Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila 14/04/26 (Más).- Pese a tratarse de uno de los asuntos de mayor interés en la actualidad de Coahuila, el tema de la explotación de gas mediante fractura hidráulica o “fracking” fue simplemente ignorado este día por el Congreso del Estado. Ninguno de los 25 diputados llevó el asunto a tribuna, ni para exigir información técnica, ni para pedir estudios ambientales, ni para plantear un posicionamiento serio frente a un proyecto de enorme calado económico, social y ecológico, aun cuando varios legisladores ya habían externado públicamente su supuesto interés en intervenir.
La omisión resalta más porque el “fracking” no es un tema menor ni remoto. Se trata de una discusión que toca empleo, agua, territorio, impacto ambiental, infraestructura, salud pública y el futuro productivo de regiones enteras de Coahuila.
Sin embargo, mientras fuera del Congreso crece la conversación pública sobre sus implicaciones, dentro del recinto legislativo el asunto fue descartado de hecho, desplazado por temas mucho menos apremiantes dentro de la agenda estatal.
El contraste es inevitable. En una coyuntura en la que el estado enfrenta la posibilidad de reactivar una explotación de gas altamente controvertida, con riesgos que ameritarían por lo menos debate parlamentario, los diputados optaron por dedicar espacio a asuntos que, sin ser necesariamente ilegítimos, difícilmente compiten en relevancia con una decisión de esta magnitud.
Temas como instructores en los gimnasios o identidad gráfica de los gobiernos exhiben con mayor nitidez esa desproporción: mientras el “fracking” compromete agua, ecosistemas, comunidades y una eventual reconfiguración económica regional, el Congreso prefirió no asomarse siquiera al problema, ni siquiera superficialmente.
La omisión resulta todavía más delicada porque algunos diputados ya habían prometido mover el tema. El diputado monclovense Alfredo Paredes López, uno de los más entusiastas con el eventual beneficio económico del proyecto, no sólo defendió la posibilidad de que la explotación de gas reactive a las regiones Centro, Carbonífera y Norte, sino que además ofreció involucrarse más a fondo y promover acciones desde el Poder Legislativo.
“Lo ponemos y exhortamos e invitamos”, dijo al referirse a la posibilidad de ayudar a que el proyecto se lleve conforme debe ser, además de comprometerse a meterse “de lleno” en el tema ambiental.
Gerardo Aguado Gómez, por su parte, sostuvo también la semana pasada una postura más cautelosa, pero igualmente dejó abierta la puerta a una intervención del Congreso. El legislador panista afirmó que no descartaba que el asunto llegara al debate parlamentario y aseguró que estarían atentos para escuchar versiones, fijar postura e informar a la ciudadanía. Incluso remarcó que el Congreso permanecería vigilante “desde el primer momento”. Nada de eso se reflejó en la sesión de hoy.
Desde el Partido Verde, Jorge Arturo Valdés Flores fue todavía más explícito. Tras advertir que no acompañarían nada que dañara al medio ambiente, señaló que en lo personal solicitaría que se llevaran a cabo “todos los protocolos debidos” y que no se brincara ninguno en la revisión del proyecto y de su impacto ambiental. Es decir, también asumió públicamente el compromiso de empujar una acción legislativa relacionada con el “fracking”. Hoy, ese ofrecimiento tampoco se tradujo en tribuna, exhorto, posicionamiento ni punto de acuerdo.
Lo ocurrido en la sesión deja una señal inquietante: cuando el tema exige definiciones, información pública y vigilancia política, el Congreso calla. Y calla incluso después de que algunos de sus integrantes habían hablado de equilibrio entre economía y medio ambiente, de escuchar a la ciudadanía, de pedir estudios y de cuidar que no se violaran protocolos. El problema no es sólo que no hayan resuelto nada; es que ni siquiera abrieron la discusión.
Así, el Congreso de Coahuila terminó enviando el mensaje de que un asunto tan delicado como el “fracking” puede esperar, aun cuando sus propios diputados habían insinuado lo contrario ante los micrófonos. Afuera, el debate sigue creciendo. Adentro, entre temas de mucho menor calado público, los legisladores dejaron pasar una oportunidad para demostrar que saben distinguir entre la agenda ornamental y los asuntos de verdadero interés estatal.
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