día en que, entre montañas de escombros, ayudó a salvar vidas en el corazón de la capital. Bajo un cielo despejado y frente al reloj solar rodeado de veladoras y fotografías de las víctimas, su voz firme pero emocionada evocó la solidaridad que emergió de la tragedia.
De acuerdo con Infobae México, Rafael relató que su llegada a Tlatelolco lo marcó para siempre: “Cuando llegué aquí lo primero que vi fue una montaña impresionante de escombros, algo terrible que nunca me había imaginado en mi vida. Y que, bueno, cuando llegas aquí, ¿en qué voy a ayudar? No sé, pero vengo a ayudar”. Aquel 19 de septiembre, el desplome del Edificio Nuevo León se convirtió en símbolo del desastre. Los primeros en organizarse fueron jóvenes scouts en Reforma, quienes ayudaron a coordinar a voluntarios llegados desde distintos puntos de la ciudad. Así nació el grupo que se convertiría en los Topos Tlatelolco.
Rafael confesó que aquel momento cambió el rumbo de su existencia: de aspirante a médico veterinario pasó a convertirse en profesional de la gestión integral de riesgos y de protección civil. Subrayó que la enseñanza más grande es no olvidar: “Se han formado nuevas generaciones de ciudadanos que lo más importante es que no olvidemos lo que ocurrió aquí, no olvidemos lo que pasó en 2017 y no olvidemos que la historia se puede repetir y que tenemos que seguir preparándonos”.
El veterano rescatista recordó también la fuerza de la solidaridad. Entre las imágenes que guarda destaca la de una vecina que, cada madrugada durante los trabajos de rescate, llegaba con su olla de café y pocillos de peltre para reconfortar a quienes luchaban por salvar vidas. Además, evocó las diversas tareas que realizaron junto a vecinos y compañeros: subir y bajar escombros, recuperar cuerpos, asistir a sobrevivientes y apoyar en puestos de alimentos, suministros y herramientas.
Su mensaje fue más que una evocación: se trató de un llamado a la acción. Rafael exhortó a cada familia a elaborar un plan de protección civil y a equipar sus hogares con extintores, botiquines, detectores de humo, mochilas de vida y despensas de emergencia. También pidió calma y preparación para el simulacro de este 19 de septiembre: “Cuando suene el alertamiento sísmico, no entremos en pánico, no digamos: ‘¿Qué hago? ¿Corro, grito, me desmayo?’ No. Tengo que hacer mis acciones preparadas, repliegue y protección si estoy en los edificios altos o una evacuación a las zonas de menor riesgo al exterior”.
Mientras los aplausos cerraban su intervención, Rafael reafirmó que la historia del 85 permanece viva en cada generación que se organiza para salvar vidas: “Topos Tlatelolco siempre estará aquí presente en este sitio”. El Memorial del 85, como espacio de memoria viva, reúne hoy a vecinos, rescatistas y nuevas generaciones para mantener encendida la llama de la prevención y la solidaridad.
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