Lo que quiso decir
Ruben Aguilar
El mexicano Luis F. Aguilar Villanueva (Campeche, 1938), desde la Universidad Metropolitana – Unidad Xochimilco fue de los primeros académicos que trabajó el concepto de “gobernanza” en el mundo de habla española.
La gobernanza se funda en un concepto de Estado que retoma la idea del italiano Antonio Gramsci de que este se integra por dos actores: gobierno y sociedad civil.
En la década de 1990, desde el mundo de la academia y de los organismos internacionales (sistema de Naciones Unidas, BM, FMI) el concepto de sociedad civil se divide en dos.
De un lado están las organizaciones de la sociedad civil, que actúan en servicio de los otros sin ánimo de lucro, las que ahora se conocen como OSC y antes como Organizaciones no Gubernamentales (ONG).
Y de otro lado, las organizaciones de la sociedad civil con legítimos propósitos de lucro, que son las empresas, ya sean personas físicas o morales. Es lo que también se conoce como mercado. El Estado, entonces, se integra por tres actores: el gobierno, el mercado (empresas) y la sociedad civil sin fines de lucro.
La gobernanza, que sustituye al concepto de gobernabilidad, se entiende como la acción concertada de los tres actores que integran el Estado —gobierno, mercado y sociedad civil— en la construcción de la comunidad o el bien común.
Desde la década de 1990 son cada vez más los gobiernos democráticos que adoptan, en el marco de las políticas públicas, la práctica de la gobernanza como la manera de hacer frente a la complejidad del Estado y sus nuevos problemas y retos.
Los gobiernos populistas no aceptan el nuevo concepto de Estado
Los gobiernos democráticos se dan a la tarea de relacionarse y concertar con los otros actores que integran el Estado; esta es una de sus responsabilidades estratégicas, él es quien convoca.
En esa acción concertada, cada actor del Estado debe actuar en su propio espacio, y no invadir lo que le corresponde a los otros. El papel de cada uno es claro, y uno y otro de los actores se deben de apoyar.
Los gobiernos populistas estadistas, como el que ahora gobierna México, que preside la presidenta Sheinbaum Pardo, no aceptan el nuevo concepto de Estado y tampoco el de gobernanza.
En su concepción, el gobierno es el Estado, y no participan de él el mercado y la sociedad civil, y la construcción del bien público es patrimonio o monopolio del gobierno.
En el marco de esa anquilosada y retrógrada concepción, la consecución de un Estado fuerte es algo absolutamente imposible. Un gobierno fuerte, incluso dictatorial, no es sinónimo de un Estado fuerte.
El gobierno de Sheinbaum Pardo ha renunciado a la posibilidad de construir, vía la gobernanza, un Estado fuerte, para construir solo un gobierno fuerte, que cada día tiene más rasgos autoritarios y antidemocráticos. El Estado mexicano está pagando su gran error.
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