Los códigos de internet han saltado nuevamente a calles y plazas mediante las llamadas batallas de farmeo protagonizadas principalmente por niños y adolescentes. La práctica combina gestos, poses, memes y referencias digitales para proyectar carisma, identidad y reconocimiento entre pares. Especialistas consideran que estas dinámicas continúan una tradición juvenil de crear lenguajes propios y trasladan al espacio público tendencias que antes circulaban en foros, videojuegos y redes sociales
Madrid, España, 29/08/26 (Más).- Las plazas y otros espacios públicos de distintas ciudades han vuelto a convertirse en punto de encuentro para niños y adolescentes que trasladan al mundo físico códigos nacidos en internet. Las llamadas batallas de “farmear aura”, que combinan gestos, poses, humor, referencias a memes y una marcada intención de proyectar carisma, representan una nueva etapa de un fenómeno que ya había tenido antecedentes con tendencias virales, reuniones coordinadas y hasta videojuegos como Pokémon Go.
De acuerdo con información publicada por El País, la expresión “farmear aura” mezcla un concepto procedente de los videojuegos con una idea utilizada entre los jóvenes para describir presencia, personalidad, carisma o capacidad para llamar la atención. El verbo inglés “farm”, relacionado con cosechar y empleado en los videojuegos para describir la repetición de acciones destinadas a obtener recursos o aumentar de nivel, se combina así con el concepto de aura para definir una especie de acumulación simbólica de prestigio mediante gestos, actitudes y actuaciones reconocibles por quienes comparten los mismos códigos digitales.

Aunque para quienes están fuera de esas referencias las reuniones pueden parecer difíciles de entender, el fenómeno forma parte de una relación entre internet y la vida cotidiana que se ha desarrollado durante más de dos décadas. Las primeras comunidades virtuales surgidas en foros y blogs buscaban precisamente reunir a personas con intereses semejantes y, en muchos casos, llevar esos vínculos hacia encuentros presenciales. Con el paso del tiempo, la interacción dejó de limitarse a una pantalla y comenzó a influir directamente en las formas de vestir, hablar, bromear y relacionarse.
Antes del actual farmeo de aura existieron otras expresiones colectivas surgidas o difundidas por internet. Los “flash mobs” congregaban a numerosas personas para ejecutar de manera coordinada una acción en un lugar público, mientras prácticas como el “planking” o el “owling” invitaban a adoptar posiciones específicas en escenarios inesperados y registrar el resultado mediante fotografías. Más adelante, el “Harlem Shake” convirtió a grupos completos en protagonistas de videos con coreografías deliberadamente caóticas que se replicaron en distintos países.
Pokémon Go significó uno de los momentos más claros en los que la frontera entre videojuego y espacio público prácticamente desapareció. Su llegada llevó a miles de usuarios a caminar por calles, parques, plazas y monumentos mientras buscaban criaturas digitales utilizando sus teléfonos móviles. La ciudad dejó de ser solamente el lugar en el que se jugaba para convertirse en parte del propio escenario del juego, algo que anticipó la actual convivencia entre los códigos de las plataformas digitales y la experiencia cotidiana fuera de ellas.

La diferencia entre aquellas tendencias y las actuales batallas para farmear aura está principalmente en la velocidad con la que nacen y cambian las referencias. Las redes sociales segmentan contenidos de acuerdo con los intereses de cada usuario, por lo que un lenguaje, meme o tendencia puede resultar ampliamente conocido entre determinados grupos y ser prácticamente invisible para otros. Esa fragmentación explica por qué numerosos adultos observan estas prácticas sin comprender de inmediato su origen o significado, mientras los adolescentes las reconocen como parte habitual de su cultura digital.
La construcción de una identidad mediante gestos, estilos y maneras de comportarse tampoco es exclusiva de las redes sociales. Mucho antes de TikTok y otras plataformas, distintas generaciones desarrollaron expresiones propias, imitaron a figuras populares, utilizaron determinadas prendas y formaron grupos o tribus urbanas para distinguirse. La diferencia actual es que las referencias circulan con enorme rapidez y pueden surgir de videos, memes, videojuegos o bromas cuya vigencia cambia en cuestión de semanas o incluso días.
El sociólogo Iago Moreno explica que las redes sociales funcionan como vitrinas para exponer la vida, un entorno que ha favorecido la adopción de gestos cada vez más estilizados frente a las cámaras. En las nuevas dinámicas juveniles, esos movimientos incorporan referencias que solamente adquieren sentido completo para quienes conocen determinados memes o contenidos digitales, convirtiendo la expresión corporal en una especie de lenguaje compartido.
El filólogo Byron Ramírez considera que estas prácticas también funcionan como mecanismos de convivencia. “Esta dinámica funciona como una excusa que permite que exista colectividad dentro de la generación, que se articulen actividades de carácter público en torno a una referencia común como lo es internet, ese gran territorio que les une”. Desde esa perspectiva, lo aparentemente absurdo puede convertirse en un recurso para reconocerse entre iguales, convivir y representar públicamente una identidad común.

También existe una dimensión individual. Las batallas de aura permiten a los participantes construir versiones exageradas de sí mismos mediante poses, seguridad corporal y referencias humorísticas. Ramírez lo describe de esta manera: “En las batallas, cada uno quiere representar una versión amplificada, casi de caricatura, de la actitud que quiere proyectar, una versión más cool de sí mismos”. De esta forma, el juego sirve tanto para competir simbólicamente como para mostrarse ante los demás.
Adrián Juste, analista del laboratorio de ideas Al Descubierto, sostiene que los códigos juveniles han existido en todas las generaciones y forman parte del proceso de construcción de la identidad. “Todos hemos tenido un lenguaje y códigos propios porque son la expresión de la identidad colectiva e individual durante la época de la adolescencia. Hay una necesidad de separarse del entorno familiar para formar tu propio proyecto de vida y la máxima expresión de ese proyecto es la identidad”. En otros momentos esas señales fueron frases, música, prendas, ídolos o la incorporación a grupos como punks y emos; ahora muchas de ellas proceden directamente de las redes.
El farmeo de aura puede entenderse así como un nuevo capítulo de una historia que incluye desde los primeros foros hasta Pokémon GO y las tendencias virales de TikTok. Internet ya no funciona para los jóvenes como un espacio separado al que se entra y del que posteriormente se sale. Sus bromas, personajes, lenguajes y referencias acompañan permanentemente sus relaciones y terminan ocupando también parques y plazas. Lo que antes se construía en las pantallas para conectar a personas distantes ahora también sirve para relacionarse con quienes están físicamente cerca.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
