Por Marco Campos Mena
Entre marchas y protestas en redes sociales, hay una causa subyacente que refleja con claridad el sentir de los mexicanos. No importa si se trata de la generación Z, un sindicato de educadores, campesinos que exigen apoyo para competir contra los productos extranjeros o ganaderos que se esfuerzan para mantener sus ranchos a flote en esta crisis del gusano barrenador e importaciones de carnes brasileñas o argentinas… todos tienen un común denominador: El hartazgo al que han llegado por las malas decisiones que se han tomado desde Palacio Nacional.
¿Qué les hizo pensar que era fácil gobernar cuando eran oposición? Los estudios de ideologías marxistas solo son una literatura referencial al sentir de la época; claro, inspiraron a una generación que tiempo después despertaría un nuevo entendimiento de los derechos sociales y abriría la puerta a un pensamiento enfocado en el mejorar la vida de la gente, pero de ahí en fuera, como modelo de gobierno y económico, no son funcionales.
El pensamiento de que repartiendo la riqueza se va a alcanzar el bienestar social es una mentira que mantiene la esperanza en quienes menos tienen para beneficiarse sin hacer ningún esfuerzo de quienes si se esfuerzan, y eso lleva siempre al desastre.
Hay una parábola de un salón de clases que lo expresa de manera clara:
“Esta clase particular había insistido en que el socialismo realmente funciona con un gobierno asistencialista que intermedie sobre la riqueza, entonces nadie sería rico, todo sería igual y justo. El profesor entonces dijo: ‘Está bien, vamos a hacer un experimento socialista en esta clase. En lugar de dinero, usaré las notas de sus pruebas. Todas las calificaciones se otorgan con base al promedio de la clase, y por lo tanto sería justo’. Todos reciben las mismas notas, lo que significa que, en teoría, nadie va a fallar, así una A. Después de calculada la media de la primera prueba, todos recibieron una B. Quién había estudiado con dedicación se indignó, pero los estudiantes que no se habían esforzado estaban muy contentos con el resultado. Cuando se tomó la segunda prueba, los perezosos estudiaron aún menos, ya que esperaban obtener buenas calificaciones de todos modos. Aquellos que habían estudiado bastante anteriormente, decidieron que ellos también se aprovecharían de las notas de otros. Como resultado, el promedio de la segunda prueba fue una D. A nadie le gustaba ella. Después de la tercera prueba, el promedio general fue una F. Las notas no han vuelto a los niveles más altos, pero los desacuerdos entre los estudiantes, la búsqueda de culpables y malas palabras se han convertido en parte de la atmósfera de esa clase. La búsqueda de la “justicia” de los estudiantes había sido la causa principal de las quejas, el odio y el sentimiento de injusticia que han pasado a formar parte de esa clase. Al final, nadie quería estudiar para beneficiar al resto.
“Por lo tanto, todos los estudiantes repiten el curso… Para su sorpresa total. El profesor explicó: ‘El experimento socialista fracasó porque cuando la recompensa es grande el esfuerzo por el éxito individual es grande. Pero cuando el gobierno quita todos los premios a la hora de tomar las cosas de los demás para dar a los que no lucharon por ellos, entonces nadie va a tratar o querer hacer lo mejor posible. Tan simple como eso”.
Probablemente al leer eso le suene como a lo que ha pasado con nuestro país en los últimos siete años, y no es para menos entender que de allí viene tanto la “aprobación” de la que se presumía (y de la cual ya prácticamente no se habla) como el descontento general.
Un socialismo en manos de resentidos y sedientos de poder solo lleva a un camino, el del populismo para simular la aprobación e imagen y el autoritarismo para mantener a raya a quienes alcen la voz en contra de todo lo que está mal.
Haré énfasis en la última parte del párrafo anterior, ya que, es de suma importancia destacarlo: “en contra de todo lo que está mal”. Es precisamente eso lo que hacen los mexicanos que, sin respaldar a un partido y sin intenciones políticas, están alzando la voz contra la corrupción, los pactos con el crimen organizado y los abusos de poder que se ejercen desde la mañanera.
No es que se esté en contra de un gobierno, de izquierda, se está en contra de los abusos, de los endeudamientos masivos sin resultados. Solo en el sexenio de López Obrador la deuda superó, y por mucho, al tan odiado Fobaproa que al menos si sirvió para que una generación no perdiera todo por completo en una situación de gran crisis.
Se está en contra de que al mexicano se le ponga en último lugar de las prioridades de gobierno al no haber abasto de medicamentos suficiente, una seguridad que protege primero a los delincuentes, sean civiles o militantes de morena, antes que al pueblo.
Se está en contra de que se castigue a quienes producen y se esfuerzan por sacar adelante a este país en vez de apoyárseles.
Se está en contra de que se siga utilizando la mañanera para exhibir y vulnerar los derechos humanos de quienes alzan la voz, llegando incluso a afectar a jóvenes con tal de cumplir sus perversos propósitos.
Se está en contra de que el Poder Judicial haya quedado en manos de ineptos, corruptos y serviles que solo obedecen a intereses políticos, dejando en un claro estado de indefensión al ciudadano.
Se está en contra de que se esté desmantelando todo el aparato electoral, creando uno a modo para perpetuarse en el poder porque saben que ya no cuentan con el apoyo de la gente.
Se está en contra de que el gobierno “más feminista” vulnere los derechos de las mujeres más que ningún otro al no abordar las causas y hacerlas a un lado para no escucharlas.
Se está en contra de toda la corrupción y la defensa de impresentables solo por ser militantes del partido.
Se está en contra de que no se pueda salir a las calles sin temor de no regresar con vida.
Entiéndanlo bien quienes están en el poder, los mexicanos no están en contra de su gobierno, están en contra de todo lo que les está robando la tranquilidad, las oportunidades y su futuro.
Aún se está a tiempo de dar un cambio radical y hacer una verdadera diferencia, no amurallando palacio nacional para evitar el golpe de realidad que le quieren dar todos los mexicanos, sino dejando atrás toda la perversión y comenzando a escuchar realmente al pueblo y gobernar para todos los mexicanos en favor de ellos.
No se trata de impuestos progresivos para jugar al Robin Hood, se trata de darle las oportunidades a quienes menos tienen para que puedan salir adelante y ser nuevos generadores de empleos y mejoradores de la calidad de vida.
No se trata de dar esperanza para que no se levanten en contra del gobierno, se trata de crear una realidad para todos en la que con base en disciplina y no en motivación, se pueda crear un mejor país.
No se trata de justificar las obras inútiles solo porque las hizo el presidente anterior y pelearse con el pasado, se trata de poner los pies en el presente y construir el futuro que todos queremos, funcional, de impulso.
El camino es largo, complejo y con muchas heridas por sanar para trabajar de la mano todos, y hoy se tiene una última oportunidad para caminar en el sentido correcto, porque bien lo dijo un venezolano que vino a México y tras ver todo lo que estaba pasando y la similitud con su país que “en México no pasará lo mismo que en Venezuela, porque México es un país muy grande y no lo van a doblegar”
El autoritarismo funciona solamente en sociedades chicas y fáciles de dominar con un poco de presión; en un país tan grande territorialmente, con un nivel de conciencia y perspectiva tan grade como el nuestro, no será posible engañar a todos el tiempo suficiente como para someterlos, y la prueba está en que hoy la mayoría está en contra de todo lo que está pasando, algo que una narrativa manejada desde el palacio nacional ya no puede cambiar porque simplemente han dejado de escuchar los mismos argumentos vacíos y absurdos que solo polarizan y encienden más los ánimos por un cambio.
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Lo que más anhela México es el buen fin…….
……….DE PERO DE MORENA