Por Zitamar Arellano Trueba
Karina García Reyes, una académica saltillense de la Universidad de Bristol, en Inglaterra, realizó en México una investigación para una premiada tesis doctoral. Durante la investigación, que buscaba las causas por las cuáles las personas entran al narcotráfico, entrevistó a 33 exnarcotraficantes redimidos. Las impactantes respuestas la motivaron a escribir el libro “Morir es un Alivio”, publicado recientemente por editorial Planeta.
MAS platicó con Karina García durante casi dos horas acerca de su investigación y hallazgos. Lo que compartió es una verdad que sacude los sentimientos, nos permite comprender la mente de un delincuente y nos permite hacer conciencia sobre las soluciones que requiere la violencia y la inseguridad en México.
Aquí fragmentos de esta plática.
¿Por qué decidiste entrevistar a exnarcotraficantes? ¿Qué querías encontrar?
A mí no se me ocurrió entrevistar a exnarcotraficantes, no había manera que yo antes de esa experiencia dijera: “déjame entrevisto a criminales. Bajo ninguna circunstancia, porque es muy peligroso y porque no era mi intención al principio, honestamente”.
Pero cuando empiezo a hablar con estas personas y me doy cuenta de que hay patrones similares (…)hablaba con las personas de sus historias de vida, de su niñez, de su adolescencia, de cómo sufrieron y eventualmente la idea era (que ellos dijeran): “Yo era esto, era una persona adicta, era una persona violenta, que se quiso suicidar y ahora soy una persona de bien que me dedico a servir a mi comunidad”, explicó.
Y esa historia de vida era muy poderosa porque obviamente la comparación entre el antes y el después, era muy impactante. Y de pura casualidad surge en las conversaciones de que: “Yo era parte del narco”.
Escuché sus historias como víctimas. Cosas muy feas: abuso infantil, violencia intrafamiliar, violencia de pandillas, de trata, cosas bien fuertes que cuando uno los está escuchado se pregunta ¿Cómo estás aquí? (vivo) Yo los admiro por esa resiliencia, ese aguante. Entonces así fue, yo los conocí con estos testimonios de vida tan impactantes. Todos los hombres que yo tuve adelante eran hombres pulcramente vestidos, muy respetuosos, muy bien educados y así es como yo los conocí. Lo importante es que eran personas dedicadas a su comunidad.
Estas personas pasan un proceso muy difícil. Y uno de ellos me decía: “Todos los días es una pelea entre el bien y el mal, todos los días”. Claro que ellos tienen pensamientos de ¿Y si me salgo? ¿Y si regreso? ¿Qué necesidad tengo yo de estar aquí batallando? ¿Qué necesidad tengo yo de estar recibiendo órdenes cuando yo daba órdenes? Entonces ellos (tienen) una lucha diaria, saben que (su progreso) no es una batalla ganada. Es como un alcohólico: “solo por hoy”. Igual con sus vidas, con su vida fuera de la criminalidad.
Cuando detectaste que la constante era que habían sido parte del narcotráfico, entonces continuaste tus entrevistas con ese enfoque. ¿Fue así?
Yo iba a hacer un trabajo de campo para mi tesis. Mi objetivo principal era recolectar datos, hacer entrevistas, grupos de enfoque, recolectar toda la información posible para llevármela y que esa fuera mi fuente principal de análisis para mi tesis de doctorado.
¿Qué encontraste en esta gente? ¿Por qué entran al narco? ¿Cómo piensan?
Eran historias de vida. Yo empezaba preguntado cosas como: ¿Qué es lo que más recuerdas de tu niñez? ¿Qué te daban de desayunar de chiquito? ¿Qué hacías en Navidad? ¿Qué hacías en tu cumpleaños? ¿Cómo era un día normal cuando eras niño? ¿Cómo te llevabas con tú papá, cómo te llevabas con tu mamá? ¿Qué querías ser de grande? O sea, todas las preguntas iniciales, que a veces no tenía que hacerlas, porque muchos de ellos tenían muchas ganas de compartir su vida.
La entrevista está dividida en tres partes: la primera vamos a abordar (su) niñez y adolescencia, la segunda, vamos a hablar de (su) trabajo en el narcotráfico, y la tercera, vamos a hablar de cómo (llegaron a la redención). Entonces, entendieron que yo quería saber cómo pensaban, como sentían antes de ingresar al centro de rehabilitación.
Yo les decía (…) Quiero entender la lógica que tú tenías antes, cómo veías al mundo antes. Entonces, las primeras dos partes de la entrevista era eso, yo quería entender su lógica, cómo veían el mundo y cómo entendían ellos su situación.
Entonces, me doy cuenta que precisamente cuando hablamos de su niñez, que fueron víctimas de múltiples violencias, y ya cuando entran al narcotráfico es porque querían acceso a drogas, otros entraron porque querían esa sensación de respeto y ese estatus que les da ser narcotraficantes.
Otro de los patrones que se repetían mucho es que ellos pensaban que no tenían futuro, que su vida no valía nada porque pues eran pobres. (…) Si yo te pregunto a ti o a personas que crecimos en un hogar estable, pues tu decías yo quiero ser maestro, arquitecto, soldado… lo que fuera, pero si tú les preguntabas a ellos, en su mundo, en su núcleo familiar, lo que veían eran personas adictas, personas muriendo de sobredosis, por enfrenamientos con otras pandillas o por el Ejército, porque estaban con alguna parte del crimen organizado.
Entonces imagínate (…) si un niño crece rodeado de violencia y crece pensando que su futuro es morirse joven, morirse de una sobredosis o morirse de un enfrentamiento, su lógica es completamente distinta. En el momento que se les ofrece esta oportunidad (entrar al narco) o que la buscan y les dicen: “Te voy a dar esta cantidad de dinero”, no importa la cantidad de dinero, porque finalmente lo que importa es que es una cantidad de dinero que les van a dar por algo que como quiera hacían. Porque ellos crecen en ambientes tan violentos… porque las pandillas son muy violentas y en estas riñas de pandillas en estas zonas de la periferia o en zonas conflictivas de la ciudad, tenemos niños y jóvenes que se mueren cada fin de semana, que quedan en coma, en estado vegetativo. Son peleas sumamente violentas, sumamente crueles y como en la sociedad no las vemos, no estamos conscientes de esos grandes niveles de violencia, hasta que nos pasa a nosotros.
Estas personas que ya vienen de hogares violentos, que en su lógica es de que si yo no soy violento, no sobrevivo. Justamente es lo que yo trataba de entender en mi tesis: ¿Cuál es el proceso para que estas personas elijan trabajar en el narcotráfico? Si nosotros entendemos ese proceso, vamos a poder diseñar políticas de prevención.
¿Los narcos son víctimas?
Hay gente que los juzga muy duramente. Y yo (los) entiendo porque yo así pensaba. Pero después de escuchar (a los exnarcos) y de escuchar sus vidas, uno se da cuenta de que el victimario muchas veces nace y crece siendo víctima. Cuando tú escuchas (sus) historias tan desgarradoras te das cuenta que realmente no (tenían) otra opción y no necesariamente que no había otra opción en términos de trabajo. La situación es mucho más compleja.
A uno de mis participantes yo lo entrevisté a los 19, ingresó al centro de rehabilitación a los 17. De los 13 a los 17 hizo de todo. Y ya se quería morir. A los 17 años ya estaba hasta el cuello, porque ya había hecho muchas cosas, porque ya la policía lo estaba persiguiendo y porque él sentía que ya no valía la pena vivir. Y por eso, para él morir es un alivio, como para todos los participantes, porque a pesar de que están acostumbrados a la violencia y que la normalizan de cierta manera, todos coinciden en que era difícil y por eso se drogaban. Por eso, una parte de la sociedad no lo ve, nada más juzgamos en que son adictos, pero ¿por qué son adictos? Lo hacen (para) evadir su realidad, porque realmente es tan insoportable, es tan difícil, desde niños. Habla con una trabajadora social del DIF, habla con los maestros de escuelas públicas, y te van a decir: “Nos llegan drogados, con la bolsa de resistol, de thiner”. Hablando con una trabajadora social, nos dicen: “Ni siquiera iban a clase, porque los teníamos sentados en una esquina babeando, porque pues no podían y no teníamos los recursos para hacer nada por ellos.
Y estas no son excepciones. Estas historias reflejan lamentablemente un sistema, un círculo vicioso que se extiende a lo largo de todo el país y que lamentablemente no vemos, porque estamos todos enfocados en una guerra absurda, injustificada y que está basada en esta narrativa de ellos y nosotros, buenos y malos, y que en realidad no existe, la realidad es mucho más compleja.
Entonces, lo que lleva a los jóvenes al narcotráfico es que en su niñez hay violencia, desesperanza, minusvalía… pobreza e ignorancia…
¡Claro, es la tormenta perfecta! Las historias que (conocí) nos dan una idea de lo que significa vivir en pobreza (…) Se sabe, hay múltiples estudios estadísticos del mismo gobierno, que nos dice que vivir en condiciones de pobreza te expone a más peligros, y son la violencia familiar, la violencia de género y la violencia de pandillas.
¿Qué escolaridad tienen los narcos?
La mayoría de ellos tienen un nivel, el máximo es preparatoria. La mayoría no llegan a 6 años de educación. El nivel máximo viene siendo primaria.
Ese es otro punto que a mí me gusta resaltar. Fíjate qué triste situación, no la mayoría, pero te puedo decir que al 10 por ciento de las personas que yo entrevisté, los corrieron de la escuela. Los corrieron del sistema, no sólo de la escuela, porque eran muy violentos, eran niños extremadamente violentos. Y claro, yo puedo entender a la maestra y al director que te digan: “Es que este niño no lo puedo controlar, me está contaminando la escuela y no queremos que esa violencia se pase a otros niños”. Eso se entiende. Pero son escuelas de gobierno.
No hay una política pública para educar a niños violentos.
Exacto. Yo me pongo a pensar: ¿A dónde creen que se fueron esos niños? O sea, tú como gobierno lo expulsaste de tu sistema escolar porque era muy violento, ¿A dónde crees que se fue? ¿Al vacío? ¡No! Se fue a su casa a causar problemas. Te estoy hablando que estos niños los corren entre los 10 y 14 años, entonces ¿qué hacen? Se regresan a sus casas, a sus barrios a iniciar su vida en la criminalidad, primero en el vandalismo, (luego) con las pandillas, a vender drogas, a robar, ya sabes, el clásico grafiti. Empiezan su carrera primero en el vandalismo y después en la criminalidad. Y ya en estos últimos años, en esta última década donde el narcotráfico es más permanente, pues es más obvio que la opción es el narcotráfico o cualquier actividad del crimen organizado.
Uno de los entrevistados que había sido proxeneta decía: “Yo vivía de mis mujeres, no sabía hacer nada, lo que hacía era prostituirlas y yo vivía de eso”. Él es uno de los participantes que decían: “Es que no me aguantaban en la escuela porque era muy violento (…) nunca supe hacer nada -y lo decía con mucha pena-, así es que yo era así de violento porque a mí no me gustaba que me dijeran que no sé hacer nada, porque yo sabía que era la verdad, que no sabía hacer nada. Entonces, si no era ser violento, o ser criminal, o vivir de mis mujeres, yo no sabía qué hacer, ni siquiera lavar carros”. Se acostumbró a ese estilo de vida y terminó en el narcotráfico en un puesto muy violento. Insisto, todo esto, la combinación de que fueron víctimas de la violencia de sus papás, de sus mamás, de su núcleo familiar, de las pandillas en sus barrios.
Pero también (…) algo que no es tan tangible, pero cuando hablamos de la falta de propósito de vida, ellos hablan de que: “Yo no le veía sentido a la vida, yo no sabía por qué estaba en este mundo”. Y eso se transmite cuando tú estás hablando con estas personas, porque cuando te cuentan su vida, te transmiten ese sentimiento de desesperanza, porque al menos yo me ponía en su lugar, y si uno cuando tiene muchas ventajas y privilegios se pregunta ¿qué estoy haciendo aquí? ¿a qué vine? y toda esta crisis existencial, pues en mayor medida cuando tu vida ha sido puro sufrimiento.
Entonces, cuando te comentan esto de que le veían sentido a su vida, (…) desde su ignorancia o desde este pequeño mundo en el que ellos pues realmente (…) nacen y crecen siendo víctimas, ellos decían: ¿Para qué estoy aquí si soy un don nadie? Ellos veían: “Yo sólo estoy haciendo cosas malas”, ¡lo entendían!
Entonces, ¿parte de la solución a la violencia e inseguridad en México pasa por acabar con la violencia en las familias?
Es muy importante que la sociedad y el gobierno entendamos que sí hay una posibilidad, que sí se puede cortar este ciclo ¿y cómo? pues precisamente ayudando a estos niños, entre más pronto mejor, primero protegiéndolos de las violencias, protegiéndolos de esos padres que son sumamente violentos.
Oye, a uno de mis participantes lamentablemente lo trataban como animalito, lo amarraban a la cama, le quemaban las manos por placer, fíjate. ¿Cómo te cabe en la cabeza que tus papás te torturan porque sí? Y él creció como en un monte sin educación, con unos papás sumamente violentos… no te doy más detalles porque… ¡vaya! Pero que nos imaginemos que tus papás te torturan casi diariamente, casi no lo alimentaban. Entonces, llega un tío, hermano de la mamá, se da cuenta en qué condiciones está el niño, y se lo quita, pero ¿qué crees? Ese tío era narcotraficante.
(Otro caso) Miguel era un niño brillante, tenía una beca de la SEP, le daban dinero a su mamá. Su papá los había abandonado y su mamá ahora sí que por cuestiones de pobreza, que era madre soltera, pues lo maltrataba mucho. Entonces cuando él llega a tercero de primaria, dice: “¿Por qué me tratas mal? Yo quería que mi mamá me abrazara, que estuviera orgullosa de mí, que me tratara bien. Por eso yo le echaba ganas a la escuela” ¡Fíjate! un niño que ha sido maltratado toda su vida, quería echarle ganas a la escuela, quería ser doctor, quería ayudar a su mamá porque tenía varios problemas de salud. Pero se da cuenta que su mamá nomás lo quiere por el dinero de la beca y un día se revela, agarró todo el dinero de su beca y se lo gastó en cocaína. A los 10 años, tú crees. Dice que ni se la consumió, que se la regaló a los niños de su barrio. Y ya para no hacerte el cuento largo, este niño se sale de su casa porque su mamá le da la golpiza de su vida cuando se da cuenta que su hijo se gastó el dinero en cocaína, y lo corre de la casa. Y se va a vivir con un amiguito que lavaba carros. Y conoce a un narco que le pregunta por su mamá: “¿Por qué estás lavando carros?” “No, pues es que no vamos a la escuela” ¿Por qué no van?” Y yo creo que le da lástima y se lo lleva a vivir con la esposa y los hijos y lo trataban como un hijo más. Lo metieron a una escuela privada, lo ayudaron ahora sí para que se reinsertara en la familia. Y el niño como está tan agradecido con el señor, hace todo lo que le dice. Entonces cuando se da cuenta que era un niño muy violento, que no aguantaba estar en una escuela, lo manda a una escuela militar y después lo jala a trabajar con él y él dice: Yo nunca cuestioné su trabajo porque para mí era mi papá, para mí es una persona que me salvó. Y así hay varios testimonios.
Lo que nosotros tenemos que aprender es que estos niños quieren agradar, quieren amor, quieren comprensión, quieren ahora sí todo lo que un niño tiene que tener. Entonces ¿quién los captó? El narcotráfico ¿cómo se puede prevenir? Pues que el gobierno esté al pendiente de estos niños y que les dé esa protección, o sean que sean las instancias de gobierno, que el DIF…
Quiero pensar que el DIF en México no está haciendo su tarea
No. Y esto no va en contra de la gente que trabaja en el DIF. Es tema de gobierno y de recursos. (…) Mucha gente (terapeutas del DIF) renuncia porque dicen: “No puedo vivir. He visto cosas tan crueles que yo llego a mi casa y no puedo seguir mi vida porque estoy pensando que acabo de ver a un niño que ahorita en este momento le han de estar dando la paliza de su vida, han de estar abusando de él, y yo lo dejé ahí. ¿Por qué? Porque mis recursos como institución no me dan para sacarlo de ahí”.
Hay una historia, la de Roky, que cuenta justamente un caso que dice: “Yo era cliente frecuente del DIF, mi papá me pegaba, me mandaba al hospital y el DIF me mandaba a la casa donde yo ya sabía que me iban a pegar y me iban a correr”. ¿Qué estamos haciendo como sociedad?
¿No hay leyes que les apoyen? ¿El DIF no podía hacer otra cosa?
Exactamente. Y como sociedad (hay que) preguntarle al gobierno: ¿Hacia dónde se están llendo tus recursos? (Hay que) dedicar recursos del gobierno que se vayan al DIF, que se vayan a crear nuevas instancias que protejan a niños, niñas, mujeres que son víctimas de la violencia, víctimas de abuso, víctimas de trata, escuchemos. Como sociedad tenemos que escucharnos, ¡pero ya!
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Me parece extraordinario el artículo, hay mucho que desconocemos y que a la vez aprovechamos para educar a nuestros cercanos. No me parece que al final se quiera culpar al DIF, o al gobierno actual, ya que toda ésta lucha lleva muchos años enquistada, y nos ha sido heredada. Hay mucho por hacer y rehacer. Gracias.
Zitamar, excelente reportaje. Donde podría consultar el trabajo de la doctora Garcia?
Estas historias se repiten por las inadecuadas estrategias educativas del colectivo necesitamos s mas recursos y educadores realmente comprometidos de vocación social y ser apoyados por el sistema no hay mucho mas que observar gracias por permitir opinar
Que relato tan interesante y a la vez muy crudo, y si es una realidad qué lástima y estorba para qué está parte de la población, tenga otras posibilidades de vida. Ojalá algún día se atienda a éste sector tan vulnerable.
Felicito a quien por medio de la palabra escrita (as UE hoy en día leen poco) nos revela con crudeza y verdad, lo que no sabemos y desconocemos. Vaya un aplauso a la escritora. Leeré su libro y desde donde yo me desenvuelva, seré un porta voz para que más personas conozcan lo que ignoramos y desde sus respectivos frentes luchemos por una mejor niñez y un México diferente.
Dr. Beto Obscura y Lima
Definitivamente, el núcleo familiar y el entorno en la sociedad son importantes, pero también es muy importante dar la oportunidad a los niños y adolescentes de estudiar, de mantenerlos ocupados para alejarlos del las garras del crimen organizado y la delincuencia común.
Muy importante sería ayudarlos a prepararse con conocimientos que les ayuden a sacar su vida adelante, aún cuando no puedan estudiar una carrera profesional.
Soy un profesionista y estoy a punto de jubilarme, y ahora me doy cuenta que me hubiese gustado aprender un oficio (carpintería, herrería, aluminio, eléctricidad, plomería, etc) que además en este momento me permitirían tener un ingreso. Definitivamente los talleres de oficios son una muy buena opción para mantenerlos ocupados cuando no tienen la oportunidad o capacidad para estar sentados en un aula, o cuando necesitan un ingreso para colaborar con los gastos de la casa.
Un muy buen trabajo el de la doctora.
Deja de lado la investigación,convertida en interesante libro, los ACTUALES esfuerzos constantes y sonantes del actual gobierno de AMLO,en becas,pensiones,oportunidades de trabajo,pero habría que hacerle un llamado a los poseedores de grandes fortunas en México,para que jalaran parejo,y también le pongan recursos,para la PREVENCIÓN además de la ATENCIÓN a niños y jóvenes,en nuestro país.
Soy maestro jubilado y como Docente , Director y Supervisor de Telesecundaria nos tocó vivir lo que aborda la Dra en su investigación y siempre mantuvimos la hipótesis de que el gran problema al que nos enfrentamos los docentes es a la gran cantidad de familias disfuncionales que existen en nuestro País, 6 de cada 10 alumnos viven en ambientes violentos, viciados y con la falta de un padre y/o madre o ambos en la que la madrina, la abuelita o el hermano o hermano mayor está a cargo de ellos, así por más cariño, esmero y tiempo que les demos no podemos, rescatábamos 1 a 3 chic@s de las garras de los vicios y cuando queríamos hacer algo al respecto contra los malandros las mismas autoridades y padres de familia nos pedían que mejor por nuestra seguridad no nos metiéramos con ellos, así que es un GRAN problema con muchas aristas que resulta difícil definir por donde empezar, aunque nunca nos cruzamos de brazos, felicidades por el artículo