MARCO CAMPOS MENA
Puede que el concepto no sea algo nuevo, basta con recordar que las figuras públicas que se han hecho famosas a lo largo de los años por su talento artístico o aparición en los medios de comunicación son el precedente de quienes cobran por ser la imagen de alguna marca, ya sea en los comerciales o en los gráficos publicitarios que se usan, o si es pactado, también en la misma envoltura del producto.
La clave de cómo se desenvolvían en el pasado para formar parte de una estrategia de ventas radica en el contrato de prestación de servicios y representación de marca, un instrumento legal totalmente valido con derechos y obligaciones con ambas partes en el que se establece a claridad cómo se va a trabajar, e incluso las consecuencias por desempeño o resultados.
Hoy en día, gracias a la plataforma “YouTube” y a las redes sociales donde se miden seguidores precariamente, han proliferado una gran cantidad de individuos con intención de obtener ganancias, de negocios locales principalmente, ya que trabajar con marcas nacionales o internacionales no les resulta “conveniente”.
Le llaman colaboración. Estos individuos que abren su canal y “venden” contenido que ellos mismos generan, muchas veces nada educativo y algunas ciertamente interesante, se enfocan en obtener una cantidad grande de seguidores y como en un principio no generan ingresos, buscan a marcas locales que puedan soportar los gastos diarios o caprichos de estas personas.
Aclaremos que estas colaboraciones no están mal, pero como buen abogado, debo velar por los intereses de la parte contratante antes de aceptar cualquier trato verbal, así como también, por ser una “voz pública” al estar presente con mi contenido, tal como este artículo que está leyendo y mi radiodifusión, podría catalogárseme dentro de un segmento similar y como tal, debo conocer mis alcances para vender mi imagen, en fin, veámoslo ampliamente.
Muchos influencers neófitos generan videos que tal vez tengan 100 vistas o con suerte 1000, difícilmente 10,000 y qué decir de los cientos de miles o millones que requieren para obtener una monetización de sus contenidos suficiente para sustentar un estilo de vida…
La manera en que ellos buscan generar ingresos es mediante menciones de lugares que visitan, ya sea pidiendo una tarifa económica o productos o servicios gratis, por lo general buscan la segunda.
En el primer caso, tuve la suerte de conocer a un personaje de la televisión regia que a su vez contaba con su canal y redes para que sus seguidores pudieran ver contenido original sin tener que cerrarse a los parámetros de la televisión. Esta persona cobraba $25,000 por realizar un comercial en el que acudía a la locación, grababa y generaba contenido durante cierto tiempo, mismo que se publicaba de manera virtual en sus redes y en su canal.
Claro está que otra de las maneras de vender el contenido es mediante la realización del contenido en la locación, si el formato de programa lo permite, pero haré énfasis en lo complicado que es medir el éxito real logrado.
Tras el tiempo de publicación del contenido y finalizando el esquema contratado por el negocio, las ventas generadas fueron nulas, algo que muy comúnmente puede pasar e incluso con los más profesionales, para ello siempre es bueno segmentar el contenido y así lograr el alcance deseado.
Ahora sí, lo interesante, lo que está pasando como un fenómeno social. Los influencers que con 1000 seguidores ya exigen tratos preferenciales y que se les de todo gratis. Comenzaré con este ejemplo publicado en la red social Facebook.
“¿Han visto que ahora está de moda las famosas Ladies, Lords o influencers? ¿Gente que pide dinero o cosas gratis? Bueno, ¡NO ES BROMA!!! ¡A mí me pasó! Me citaron unos clientes para hablar de las fotos de su boda. ¡NUNCA LOS HABÍA VISTO EN MI VIDA!!! Vieron mis paquetes y me soltaron un rollo que amaban mis fotos de boda y querían que yo fuera su fotógrafa. Luego un silencio, “¿quieres ser nuestra madrina de fotos?” … y yo no entendía! Pensé que era broma jajaja ¿les ha pasado algo así? “
“Desenlace: muy políticamente les dije que era un honor que no podía aceptar. Estaba esperando la cámara escondida. Jajaja me subí al coche fúrica, no lo podía creer. En ese entonces no tenía oficina y la cita fue en un café muy caro (cuya marca no mencionaré) *. Bueno, mínimo sacaron sus cafés gratis porque yo los pagué. Lección aprendida jajaja”
En uno de los comentarios C. Perez, contesta de la siguiente manera:
“Me ha pasado como 5 veces, y simplemente les dije que estaba saturado de trabajo y no me convenía. Pero noto un patrón de comportamiento en esto, por lo regular son influencers de redes sociales sin ningún talento rescatable, porque he trabajado con artistas como Yuri, Marco Antonio Solís, Maluma etc, y pagan hasta un poquito más de lo que pediste cuando tu trabajo les gusta, jamás andarían regateando y con una humildad increíble. Bueno esa es mi experiencia con estos temas. ¡Saludos!”
Algunos negocios en redes sociales han expuesto su disgusto hacia estas personas al grado de hacer narraciones en las que, con lujo de detalle, relatan cómo estos influencers mínimamente conocidos exigen noches de hotel, alimentos, bebidas, servicios fotográficos o cualquier otra cosa de su interés gratis a cambio de grabar un video corto con su celular diciendo que están en “tal o cual lugar” y recomendándolo. Hay quienes lo han llegado a llamar extorsión, ya que, si no se les da lo que quieren, amenazan con que van a quemar al negocio en sus redes.
Durante un tiempo fue muy común ver cómo había negocios que habían llegado al punto de decir que no aceptaban influencers, una realidad difícil de creer, pero así es.
Con el fácil acceso que se tiene a una cámara, desde un celular se puede crear contenido y no por ello es comerciable, se tiene que desarrollar una base de seguidores suficientemente grande y tener una estrategia de marketing para poder vender propiamente el mismo.
Este es el ejemplo de cómo podría realizarse un buen negocio:
Se ofrece al negocio en cuestión, ahora el cliente, que se le generará contenido para redes sociales del que él mismo podrá disponer para su uso posterior. El contenido constará de un paquete de fotografías de producto y locación, video promocional, tanto el que se mostrará en las redes sociales del influencer como clips cortos que el cliente podrá usar para posteriores publicaciones en redes sociales por determinado tiempo. Se podrá utilizar el material para reproducirlo en medios impresos por determinada cantidad de tiempo y el influencer deberá compartirlo en sus redes sociales y en menciones durante X cantidad de tiempo X cantidad de veces al día. Así mismo se estipula la cantidad a pagarse en dinero o en especie y la calidad de captura y edición requerida por el cliente para su reproducción.
Esto ya es un contrato, implica derechos y obligaciones, existe un servicio real y tangible del que el negocio cliente puede obtener un beneficio y el influencer demuestra su formalidad y compromiso para brindarlo, no solo un video rápido de celular para hacer una mención corta.
Entendámoslo así, vivimos en un mundo donde todo es un negocio constante y donde los servicios deben valorarse, pero para ello, ser de calidad y profesionalismo, entonces la posibilidad de crecer aumenta, hay un beneficio real y tangible para ambos y por supuesto, queda mucho trasfondo para protección de ambos, desde la celebración del contrato hasta su cumplimiento. Un buen influencer sería capaz de emitir factura por sus servicios ya que es un ingreso y un negocio para él mismo.
Hoy en día es muy común ver a los jóvenes tomándose “selfies” y videos en tantos lugares como puedan para alimentar al monstruo de las redes sociales, pueden opinar, dar reseñas o comentarios, pero en el momento mismo en el que se busca obtener un beneficio, entran al mundo “de los adultos” ese en el que el negocio existe y hay reglas que seguir e impuestos que pagar. Seamos consientes de que, para poder exigir un beneficio o cantidad en dinero, primero se debe cumplir con la condición que establezca quien habrá de otorgarlo y dejemos atrás el exigir solo por tener un canal o una red social.
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