Cuatro Poderes
Por Jorge Arturo Estrada García
La realidad es necia. También, es implacable. México llega a la recta final de 2026 con una economía debilitada, una sociedad polarizada y un gobierno sometido a presiones que ya rebasan el terreno doméstico. La herencia política, de Andrés Manuel López Obrador, afecta gravemente a la administración de Claudia Sheinbaum, La 4T fue un éxito actoral y es un gobierno fracasado.
Es evidente que la deuda pública crece y las empresas del Estado enfrentan severas dificultades financieras. Los programas del Bienestar, convertidos en una de las principales herramientas de legitimación política del régimen, representan también una presión creciente para las finanzas públicas. Y en el exterior, Washington aprieta. Y en lo interno, Morena comienza a fracturarse. La época electoral lo cambia todo.
La Cuarta Transformación parece haber entrado en modo supervivencia. Su prioridad ya no es solamente gobernar. Es conservar el poder, a cualquier costo. Las mañaneras perdieron parte de su capacidad de marcar la agenda; la narrativa oficial enfrenta cada vez más dificultades para ocultar los contrastes entre el discurso y los resultados. Los escándalos de corrupción, los cuestionamientos sobre algunos gobernadores y funcionarios y las controversias que involucran al entorno familiar del expresidente han erosionado el capital político construido durante años. Así, Morena perdió el control de la conversación pública, e intenta recuperarlo mediante propaganda, confrontación y control. Así, resurgen las presiones a los medios y por los mecanismos que, bajo el argumento de proteger los derechos de las audiencias. Medidas que pueden terminar inhibiendo el periodismo de investigación.
El problema económico es todavía más profundo. Endeudar al país es relativamente sencillo. Hacerlo crecer es la parte difícil. Los datos consignados en el reporte apuntan a un incremento acelerado de la deuda pública y a una presión creciente sobre las finanzas federales. Pemex continúa absorbiendo recursos mientras la informalidad laboral mantiene a millones de mexicanos fuera de empleos con prestaciones, crédito y seguridad social. La clase media, atrapada entre deudas, inflación, colegiaturas y gastos cotidianos, observa con preocupación un escenario en el que el crecimiento no alcanza para generar suficientes oportunidades. El discurso oficial continúa responsabilizando al pasado, las nuevas obligaciones financieras que sí serán heredadas. Serán pagadas por las siguientes generaciones.
En paralelo, la presión estadounidense introduce una variable que puede cambiar radicalmente el tablero político. Las investigaciones de agencias norteamericanas sobre narcotráfico, corrupción y posibles vínculos entre funcionarios y organizaciones criminales han convertido la relación bilateral en un asunto mucho más delicado. El T-MEC es demasiado importante para México como para utilizarlo como ficha de una guerra política. Una confrontación permanente con Washington puede tener consecuencias económicas muy graves. Por eso los señalamientos, las disputas alrededor de Rubén Rocha Moya, las controversias que involucran a Andy López Beltrán y la presión de las agencias estadounidenses adquieren una dimensión enorme.
Morena, entretanto, enfrenta su propia batalla interna. Las candidaturas de 2027 ya desataron ambiciones, pugnas y enfrentamientos. Los grupos comienzan a reacomodarse. Las lealtades cambian. Los viejos aliados pueden convertirse en adversarios.
La herencia de López Obrador no es evaluada solamente por sus discursos o por el número de programas sociales creados. Será medida por el tamaño de la deuda, el nulo crecimiento económico, la seguridad, la calidad de las instituciones y la fortaleza de la democracia. México necesita un gobierno que produzca riqueza, que genere empleos, combata la corrupción y rinda cuentas. Las tensiones aumentan. Las divisiones también. Y el reloj político de 2027 ya comenzó a correr. Veremos.
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