Horacio Cárdenas Zardoni
¿Qué cuernos tiene el gobierno federal que meterse a fabricar automóviles, de leña como las estufas con las que obtuvo su doctorado la presidenta Claudia Sheinbaum, de explosión interna, como la mayoría de los que circulan en el mundo desde hace más de un siglo, eléctricos, electrónicos, de hidrógeno, de fisión o de fusión nuclear? En opinión de un servidor, nada en absoluto.
Yo me acuerdo de mis años de infancia, hace una pila de años, como decía el papá de Mafalda, entre los primos nos agenciábamos unas tablas, unos clavos, algo que sirviera como volante y baleros, o algo que sirviera como ruedas… y nos lanzábamos con carritos hechizos, que como el Olinia 1, no cumplían con ninguno de los considerandos ni apartados de la Norma Oficial Mexicana, pero funcionaban con tracción animal, cuando lográbamos ungirlos a un perro que hubiéramos agarrado distraído, o humana, si era con los pies del que tripulaba, o empujado por otro de los integrantes del equipo.
¿Qué tecnología usábamos?, ninguna, todo dependía de los materiales que tuviéramos a la mano, el ingenio para un diseño que iba de la mente a los martillazos, sin pasar antes por una hoja de papel ni una regla de cálculo, en aquel tiempo no había ni calculadoras electrónicas, y las mecánicas no nos las prestaban.
Y sí, nos caímos un montón de veces, nos raspamos, golpeamos y sangramos todavía más, pero el aprendizaje y la mejora continua en base a la experiencia existieron hasta que nos aburrió el asunto y nos dedicamos a otra sandez. Pero lo importante de la cuestión, por lo que la traemos a colación hoy, es porque era un asunto estrictamente privado, algo del interés de los que andábamos metidos en lo que no dejaba de ser un juego, que pese a todos sus defectos y fracasos, terminaba por funcionar. Claro, a lo mejor hubiera sido diferente si lo que estuviéramos intentando es volar un avión o un cohete, pero lo que es a nivel de piso, estaba al alcance de nuestro intelecto y nuestra habilidad.
Ahora que el gobierno de la república ha decidido diseñar, producir y vender un automóvil eléctrico, el cual estará acotado por la característica de que debe ser económico, al alcance de las clases populares, nos preguntamos ¿realmente hay necesidad de su intervención?
No sé cuántas marcas de carros haya en este momento en el mercado mexicano. Hubo un tiempo en que eran las tres grandes, Ford, Chrysler y General Motors, más Volkswagen, Nissan y Renault, pero le hablo de hace mucho tiempo. Luego llegaron otras como Mazda, Honda, Toyota, y de unos cuatro años para acá, con la apertura a los carros chinos, hay a lo mejor veinte otras, que ni los nombres me sé yo, hay que ser niño para aprendérselas y diferenciarlos, yo ya no doy para tanto. Pero de que hay oferta, más que suficiente, la hay, claro que ninguno de ellos tiene el objetivo de llenar las calles de coches baratos para el pueblo, y… todas eso sí, están obligadas a cumplir con un montón de requisitos expresados en la NOM correspondiente, o varias, porque entre ellas se entrelazan para que, en teoría, no quede nada sin amarrar, nos referimos a las pilas, llantas, seguridad, emisiones contaminantes, seguridad del pasajero, resistencia de materiales, etc.
Lo que nos mueve a escribir esta colaboración, no es el de criticar al gobierno por querer hacer algo que todo el mundo con dos centímetros de frente y un martillo y clavos, puede hacer, sino que con eso, en vez de contribuir a la solución del problema de movilidad de la población en el país, pues ese es su nivel de decisión, contribuye a empeorarlo, quizá mucho.
Y mire que, como a mucha gente, a mi me gustan los carros, pero estoy consciente de que la solución a la movilidad no está en el transporte individual, sino en el colectivo, y este sí que es responsabilidad del gobierno, como manifestación de la sociedad organizada. El gobierno federal en lo que debería estar pensando es en camiones que transportaran cincuenta o cien personas, que fueran significativamente más baratos de fabricar y de comercializar, que fueran mucho más duraderos y eficientes que los actuales, y si gusta, que sean eléctricos, o híbridos, o la opción que se prefiera.
De hecho ahora que lo pienso, también de mis años mozos… el gobierno tenía bastante experiencia en el transporte colectivo eléctrico, eran los famosísimos trolebuses, que recorrían la ciudad de México y algunas otras de la república. El camión en sí mismo no traía una batería que hubiera que cargar cada equis tiempo ni reemplazar, sino que se conectaban a una red de cables que estaban tendidos sobre las calles. Funcionaron de esa forma durante décadas, y bastante bien, eran silenciosos, no contaminantes. Ahora hay unos mucho más modernos en la CdMx, no llegan a 500, y casi seguro que operan con baterías. ¿No sería más funcional incrementar en mil, en diez mil por ciento las rutas de trolebuses y camiones eléctricos, que ofrecerle a la gente, de cualquier nivel socioeconómico, un carrito para ir y venir?
Pero convénzalos, los socialistas portándose como neoliberales no suelen hacer caso de razones. Eso pensando que la intención fuera buena, mejorar la movilidad, ahora que si de lo que se trata es de un enésimo negocio corrupto, allí sí, ni qué remedio.
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