Horacio Cárdenas Zardoni
Creo que ya he utilizado esta anécdota como referencia, pero creo que es bastante útil e ilustrativa, y que incluso podría servir como elemento de comparación, de lo que podría, o quizá valdría la pena ponerlo así, lo que debería pasar en nuestro país en el corto plazo.
La anécdota es esta: eran los tiempos del segundo período presidencial de Richard Nixon en los Estados Unidos, y se había desatado el escándalo de espionaje electoral conocido como el Caso Watergate, derivado de una investigación del periódico The New York Times. Eso pasó hace más de cincuenta años, y para quienes le dieron el obligado seguimiento, salía en todos los periódicos y noticieros de la época, acaparaba la atención del mundo, era imposible sustraerse a la influencia, y un poquito también al morbo. La gente del tiempo no sabía lo que iba a pasar ¿de veras renunciaría el presidente del país más poderoso del planeta?, ¿se las arreglaría él, su gabinete, su partido, para idear alguna salida que le permitiera, al menos, terminar su administración?, ¿alguien iría a la cárcel por los delitos que se hubieran podido cometer?, el caso fue avanzando, y la anécdota que recuerdo yo es que en un noticiero hacían un análisis de quienes eran los involucrados en el affaire. El comentarista los iba nombrando, de presidente para abajo, y me llamó la atención que de unos decía que ya habían renunciado al cargo que tenían, y que se mantenía vacante. El análisis tendría que servir para determinar quién ocuparía el puesto de presidente si Nixon renunciaba, y dado que su vicepresidente y su secretario de estado estaban también metidos en el asunto hasta el cuello. Y así iban haciendo el recorrido, este, aquel, el otro, el de más allá, todos estaban involucrados… todos hasta que llegaron al director de telégrafos, un señor de nombre Gerald Ford, tan gris, tan insustancial, que ni siquiera nadie había considerado útil meterlo al ajo. Pues él se convirtió en presidente, por ser el único inocente.
Bueno, pues ahora que estamos (están) hasta las pestañas con lo que los malquerientes de la cuarta transformación han bautizado como el ‘narcogobierno’, se nos ocurre que sería interesante, y muy conveniente hacer un análisis de quienes son culpables de vínculos con bandas del crimen organizado y el narcotráfico, y quienes son inocentes. Inocentes cuando menos de eso, de acusaciones de corrupción, desviación de fondos, tráfico de influencias, ineficiencia y otros, esos son aparte. Estamos solo con los señalados como colaboradores o facilitadores, o de plano socios del crimen organizado.
Ya hay un gobernador defenestrado, que están protegiendo y que harán todo lo posible para regresarlo al poder, también hay un alcalde, que también dejó el cargo, de los dos que se entregaron, uno era el de seguridad pública y el otro el de finanzas, para centrarnos solo en los peces grandes. Pero los mensajes que han enviado diversos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, desde el Departamento de Justicia y el de Guerra hasta el presidente Trump, es que no se conforman con morralla, van por más, ¿o será que van por todo y todos?, y es esto lo que nos preocupa, más bien nos da curiosidad ¿hasta dónde van a llegar?
Porque hay peces grandes y mojarritas. Entre los peces grandes se menciona a uno que es secretario de educación pública de la administración de Claudia Sheinbaum, se menciona por lo menos a los gobernadores de Tamaulipas, de Sonora y la de Baja California, aunque en otras listas se incluyen hasta el de Zacatecas y el de Michoacán, también el de Tabasco y a varios ex, entre ellos el de Chiapas que tienen allí en corto, dizque trabajando de cónsul en Miami.
Y la pregunta ¿serán esos todos?, ¿se conformarán con la cabeza de cada gobierno estatal, o irán también por sus operadores, porque ninguno de estos hacía las cosas solo?
Eso hablando de los mandatarios estatales, pero también se menciona y probablemente hayan estado o sigan metidos, integrantes del gobierno federal, del anterior y del actual, y aquí, lo han comentado algunos analistas, se corre el riesgo de que las acusaciones bajen al nivel de obstrucción de la justicia, encubrimiento, protección, no solo a criminales sino a terroristas, y entonces hasta a la presidenta Sheinbaum y al expresidente López Obrador podría lloverles en su milpita…
¿Llegarán tan alto las acusaciones y la persecución, o le sacará la vuelta a este o aquella? ¿Se meterán con las intocables instituciones del Ejército y la Marina?
De que hubo muchos involucrados, los hubo, de que quedan algunos manejando el negocio, también. A la administración del presidente Donald Trump le quedan dos años y medio para hacer un montón de cosas, en el mundo y en México, ¿pero será todo lo que le gustaría hacer, o se conformará con lo que el tiempo permita?
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