Lima, 11/04/25 (Más).- Mari Luz Canaquiri, lideresa indígena del pueblo Kukama Kukamiria, recibirá este lunes en San Francisco el Premio Goldman, considerado el “Nobel verde”, por su papel central en una victoria judicial sin precedentes en Perú: el reconocimiento del río Marañón como sujeto de derechos. Esta decisión histórica, ratificada por un tribunal de segunda instancia en 2024, convirtió al Marañón en el primer cuerpo de agua del país con personalidad jurídica.
La sentencia declaró que el río tiene derecho a “fluir libremente y estar libre de contaminación”. Además, designó a las comunidades indígenas como guardianas y representantes legales del Marañón y sus afluentes. El fallo fue el resultado de una demanda impulsada por la Federación Huaynakana Kamatahuara Kana, que Canaquiri preside, en conjunto con organizaciones de defensa ambiental y legal.
La demanda fue motivada por décadas de derrames petroleros ocasionados por el mal estado del Oleoducto Norperuano, operado por Petroperú. Las comunidades del distrito de Parinari, en Loreto, denunciaron que los vertidos han contaminado el agua, reducido la pesca y afectado gravemente su salud.
“Fue por los constantes derrames de petróleo. El agua está con metales pesados, se ha declarado no apta para consumo humano. Esto afecta la salud, sobre todo de las mujeres. Hay infecciones, abortos espontáneos, niños con deformaciones”, relató Canaquiri en entrevista con medios internacionales.
Según datos oficiales, entre 1997 y 2019, el Marañón y sus afluentes sufrieron más de 60 derrames por fallas en el oleoducto. Un estudio publicado en 2023 identificó niveles elevados de metales pesados como arsénico, cadmio y plomo en la sangre y orina de pobladores indígenas de la Amazonía peruana. Los investigadores calificaron los hallazgos como “preocupantes por sus efectos en la salud”.
Canaquiri, quien considera al río como un ser vivo y sagrado, explicó que para el pueblo Kukama, el Marañón es fuente de vida, alimento, medicina y espiritualidad. “Es como un padre. Nos da el pescado, nos alimenta, es parte de nuestra vida. Sin el río, no somos nada”, expresó.
La lucha de las mujeres Kukama comenzó hace más de dos décadas, en un contexto de discriminación y exclusión. “Había mucho machismo. Las mujeres no teníamos voz ni voto. Decían que estábamos solo para cocinar, servir. Pero empezamos a organizarnos. Dijimos: nosotras podemos hablar con nuestras propias palabras lo que sentimos”, narró la lideresa.
El fallo ordenó a Petroperú brindar un mantenimiento “efectivo, inmediato e integral” al oleoducto y presentar un nuevo plan de gestión ambiental. Sin embargo, Canaquiri advierte que la implementación está pendiente. “Logramos la sentencia, pero no la están respetando. Están bombeando sin consulta previa en el lote ocho, que es parte de nuestro territorio”, denunció.
El reconocimiento judicial de las comunidades indígenas como representantes legales del río les otorga facultades para accionar legalmente ante futuras afectaciones. Mari Luz planea convocar a líderes de otras cuencas del Marañón para organizar una estrategia conjunta que permita exigir el cumplimiento de la sentencia.
“Nosotras vamos a cuidar nuestro territorio, pero la Amazonía es inmensa. Las otras comunidades también tienen que asumir la responsabilidad de proteger los ríos”, afirmó.
El Premio Goldman honra anualmente a defensores ambientales de todo el mundo. Al recibir el galardón, Canaquiri expresó que nunca imaginó que su trabajo y el de sus compañeras sería reconocido a nivel internacional. “Yo solo actuaba, no sabía que eso era activismo. No esperaba todo esto. Ni en sueños pensé que alguien de tan lejos valoraría nuestro esfuerzo”, dijo.
Entre los mensajes que dejó en su discurso destacan el llamado a los jóvenes, mujeres y hombres a cuidar la naturaleza. “Defender ríos y territorios es defender nuestra propia vida. Este territorio sirve a toda la humanidad. La casa común hay que cuidarla. Si no la protegemos nosotros, ¿por quién vamos a esperar?”, concluyó.
Con su liderazgo, Mari Luz Canaquiri no solo ha impulsado un fallo judicial inédito, sino que ha consolidado un movimiento de mujeres amazónicas que exigen justicia, autonomía territorial y respeto a la vida en armonía con la naturaleza.
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