Por Iván Jiménez
La semana pasada observé a tres miembros de la Policía Civil de Coahuila emboscando a dos jóvenes de no más de 15 años en el barrio de Águila de Oro en el Centro de Saltillo. Cuando pidieron que me retirara les contesté que eran niños, que los dejaran en paz. Primero afirmaron dos veces que traían drogas ¿cómo sabían eso si aun no los habían revisado? Después, cuando ya estaba grabando, concluyeron que los revisaron por los cigarrillos electrónicos que ya son ilegales ¿Por qué los detuvieron? ¿Por traer mochilas? ¿Por el barrio? ¿Por ser jóvenes? No debemos criminalizar a las personas que no conocemos.
Me encanta el fútbol, soy un fanatico ridículo de esos que saltan, lloran y gritan. Me encanta ser así y vivirlo de esa manera. Les cuento que en la barra de Tigres sí tuve una experiencia incómoda cuando un tipo claramente drogado amenazó con agredirme ante una malinterpretación de mis palabras al pedirle que siguiera bajando una pancarta. Compartí esta situación con más personas de la misma barra y fueron claros en decirme que no me preocupara, que no dejarían que me pasara algo porque nadie se mete con los externos.
En otra ocasión dentro del espacio de la misma barra descubrí que existe el intercambio cultural entre barras del mundo. Ese día había un estudiante de la Universidad de Chile que se quedó a dormir con los miembros de la barra. Así viajan a conocer otros estadios, compartiendo cánticos, visiones y experiencias ¿recuerdan la importante participación de las barras en las protestas contra Sebastian Piñera en aquel país? Recordemos también la cantidad de barras en europa con banderas en contra del fascismo y la discriminación o la participación histórica de la barra de Corinthians de Brasil en protestas nacionales.
La última vez que estuve en la barra observé que eran mujeres jóvenes las que comandaban los cánticos con sus respectivas trompetas y tambores. Existe un esfuerzo ya establecido de una barra feminista que apoya a la selección femenil en cada juego y los equipos locales tienen sus propias barras conformadas en muchos casos por otras mamás y familaires de las jugadoras ¿También nos vamos a atrever a criminalizarlas? Son muchas más las experiencias agradables que las desafortunadas alrededor de las barras .
Querétaro es uno de los estados más violentos del país. En el estadio los filtros de seguridad fueron una simulación. No había un protocolo de seguridad y de protección civil. La seguridad privada se comportó como un halcón. Había personas con radio y organizadores. Lo que vimos no fue una batalla campal por una pelea entre borrachos que se salió de control, fue un operativo y quienes tienen que pagar son los directivos de la corrompida Liga y del Querétaro Fútbol Club, no las y los aficionados. Prohibir la participación y presencia de las barras sería una injusticia que no arreglaría nada.
Habiendo tantas maneras de prevenir estos acontecimientos deciden socializar las sanciones ¿es que acaso en los palcos no se consumen drogas? ¿En los numerados no asisten personas alcohólicas? Basta ya de creer que las políticas de prohibición nos ayudarán a regenerar el tejido social. No va por ahí.
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