Por Marco Campos Mena
Todos hemos visto cómo la inflación ha golpeado más duro de lo que esperábamos los bolsillos de los mexicanos. Nos estamos enfrentando a una situación que, aunque probablemente no sea la más complicada que ha vivido el país, sí es una de las más difíciles para esta generación que hoy siente una incertidumbre económica real y peligrosa.
Se han perdido empleos, han cerrado negocios y cualquier persona que tenga una empresa, un restaurante, una tienda o incluso un pequeño emprendimiento va a decir lo mismo: no hay ventas, no hay movimiento, no hay gente consumiendo como antes.
Hace apenas unos días se conjugaron varias circunstancias que normalmente representan un respiro para la economía: puente, quincena y la celebración del 10 de mayo. Era la oportunidad perfecta para que muchas familias salieran a consumir, convivir y mover el dinero. Y, sí, hubo tráfico, las calles estaban llenas, pero una cosa quedó clara: la gente estaba afuera, mas no comprando.
Muchos restaurantes lucieron vacíos, los comercios reportaron ventas extremadamente bajas e incluso los negocios ubicados en zonas con gran afluencia apenas lograron captar clientes. Y aunque podríamos pensar que el gasto fuerte por el Día de las Madres dejó a muchas familias limitadas, la realidad es mucho más compleja que un día de gastos fuertes.
Lo que estamos viendo es una economía paralizada por el miedo y la incertidumbre facturando, y caro.
La gente tiene miedo de gastar porque no sabe qué puede pasar mañana. Ven cómo un familiar perdió el empleo, cómo un vecino cerró su negocio o cómo sus propias fuentes de ingreso empiezan a verse amenazadas y, ante eso, la reacción natural es cuidar cada peso para prepararse para lo peor.
Hoy muchas personas están guardando tanto dinero como pueden, pero no es para crecer, sino para sobrevivir si llega una situación más complicada.
A esto se suman factores internacionales que también están golpeando la estabilidad económica. El mundo está conectado y las guerras, tensiones comerciales y conflictos del otro lado del planeta terminan afectando la vida diaria aquí. Mucha gente quizá no entiende exactamente qué está pasando en el escenario internacional, pero sí percibe algo evidente, todo subió de precio y está afectando su poder económico.
Por eso vemos cada vez más personas buscando ingresos adicionales, nuevas oportunidades de trabajo o alternativas para protegerse. Y por eso también vemos negocios apostando agresivamente por promociones, descuentos, campañas en redes sociales y cualquier estrategia posible para atraer clientes. Sin embargo, cuando el consumidor tiene miedo, ni las ofertas logran activar completamente el mercado.
México tiene un problema todavía más delicado: la falta de confianza como destino de inversiones por las instituciones que en vez de propiciar oportunidades juegan en contra de ellos y los poderes sometidos al régimen federal.
Para que exista inversión, crecimiento y movimiento económico, es necesario que exista certeza: certeza jurídica, certeza institucional y certeza de que las reglas del juego no van a cambiar dependiendo de los intereses políticos del momento.
La gente no invierte si percibe que las instituciones dejaron de ser contrapesos objetivos y comenzaron a operar alineadas al poder. No invierte cuando siente que la inseguridad sigue creciendo mientras se protege políticamente a quienes deberían rendir cuentas. No invierte cuando observa un gobierno más concentrado en repartir dinero para mantener respaldo electoral que en construir condiciones reales de crecimiento económico.
Para salir delante de esta situación es necesario que el gobierno cambie su manera de actuar. Las becas y apoyos pueden aliviar temporalmente ciertas necesidades, pero no sustituyen una economía fuerte, productiva y capaz de generar empleos dignos. Ningún país crece repartiendo recursos sin fortalecer antes la inversión, la productividad y la confianza.
México necesita incentivar el movimiento económico, no perseguir fiscalmente a quienes producen y generan empleo. Necesita seguridad, instituciones sólidas, inversiones estratégicas y condiciones que permitan que emprender vuelva a ser una apuesta viable.
Pero también hay otra realidad importante: en medio de las crisis nacen nuevas oportunidades.
Y quizá este sea precisamente uno de esos momentos donde muchas personas tendrán que reinventarse, adaptar sus negocios y encontrar nuevos caminos para sobrevivir y crecer. Las épocas difíciles también obligan a innovar, a corregir errores y a entender hacia dónde se mueve realmente la economía.
Sin embargo, para que ese cambio sea verdaderamente significativo no basta únicamente con el esfuerzo individual. Se necesita un entorno que permita crecer. Un país que genere confianza. Un gobierno que entienda que el desarrollo económico no se construye desde la dependencia, sino desde la oportunidad.
Mientras no haya cambios en todo lo que está mal, seguiremos viviendo una economía donde el mayor enemigo no es solamente la inflación sino el miedo.
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Este análisis es coyuntural y es anecdótico con cosas que suceden pero que carece de visión histórica y es tendencioso políticamente. En 1988 con la entrando del neoliberalismo y la apertura de mercados más de 50 mil empresas desde tiendas a mediana tronaron por esta circunstancia. Los bancos se robaron el dinero de muchos Cuenta habientes. Pero la crítica no apareció más que marginalmente y ahora que suceden
Cosas nuevas le
Achacan al gobierno actual deficiencias y acciones controvertidas más o menos ciertas. Además hacen aparecer que solo que volvamos a un gobierno que esté en función del poder y el dinero o el neoliberalismo light endulzado. También no dice que el gobierno es uno que trata con la idea social demócrata y del estado fuerte benefactor capitalista pero que es parte del sistema mundial y que no puede salirse por motu propio