Para el 2024, “3 de 3” de la seguridad ciudadana (parte II)

Se vota masivamente sin reparar en el hecho de que quienes buscan el sufragio, salvo mínimas excepciones, llegan a los cargos públicos sin haber siquiera pensado con seriedad qué harán ante la brutal crisis de violencias, violaciones graves a los derechos humanos e impunidad.

26 de junio, 2023

Por: Ernesto López Portillo

/Animal político

La semana pasada propuse en este espacio diseñar desde la sociedad civil exigencias concretas en seguridad ciudadana para las candidaturas a puestos de elección popular en las elecciones del 2024, aprovechando las experiencias conocidas como “3 de 3”. Varias personas con historias, saberes y edades muy diversas, líderes en el activismo social, reaccionaron favorablemente a la propuesta, lo mismo otras desde la función pública. Más de una vez me comentaron que la idea en efecto podría ayudar a la rendición de cuentas.

Insistiré en la justificación de la propuesta. Se suceden elecciones sin aprendizaje o con aprendizaje marginal en las ofertas electorales y prometer ocurrencias una y otra vez parece no tener costo alguno, excepto que se vota masivamente sin reparar en el hecho de que quienes buscan el sufragio, salvo mínimas excepciones, llegan a los cargos públicos sin haber siquiera pensado con seriedad qué harán ante la brutal crisis de violencias, violaciones graves a los derechos humanos e impunidad.

Yo lo entiendo como el núcleo de la crisis de representación: se puede acceder al poder sin representar las necesidades, exigencias e incluso las mayores urgencias de la sociedad, como la seguridad, la justicia y la paz. Lo he escrito muchas veces, las elecciones son ejercicios poblados en mucho por personas cínicas a las que les importa más llegar al poder y menos ejercerlo con responsabilidad. El discurso político, con la mayoría de los medios de comunicación más grandes funcionando como cajas de resonancia, celebra lo que llama “la fiesta de la democracia”, mientras se discuten poco o nada los contenidos que compiten supuestamente para representar mejores gobiernos.

Y entre la sociedad parece cundir la resignación, de manera que en una proporción tal vez mayoritaria se vota sabiendo que en la práctica el gobierno “hará más o menos lo que se le dé la gana”, como me dijo un asistente a una sesión en la que discutí el paradigma de la seguridad con derechos humanos.

Pero podemos al menos intentar cambiar esta historia. El “3 de 3” de la seguridad ciudadana es una posibilidad para fijar exigencias sociales claras, precisas, realizables y verificables a través de la rendición de cuentas. Pocas exigencias sujetas a mucha presión social enfocada hacia su cumplimiento en el ejercicio de gobierno. Exigencias en la forma de ofertas cuya consecución no quede sujeta a la ambigüedad; por ejemplo, no podría volver a decirse solamente “ofrezco profesionalizar a la policía”, sino deberían incluirse compromisos en la forma de indicadores precisos como los recursos que serán invertidos, los grados de satisfacción social en el servicio y de confianza social que serán alcanzados, la reducción de la impunidad ante los desvíos de quienes representan a la policía, entre otros.

Por cierto, me preguntaron si estoy pensando en un solo “3 de 3” para toda la sociedad; no lo concebí así, no creo que sea deseable y tampoco lo percibo posible; más bien imagino ejercicios múltiples con alcances diversos en las elecciones de los tres órdenes de gobierno. Es más, veo muy sano que se elaboren varias propuestas cuyas variaciones sean precisamente representativas de nuestra diversidad.

Otro alumno reaccionó ante la propuesta discutiendo los riesgos de que se presenten ideas desde la sociedad que nada tienen que ver con los propósitos de la seguridad ciudadana; respondí reconociendo la importancia en el argumento y mostré el parámetro fundamental de cualquier propuesta: el artículo 1º constitucional, es decir, la supremacía de los derechos humanos. No hay validez alguna en cualquier propuesta “3 de 3” de la seguridad ciudadana que implique ir en contra de ellos. Nada parece fácil en la implementación de esta propuesta y habremos de discutir otros parámetros de validez.

En todo caso, ya estamos tal vez en el peor de los mundos; las atrocidades son diarias, la impunidad es casi absoluta y se suceden elecciones donde las pulsiones políticas y sociales dominante nos colocan generalmente entre dos vías destructivas: seguir votando por quienes en realidad no saben qué harán ante esta crisis o, peor, votar por quienes ofrecen lo que en el mundo ha probado producir incluso más violencias y más impunidad.


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