Por Horacio Cárdenas Zardoni
Ya ve usted cómo son las redes sociales, las benditas redes sociales, que hasta eso no se diferencian tanto de los comentarios que aparecen en los medios de comunicación más tradicionales, la prensa escrita, el radio y la televisión. Uno de los temas más socorridos en los últimos días ha sido hablar de la película La Odisea, que en mi opinión particular se ha convertido en uno de los obligados entre quienes se sienten, que están al tanto de todo lo interesante y lo importante, y no nos extrañaría también se sienten que están a la moda.
Como que yo Hubiera deseado es que la Odisea se ubicara como uno de los temas de interés Al mismo nivel que, por ejemplo lo que ocurre en la casa de los famosos, insufrible bodrio del que tanta gente como los que comentan sobre la última película de Nolan, se siente que debe estar al tanto, y no solo eso sin opinar respecto a algo que ni siquiera puedes decirse que tenga pie su cabeza, o que siga un guión discernible.
Hablando de algo estrictamente personal, cuando me han preguntado por qué no escribes un libro, suelo contestar entre bromas y no tanto, que si mi obra Magna va a compartir estantes en las librerías, y en los libreros de los restaurantes con Caldito de pollo para el alma, y otras publicaciones por el estilo, prefiero quedarme sin escribir nada. Que alguien sea capaz de transitar del poema de Homero a la redomada estupidez de los famosos de la casa, es pasar del cielo de la intelectualidad a estrellarse en tierra, en un barreno a tal velocidad que no le da a uno oportunidad de asquearse siquiera.
Pero bueno, No sabría decir si por mera casualidad, o hay algún orden Superior que hace caer las fichas en su lugar, hasta Mario Delgado, increíblemente secretario de educación pública del Gobierno Federal, le ha dado por hablar de la promoción de la lectura.
Después de la tranquiza que le pusieron los ‘comentócratas’ que critican a la cuarta transformación, básicamente porque sus representantes más encumbrados hablan sin pensar, de que le daba un dinerillo a los niños y jóvenes que les mandaba la presidenta Claudia Sheinbaum, y que con él podrían comprar hasta, en vez de esconderse o pedir perdón, le ha dado por hablar de lo dicho la promoción de la lectura.
A lo mejor es que el titular de la SEP se sentía relegado, de todo pero en especial de la discusión auspiciada por el régimen, sobre el tema de los teléfonos celulares y el uso de la Inteligencia artificial en el ámbito escolar, que Mario Delgado consideró importante retomar a estas alturas del sexenio el asunto de la lectura, uno que debió estar en agenda desde el primer momento en que asumió la función y el cargo.
Pero regresando al tema de la película de Nolan, que confieso que no he visto y que no voy a ver, pues suelo apegarme al principio de que siempre es mejor el libro que la película, se me ocurre preguntarme ¿ qué, la secretaría de educación pública, no encuentra una mejor manera de promocionar el acceso al conocimiento, que no sea a través de la misma fórmula utilizada por siglos en todo el mundo, y en México desde hace un siglo, con aquellas bibliotecas de aula llenas de autores clásicos promovida por José Vasconcelos?
Creo que en este momento, como como referente la tal película de Nolan, sería bueno pensar ¿qué es exactamente lo importante, es la historia o es el formato?
Repartir libros en una época en la que todo el mundo se interesa por las pantallas y desprecia los libros en papel, es condenar todo el esfuerzo y el dinero al fracaso, eso en cuanto al formato, ahora en cuanto a la historia… El solo hecho de que más de 20 siglos después de haber sido escrita, la historia de Homero, siga resultando atractiva al público, debería darnos la orientación de que el punto crítico radica en la trama, y no en otra cosa.
Hemos criticado en muchas ocasiones la falta de originalidad de los creadores, iba a decir de contenido, pero hasta eso se ha corrompido, dejémoslo en creadores de historias.
Romeo y Julieta de Shakespeare se ha reproducido infinidad de ocasiones, y es la misma historia, que algunos respetan más que otros, pero en esencia no cambia. Tuvo que venir Disney a recordarnos que existe un libro que se llama el jorobado de Nuestra Señora de París,¿ Cuántas veces se ha reproducido en filme, teatro y hasta cómic Drácula de Bram Stoker o Frankenstein de Mary Shelley? Con todos los arreglos que usted guste, pero es la misma historia.
A lo mejor ya no necesitamos, como sociedad, apegarnos tanto al libro impreso, y pensar más en el audiolibro, en la miniserie, en el dibujo animado, en la película, para enterarnos de lo importante: la historia.
Que no lo voy a negar, y ya lo dije anteriormente, siempre es mejor el libro que la película, No importa cuántos efectos especiales, Cuántos millones de dólares haya costado, Cuánta producción, y la innegable calidad de la actuación, siempre nuestra imaginación superará cualquier cosa que nos den fabricada. Pero ese es otro asunto, si la autoridad educativa se concentrara en contar historias, y no en llenar las aulas de libros que nadie va a tocar, quizá estaríamos educando nuevas generaciones de gente creadora e imaginativa, no de consumidores que opinen sin mayor trascendencia, sobre lo que les ponen enfrente.
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