Horacio Cárdenas Zardoni
Dice un viejo consejo que, hay que esperar lo mejor y prepararse para lo peor. Lo hemos escuchado en distintos ámbitos, comenzando por el de la filosofía militar, si es que puede hablarse de algo así, pero también lo hemos encontrado en el terreno de la medicina, los doctores se lo dicen al paciente y a los familiares del paciente, lo dicen también los políticos en campaña y los partidos.
Incluso se cuenta que en la NASA, a los funcionarios y directores de misión, los que tienen que salir a dar la cara ante la población y los medios de comunicación, les preparan dos carpetas, hasta dicen el color, una azul, con el discurso que deben de dar si todo sale bien, y una color roja si las cosas salen mal… a ese grado puede uno llegar a estar prevenido en cualquier cosa que emprenda.
Obvio en México las cosas son diferentes ¿prepararse, prevenir?, para nada, lo de aquí es, como vengan las cosas, vamos viendo qué hacemos y cómo le hacemos. Pero que no nos apuren, primero hay que ver la conveniencia política, luego hay que modificar las leyes, porque ahí donde lo ve todo dado al cuas, México es un país que vive en el estado de derecho, y una vez que esté todo calculado en lo político y lo legislativo, entonces vemos de dónde va a salir el dinero para financiar eso que andamos viendo que hay que hacer. Por demás está decir que con este estilo tan mexicano de hacer como que hacemos, las cosas no se concretan, o tal vez sí, pero bastante tarde, mucho después de cuando debieron quedar funcionando.
Anduvimos buscando ejemplos de planeación de la actividad gubernamental, en función de un análisis de los escenarios futuros que se ofrecían, y no, no se nos ocurrió ninguno, ponga que documentos sí los haya, porque hay en las distintas dependencias departamentos dedicados a los estudios prospectivos, pero a lo que estos producen, rara vez se les hace caso.
Ahora que está de moda hablar del fracking, la técnica esa de fractura hidráulica de la roca de esquisto para liberar el gas y el aceite que está atrapado en ella desde hace millones de años, se nos ocurre preguntarnos ¿desde cuándo se sabe que México podría aprovechar los yacimientos que ya se sabía que existían en el territorio nacional?
Por allí nos encontramos hace tiempo un documento histórico, en el cual se decía que los primeros que supieron aprovechar el gas que liberaba la tierra de forma natural, fueron los chinos. Los autores del estudio antropológico comentaban que hace más de dos mil años, los habitantes de algunas regiones de China sabían que el gas que salía de la tierra generaba calor a la hora que se encendía, pero consideraron que les era de poca utilidad mover sus casas y poblados a la zona donde emanaba el gas, además de ser peligroso y difícil de controlar, más o menos como le cuesta de trabajo a PEMEX contener sus derrames, incendios, accidentes, hechos menores… bueno, pues los chinos de hace tres milenios encontraron que podían utilizar el bambú, que es hueco, para hacer una especie de tubos primitivos, eso sí, completamente ecológicos, para transportar el gas del sitio donde brotaba, a las casas, donde se usaba para encender flamas para cocinar y calentar, agua, entre otras cosas. No, no tenían tanques de almacenamiento a presión, fíjese qué curioso, igual que PEMEX en la actualidad mexicana, pero por lo menos sabían que había gas, que se podía extraer, que se podía llevar de un lado a otro…
Bueno, eso como una referencia casi casi chusca de cómo alguna gente aprovecha las cosas, organizándose para que sea funcional. Acá en México, podemos estar como el chiste aquel de los dos yucatecos que están columpiándose en una hamaca, y el señor le dice a su esposa, a la hora que ve que viene volando un billete de cien pesos: ‘vieja, si el viento sopla para acá, ya la hicimos’…
No tengo en mente con precisión la fecha de la placa, pero sí me acuerdo que en la Escuela de Minería y Metalurgia de la Universidad Autónoma de Coahuila, que lleva el nombre de Adolfo López Mateos, se cita la fecha de inauguración, por allá por el año 1963. En aquel año el gobierno federal consideró que era importante tener una escuela de nivel superior dedicada a la formación de ingenieros especializados en minería y en metalurgia. Cuando conocí la escuela a finales de los ochenta, me llamó la atención de que casi seguro era el único edificio de tres pisos en toda la región Carbonífera, así de importante debió haber sido la idea que tenían de la minería, del carbón y de otros minerales para el desarrollo económico de la zona, el estado y el país.
Por allá a finales del siglo anterior, y ante la baja demanda de estudiantes en esta que era una de las cuatro únicas escuelas de minería en el país, y la única en el norte, se le cambió el nombre y el programa de estudios, a escuela superior de ingeniería ¿ingeniería de qué?, genérico, ingeniería industrial. En vez de inventar maneras de traer alumnos de cualquier zona minera del país, de conseguir que las empresas mineras becaran a jóvenes y adultos para formarse, no, la cambiaron por algo que le diera servicio a las maquiladoras que se creía que surgirían como hongos a iniciativa de Ernesto Zedillo, y sí, hubo algunas e igual se fueron, y las minas allí siguen, sin suficientes mineros.
Cuando comenzó la onda del fracking, desde 1970 en Estados Unidos y en el 2000 en México, era para que hubieran estudiado la posibilidad de formar gente en esa área. Como un fogonazo, se dijo que sí, al rato se canceló el proyecto nacional, los pocos que se habían formado en eso se dedicaron a cualquier otra cosa, sin haber puesto en práctica lo poco que habían estudiado y nada de practicado. Todo para que ahora de nueva cuenta digan que crearán programas para el manejo del fracking… si empiezan hoy, los primeros alumnos se inscribirán en septiembre, saldrán en julio de dentro de cuatro o cinco años, tiempo durante el que quién sabe quien haga el trabajo, porque en México no hay quien lo haga, y si a esas vamos, tampoco hay quien les enseñe qué y cómo ‘frackear’… pero bueno, ahí la llevamos, como siempre, apenas vamos a comprar boleto de ida, cuando todos los demás ya vienen de regreso bien forrados de dinero.
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