La inteligencia artificial ha dado un giro inesperado en la educación superior al asumir el rol de docente. Un profesor de la Universidad de Oxford diseñó un máster completo impartido por una IA que replicó su pensamiento y estilo académico, generando un curso innovador y desafiante. Esta experiencia plantea nuevas posibilidades para una enseñanza más personalizada y profunda
Redacción Más
La inteligencia artificial ha comenzado a dar un salto inesperado en la educación superior: convertirse en profesora.
Un académico de la Universidad de Oxford probó este verano un experimento radical al configurar un tutor virtual de IA que, suplantando su propia identidad como catedrático de medios e inteligencia artificial, creó e impartió un máster personalizado basado íntegramente en su obra académica. El resultado fue un curso interactivo, desafiante y sorprendentemente fiel al estilo de los tutoriales de Oxford, lo que abre un debate sobre el futuro de la enseñanza universitaria en la era digital.
De acuerdo con publicaciones periodísticas, el académico utilizó la plataforma Nebula One, sustentada en Azure, para programar a un agente de ChatGPT que investigara y adoptara su perfil intelectual.
Sin añadir materiales de referencia exclusivos, el modelo diseñó un recorrido de seis módulos que compilaba y reorganizaba su producción multimedia: desde libros y artículos hasta conferencias y entrevistas.
Para el propio profesor, el curso fue tan estimulante que lo calificó con cinco estrellas, reconociendo que, aunque estaba basado en su propio trabajo, aportaba una perspectiva nueva y más investigada.
El tutor digital mostró un nivel de sofisticación notable. Durante una sección sobre ética de personajes no jugadores en videojuegos, planteó preguntas filosóficas como si un PNJ generado por IA, capaz de aprender y adaptarse, desdibuja la línea entre simple personaje y entidad independiente. Este tipo de cuestionamientos, que el académico confesó no haber formulado antes, se sumaron a aportes técnicos inesperados, como la inclusión de herramientas de posproducción cinematográfica profesionales que él mismo desconocía.
La experiencia reveló, además, el trasfondo de cómo los modelos de lenguaje absorben información.
El académico señaló que su editorial, Routledge, mantiene un acuerdo de datos con OpenAI, lo que explicaría que su obra estuviera disponible en el corpus de entrenamiento. En contraste, al probar con otras inteligencias artificiales como Deep Seek (China), Gemini 2.5 Pro (Google) o Grok (Elon Musk), los resultados oscilaron entre omisiones de su trabajo, biografías inventadas y citas erróneamente atribuidas.

Más allá de lo anecdótico, el experimento apunta hacia un modelo de docencia híbrida donde la IA puede aportar una capa de personalización y análisis en tiempo real que difícilmente podría lograrse en las clases tradicionales.
Estudios emergentes, como uno realizado en Alemania, han mostrado que las clases impartidas por IA no solo ayudan a los estudiantes de secundaria a repasar, sino que también aumentan su motivación. En la educación superior, los agentes de IA ya se perfilan como asistentes indispensables para la toma de notas, la organización de contenidos y la redacción de ensayos, especialmente entre la Generación Z.
Sin embargo, lejos de relegar al profesorado humano, este avance parece reforzar su papel. Los docentes pueden convertirse en guías que enmarquen conceptualmente el trabajo generado por IA, conectándolo con la investigación académica y estimulando la participación en el aula. En particular, los profesores jóvenes –más familiarizados con las herramientas digitales– podrían valerse de la IA no solo como tutores complementarios para sus estudiantes, sino también como apoyo en la estructuración de sus propios cursos.
El panorama educativo refleja así la dualidad inherente de la IA: puede ser vista como una amenaza al espacio de aprendizaje, pero también como la vía hacia una enseñanza más personalizada, rigurosa y motivadora. En palabras del propio académico, quizá lo que se está gestando no sea un retroceso, sino la apertura de un nivel inédito de desafío intelectual y personalización para los estudiantes.
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