Cuatro Poderes
Jorge Arturo Estrada García
El modelo político de Morena, basado en la obediencia antes que, en la eficacia, exhibe sus costos: estancamiento económico, instituciones debilitadas y una crisis social que se agrava entre corrupción, violencia y simulación gubernamental.
La ecuación es simple, y también devastadora: 90 por ciento lealtad, 10 por ciento capacidad. Así, se edificó el andamiaje de los gobiernos morenistas. El resultado está a la vista. Nulo crecimiento económico, deuda externa que crece exponencialmente, cero Desarrollo Humano y la Inversión Extranjera Directa detenida. Las deficiencias dejaron de ser errores aislados para convertirse en forma de gobierno.
Así, las llamadas “obras magnas”, de la Cuarta Transformación, terminaron siendo escaparates de ineficiencia, sobrecostos y fallas operativas. La demagogia, que durante años fue suficiente, hoy ya no alcanza para maquillar a la realidad.
El deterioro es profundo. El tejido social está roto. México, se ha vuelto un mapa de fosas clandestinas y familias que buscan, sin descanso, a sus desaparecidos. En ese contexto, el señalamiento de la Organización de las Naciones Unidas sobre la insuficiente atención a esta tragedia no debería sorprender a nadie. Lo que sí sorprende, aunque tal vez ya no, es la reacción del gobierno: descalificar, atacar y refugiarse en su repertorio habitual de pretextos. Negar la crisis parece ser, una vez más, la política del gobierno morenista.
En paralelo, los escándalos de corrupción se acumulan con una regularidad inquietante. El caso del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y las explicaciones ofrecidas sobre los privilegios de su entorno familiar, no hacen sino alimentar la percepción de impunidad. A ello se suma la narrativa oficial, que insiste en presentar estos episodios como asuntos menores o malentendidos. Sin embargo, el desgaste es evidente. La promesa de un gobierno distinto comienza a diluirse entre prácticas que recuerdan demasiado al pasado que se prometió erradicar.
Mientras tanto, la agenda internacional se convierte en un escenario de distracción. Viaje, cumbre y discursos que poco inciden en la vida cotidiana de los mexicanos. La participación en encuentros de corte ideológico, con defensas implícitas o explícitas a regímenes cuestionados, contrasta con la urgencia de atender problemas internos que siguen sin resolverse. En ese tablero, incluso los anfitriones europeos parecen jugar sus propias cartas, en medio de crisis políticas y cuestionamientos por corrupción que los persiguen en casa.
A nivel interno, los signos de descomposición también alcanzan a la propia estructura de Morena. Dirigencias cuestionadas, disputas soterradas y una dependencia evidente de la voluntad del expresidente Andrés Manuel López Obrador, exhiben a un partido que, lejos de consolidarse, revela tensiones profundas. La promesa de regeneración política se diluye entre lealtades forzadas, corrupción y liderazgos frágiles. Y mientras tanto, episodios como el derrame de Pemex, mal gestionado y peor comunicado, refuerzan la sensación de un gobierno que reacciona tarde, mal y con mentiras.
México enfrenta un momento delicado. Entre la narrativa oficial y la realidad cotidiana se abre una brecha cada vez más difícil de cerrar. La apuesta por la lealtad sobre la capacidad ha tenido un costo alto, visible en instituciones debilitadas y en una ciudadanía cada vez más escéptica. La pregunta ya no es si el modelo funciona, sino cuánto tiempo más podrá sostenerse antes de que las consecuencias sean irreversibles. Veremos.
Los gobiernos morenistas resultaron incapaces. La regla obradorista de 90 por ciento lealtad y 10 por ciento de capacidad resultó nefasta. La deficiencias y omisiones se extienden por el país y estallan en las obras magnas de la cuarta transformación. La demagogia ya no les alcanza ante las realidades que se imponen. Adicionalmente, los escándalos de corrupción aparecen sistemáticamente. En grandes cantidades y enormes volúmenes. El tejido social está roto. El país es una colección de fosas clandestinas y familias enlutadas. Hay demasiados dogmas y poses izquierdistas y. escasos buenos resultados.
La Organización de las Naciones Unidas reprocha al gobierno de México la escasa atención que ha puesto en la atención a la problemática de la desaparición de personas en el país. El gobierno federal reacciona atacando a la ONU y a los autores del reporte. Y, como es usual, recita la colección de pretextos.
Por su parte, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, justifica que su hijo vivió más de medio año gratis en la embajada de México en Reino Unido. Y ofrece explicaciones cínicas. Se siente indispensable
Mientras, la presidenta viaja a, Barcelona, una escuálida cumbre de izquierdistas, para enviar un mensaje “Por la Paz mundial” y en defensa de la dictadura cubana. Mientras, en México, se siguen estallando escándalos de morenistas en líos con las autoridades estadounidenses. Sus comunicadores presumen que lo hace en línea aérea comercial. Sus aduladores señalan que eso es reflejo de austeridad republicana de la inquilina del Palacio Nacional.
Es evidente, que el presidente español, requería reflectores que lo rescataran del mal momento que atraviesa. Pedro Sánchez, está agobiado por los procesos judiciales contra su esposa y los dirigentes de su partido por temas de corrupción. Simultáneamente las alianzas, con otros partidos, que sostienen a su gobierno, se muestran grietas y que ponen en situación cada día más frágil.
Para su mala fortuna, la líder venezolana, María Corina Machado le robo los reflectores a Sánchez y a su mini cumbre. Su adversaria, la líder de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se anotó un éxito en los medios y la opinión pública, con su evento en Madrid con la Premio Nobel aclamada en la Plaza del Sol.
Es evidente, que luce muy poco defender dictaduras corruptas en el caso de Sánchez y su cumbre “Progre” que integró con los mandatarios de izquierda y junto al brasileño Lula da Silva, el colombiano Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum.
El derrame de Pemex que estuvo sin control y sin información precisa durante semanas. Con discurso llenos de mentiras.
En Morena, la dirigente reprochando las versiones de su salida por incompetencias y estableciendo que solamente se irá si la presidenta del país lo ordena. Se suponía que los morenistas la eligieron.
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