Ciudad de México, 23/07/2025 (Más).- Volverse rico en México no es solo una aspiración lejana para la mayoría, sino una verdadera rareza estadística. Mientras que a nivel global el 34% de los multimillonarios heredaron su fortuna, en México esa proporción alcanza el 73%. Es decir, la riqueza en el país no se construye: se transmite de padres a hijos.
Un análisis reciente de la Encuesta de Movilidad Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) ayuda a entender el perfil de quienes logran romper ese patrón y escalar hasta el 5% de la población con mayores ingresos. Pero el hallazgo central es contundente: en México, nacer pobre y volverse rico es una hazaña excepcional.
La riqueza en México está fuertemente determinada por el origen familiar. El 40% de quienes hoy pertenecen al sector más acaudalado del país ya crecían dentro del 10% más rico desde su infancia. Y entre los que sí lograron ascender, el 80% proviene de clases medias o altas, lo que sugiere que muy pocos han recorrido el trayecto completo desde la pobreza hasta la riqueza.
Además, el nivel educativo de los padres —especialmente del padre— marca una diferencia importante. Mientras que apenas el 8% de los padres de la población general tienen estudios universitarios, entre los nuevos ricos esta cifra se eleva al 17%. En el caso de las madres, es más común que hayan terminado al menos la preparatoria.
Casi todos los nuevos ricos en México siguieron uno de dos caminos: escalar dentro del sector privado o emprender por cuenta propia. Un 48% alcanzó altos ingresos mediante carreras en ventas, finanzas o auditoría, ocupando puestos directivos y contando con formación técnica en áreas como administración, fiscalidad o comercio. El otro 47% lo hizo emprendiendo, principalmente en el comercio, aunque también en sectores como hotelería, tecnología o servicios profesionales.
Un dato notable es que el 22% de quienes se volvieron ricos continúan trabajando en el mismo sitio donde empezaron su vida laboral. En algunos casos, esto implicó escalar dentro de una empresa; en otros, transformar un negocio heredado —que no hizo ricos a sus padres— en una fuente de riqueza propia.
El perfil del nuevo rico mexicano tiene rostro masculino: el 63% son hombres. También es, en promedio, una persona mayor de 45 años, con estudios universitarios (en el 80% de los casos) y una familia pequeña. Rara vez quienes alcanzan el éxito económico tienen más de dos hijos, y suelen vivir en hogares de apenas tres integrantes.
Aunque la Ciudad de México concentra a muchos de los nuevos ricos, es en el norte del país donde existen mayores probabilidades de ascenso económico. La cercanía con Estados Unidos facilita el acceso a mejores oportunidades laborales, creación de empresas y dinamismo comercial. Prueba de ello es que, aunque solo el 19% de la población encuestada vive en la franja fronteriza, el 29% de los nuevos ricos se ubican ahí.
El análisis deja claro que en México las probabilidades de enriquecerse sin haber nacido en cuna de oro son mínimas. Menos del 4% de quienes nacen fuera de las clases altas logran alcanzar al 5% más rico del país. En otras palabras, mientras que salir de la pobreza es difícil, alcanzar la riqueza es casi imposible.
En un país donde el ascenso económico es una excepción, los nuevos ricos representan más una anomalía que una aspiración alcanzable. Y su reducido número refleja una estructura social donde las oportunidades reales de movilidad siguen siendo escasas.
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