Por Marco Campos Mena
A lo largo de la historia hemos visto que generaciones de todas las sociedades han sido capaces de soportar las peores atrocidades, sequías, heladas, desastres y guerras. La constante ha sido siempre esa capacidad de levantarse y anteponerse una vez más a todas las adversidades que se presentan en el camino.
También hemos visto como sociedades que han estado en pie y con un dominio impresionante sobre otras han caído e incluso casi desaparecido. Podríamos decir que algunas han llegado incluso al olvido, pero no tenemos los datos para afirmar que existieron para ser olvidadas, una paradoja de la cual al menos podemos afirmar que existe la posibilidad estadística de que así haya sido.
¿Qué es lo que hace que un ser humano sea capaz de soportar tanto? ¿Qué es lo que hace que otros se rindan incluso ante retos minúsculos? Y, ¿por qué hay quienes si son capaces de forjar su propio futuro?
Alexis de Tockeville en una ocasión afirmó que las sociedades americanas independizadas de España tienden a pasar de la dictadura a la anarquía; una vez que se cansan de autodestruirse, regresan a la dictadura, y del mismo modo, al cansarse de estar oprimidos, regresan una vez más a la anarquía.
Hace 110 años, el entonces presidente constitucionalista Venustiano Carranza recordó esas palabras y quedó plasmado en el diario de debates del constituyente de Querétaro de 1916 la intención de romper con dicha ley fatal. Por desgracia, todo parece apuntar a que no se logró.
La sociedad mexicana se caracteriza por algo muy diferente a la resiliencia: la adaptación a cualquier desgracia y decir que eso nos fortalece.
En palabras de Friederich Nietzche: “Lo que no te mata te deja tan apaleado que terminas aceptando cualquier sufrimiento y luego dices que eso te fortalece” y al parecer, eso describe a las sociedades mexicanas que han sido aplastadas de diferentes maneras y seguimos pensando que somos más fuertes que antes.
Este concepto dista mucho de una manera de progresar, por el contrario, se acerca más a una zona de confort en la que es preferible tener un poco y rezar por no perderlo que en crecer para tener una mejor vida.
Y si bien hemos tenido un crecimiento como sociedad y en algunos temas incluso hemos llegado a ser pioneros, como los derechos socialistas de principios del siglo pasado, lo cierto es que no hemos desarrollado un mecanismo de crecimiento o desarrollo que sea sustentable para nuestra sociedad.
La capacidad de la sociedad para sobrevivir cada vez con menos contrasta con la narrativa del aumento del salario mínimo, eso es un hecho, pero también lo es el que un mal cálculo que puede llevar a un problema económico financiero, si no lo comprende el que, en teoría, se beneficia, creerá que su vida es mejor.
Una creencia puede tener un poder tan grande que es capaz de moldear la vida de las personas y puede ser tan peligrosa como para alterar la percepción de la realidad y convertirse en una prisión que no requiere barrotes, solo mantener esa idea en la mente de quien queremos dominar.
Esa es precisamente la misma narrativa que se ha convertido en mantra de grandeza y carcelero del pueblo mexicano, un concepto tan escuchado y orgullo de quienes en su creencia encuentran libertad, pero en su realidad son incapaces de ver las ataduras.
“Mexicanos al grito de guerra”, un concepto tan obsoleto como falso en nuestros tiempos. El progresismos trajo consigo el concepto de “manifestación pacífica” para no tener una fuerza opositora capaz de derrocarlos; trajo consigo el cambio a la moral a su conveniencia, porque ellos si usaban la fuerza y la destrucción para hacer presión y alcanzar sus objetivos, pero ahora ellos mismos repudian lo que les dio fuerza.
Nos encontramos en una era de profunda confusión y esa confusión hace que el miedo se apodere de las personas, un miedo a perder lo poco que se tiene mientras ven que poco a poco se convierte en menos.
Siempre habrá quienes se aprovechen del caos y la confusión para tomar ventaja. ¿Qué haremos para salir delante de estos tiempos? Hay dos opciones: creer que podemos con todo mientras nos hundimos con orgullo, y anticiparnos para ver qué es lo que puede pasar y evitar caer en eso que nos puede hacer tanto daño.
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