Tepic, 11/04/25 (Más).- Pablo Joaquín Gómez Orozco desapareció el 30 de marzo de 2023, luego de salir de su casa en Tepic, Nayarit, con la intención de buscar trabajo durante las vacaciones de Semana Santa. Tenía 17 años, era estudiante de preparatoria y tomaba cursos de liderazgo los fines de semana. Su madre, Alejandrina Orozco, recuerda que esa noche anterior le ayudó a llenar solicitudes de empleo, sin imaginar que sería la última vez que lo vería.
Dos años después, en abril de 2025, Alejandrina creyó reconocer los tenis azules que llevaba su hijo el día de su desaparición, en una imagen difundida en televisión. La fotografía mostraba montículos de ropa encontrada en un rancho de Jalisco, presuntamente utilizado por el crimen organizado para reclutar y adiestrar a jóvenes.
Días después de que Pablo no regresara a casa, Alejandrina comenzó a pegar fotografías de su hijo por la ciudad. Fue entonces cuando un joven se acercó y le dijo que a Pablo se lo habían llevado “reclutado” a un rancho en Tala, Jalisco. Una semana más tarde, recibió un mensaje desde una cuenta de Facebook: era Pablo. Le dio un número telefónico y le dijo que se encontraba en Zacatecas. En esa breve conversación, le confesó que tenía miedo. “Ma, ayúdame, el Cártel Jalisco es el que me tiene aquí”, escribió.
Desde entonces, Alejandrina ha recorrido al menos cuatro estados en busca de su hijo: Nayarit, Jalisco, Aguascalientes y Zacatecas. A pesar de haber solicitado el rastreo del número que le proporcionó su hijo, las autoridades locales no tomaron acción inmediata. El rastro del teléfono se movió por distintas entidades, pero ninguna fiscalía ha logrado avanzar en la localización de Pablo.
“Si mi hijo o los jóvenes como él estuvieran por voluntad [en esos grupos], no llamarían pidiendo ayuda”, declaró Alejandrina, en respuesta a recientes declaraciones del secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, quien afirmó que muchos jóvenes colaboran con los cárteles por “aspiración”.
Alejandrina participó esta semana en una reunión con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, donde también estuvieron otros representantes del Gobierno federal. Para ella, es una señal de esperanza, aunque enfatiza que serán los resultados los que definan si realmente hay voluntad para atender casos como el de su hijo.
La madre buscadora afirma que, tras dar una entrevista a un medio nacional, el fiscal de Nayarit le cerró las puertas. En Zacatecas, asegura, funcionarios han intentado desacreditarla y señalarla como vinculada al crimen organizado, además de manipular reportes para incriminar a su hijo como presunto líder delictivo. Alejandrina también denuncia que existen videos que podrían aportar evidencia al caso, pero las autoridades no los han integrado a la carpeta de investigación.
Uno de los elementos que podrían ayudar a confirmar si Pablo estuvo en el rancho de Teuchitlán, Jalisco, es el par de tenis azules que Alejandrina cree haber reconocido. Aunque la Fiscalía de Jalisco difundió un inventario de objetos hallados para facilitar su identificación, hasta ahora ella no ha tenido acceso a esos artículos.
Actualmente, su esperanza es que la Fiscalía General de la República (FGR) atraiga el caso. Aunque ha hecho la solicitud formal, la institución aún no ha asumido la carpeta de investigación. El gobierno federal, por su parte, ha prometido que a partir de ahora se sancionará a los funcionarios de las fiscalías que incurran en omisiones.
Pablo es uno más entre miles de jóvenes desaparecidos en México, víctimas de un sistema de justicia fragmentado y una red de reclutamiento del crimen organizado que opera mediante engaños y falsas ofertas de empleo. Su historia refleja una realidad donde muchas madres buscan a sus hijos solas, documentando sus pasos, sorteando obstáculos burocráticos e institucionales, y enfrentando el desprecio o la sospecha de quienes deberían brindarles ayuda.
Mientras tanto, Alejandrina continúa buscando. No ha dejado de hacerlo desde aquel 30 de marzo de 2023, cuando su hijo salió por la mañana con solicitudes de empleo bajo el brazo y no volvió a casa.
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