Adela Navarro Bello
En ocasiones diversas víctimas mexicanas han encontrado justicia en el extranjero al tiempo que en la tierra propia impera la impunidad. Ahí está, por ejemplo, y vayamos considerando un magnicidio, el caso del cardenal de la Iglesia Católica en Jalisco, Juan Jesús Posadas y Ocampo. El crimen sucedió un 24 de mayo de 1993 en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional de Guadalajara.
De acuerdo a la versión oficial, la de la entonces Procuraduría General de la República, el prelado fue asesinado en un enfrentamiento entre los líderes del cártel Arellano Félix, los hermanos Benjamín y Ramón, y el del cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, el Chapo. El trío de capos antagónicos sostenía una insana guerra que ya había derramado sangre por todo el país en su intento por matarse unos a otros. Aquel día de mayo de 1993 supuestamente los criminales asentados en Tijuana habrían confundido el auto en el que se trasladaba Posadas, con el que utilizaba el Chapo y lo atacaron de forma directa, asesinando al católico en el acto con once directísimos impactos de bala.
En México, a pesar que fueron señalados como los autores, ni Benjamín ni Ramón Arellano, ni Joaquín Guzmán, fueron sentenciados por el asesinato del Monseñor católico, aunque algunos de sus subalternos, en calidad de autores materiales sí llegaron a ser procesados y sancionados. Ramón Arellano fue muerto en el año 2002, meses después ese mismo año su hermano Benjamín detenido en Puebla y en el año 2011 extraditado a los Estados Unidos, donde fue condenado a una pena de 25 años de prisión, pero sin ser sentenciado en México por el homicidio del cardenal Posadas; Joaquín Guzmán fue aprehendido en tres ocasiones por el gobierno mexicano, en todas con apoyo del gobierno de los Estados Unidos, y finalmente extraditado a aquel país en 2017 donde le sentenciaron con cadena perpetua al tiempo que en el país quedó impune por el atentado en el que arrebataron la vida al prelado.
Hasta hace unos días, la colaboración entre los gobiernos de los Estados Unidos y el de México, había sido para combatir al crimen organizado, finalmente el tema de las drogas es por decir lo menos, binacional, considerando que el territorio nacional es la base de operaciones de los cárteles de las drogas que importan o producen estupefacientes que son trasegados hacia la Unión Americana. Los cárteles suelen ser binacionales, así como tienen células que producen, distribuyen, trafican y venden drogas, tienen representaciones allende la frontera para concretar el negocio ilícito internacional, no solo en materia de drogas, cuanto más en lavado de dinero, tráfico de armas, de personas o de químicos.
Pero a partir del 2018, a pesar que las extradiciones de criminales mexicanos continúan con destino a los Estados Unidos, la política federal cambió. De los abrazos no balazos del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, se ha transitado a la política de la defensa de la soberanía de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. En ambos casos las relaciones bilaterales en tratándose de combate al crimen organizado, se han fraccionado a partir de aprehensiones de conocidos criminales y el señalamiento sobre notorios políticos ahora del lado de Morena.
De manera particular la aprehensión en el Aeropuerto de Los Ángeles, California, en octubre de 2020 y la detención de Ismael Zambada García, el Mayo, en julio de 2024 en el Aeropuerto de Santa Ana en Santa Fe, Nuevo México, alejaron al gobierno mexicano de la cooperación, y lo llevaron en dos voces presidenciales, a exigir no solo pruebas sino condiciones de las detenciones que, hasta la fecha, siguen siendo causa de defensa.
El caso se complica y embrolla el discurso oficial de la presidenta de la República cuando este año el departamento de justicia de los Estados Unidos incluye en una averiguación previa en aquel país y una acusación formal en una Corte de Distrito en Nueva York, al ahora gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a nueve de sus asociados políticos y gubernamentales. Para defender a su partido Morena y a los gobernantes emanados del mismo, la mandataria nacional se arropa en la bandera de la soberanía, aunque queda claro que la investigación en Estados Unidos con detenidos y extraditados en aquel país, con cárteles binacionales, no es intervencionismo ni injerencista ni atenta contra la soberanía como sí contra la imputados de manera personal, particular y directa.
La discursiva del domingo 31 de mayo con la que presuntamente celebró la presidenta los dos años de triunfo en las urnas se convirtió en una diatriba contra los señalamientos de los Estados Unidos contra políticos mexicanos, clasificando las investigaciones al otro lado de la frontera como injerencistas: “México no acepta injerencias, somos un país libre, independiente y soberano (…) México no es piñata de nadie. Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable, y quién no, cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera, cuando se normaliza la idea de que otro país puede intervenir en asuntos que solo les corresponden a los mexicanos, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”. Es evidente, se refiere al caso Rocha y secuaces, pero inmiscuye a los mexicanos todos en una pretendida defensa de la patria.
Un día después del mitin político a la defensa presidencial de los funcionarios emanados de Morena, el Embajador de los Estados Unidos en México, Ronald Johnson, publicó en su cuenta X lo que parece ser una respuesta a la titular del Ejecutivo mexicano: “La lucha contra los cárteles debe unirnos, no dividirnos. Las personas en ambos lados de nuestra frontera desean vivir con seguridad y en paz. Merecen vivir libres de la intimidación, la corrupción y el miedo que generan los cárteles. Cada momento que dedicamos a convertir este desafío compartido de seguridad en una discusión política, es una oportunidad perdida para fortalecer nuestra cooperación y proteger a las personas a las que servimos”.
Tal reflexión, basada en la cooperación que por sexenios había sido oficial, la emitió el Embajador como respuesta al discurso de la presidenta en el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México, que, de hecho, fue replicado y transmitido en los Estados de la República en los cuales gobierna Morena.
Así, Morena en el poder está politizando el combate al crimen organizado en el extranjero. El martes siguiente al mitin presidencial de nueva cuenta fue tema en la conferencia matutina de la doctora Sheinbaum, quien recomendó a diplomático norteamericano: “Es importante que el embajador se quede en el tema bilateral y que respete los asuntos internos de nuestro país, porque los asuntos de México le corresponden a las y los mexicanos. Importante recalcarlo”.
Lo que correspondería, no a los mexicanos, sino al gobierno que ella representa y a la FGR que también encabeza una morenista, es investigar en casa la corrupción señalada localmente y en el extranjero, como el caso de Rubén Rocha Moya y sus secuaces, o el del “Mayo” Zambada que en México sigue impune al tiempo que es procesado en los Estados Unidos, o el de los hijos del “Chapo” Guzmán, dos de ellos en Estados Unidos, uno de hecho extraditado por su gobierno a la Unión Americana y sin una sola orden de aprehensión o investigación abierta en México, casos paradigmáticos de que las victimas suelen encontrar la justicia en tierra ajena y no en la propia.
En una avanzada a lo que se viene, la presidenta también arengó a los políticos, es de pensarse que a los emanados de su partido dado que son quienes en la gran mayoría ostentan el poder en México, a no “temer si les retiran la visa”, y alertó que está medida podría ser considerada como “injerencia del extranjero” en los procesos electorales que se aproximan en el país; “todo aquel diputado, senador o funcionario público que tenga temor de que le quiten la visa pues que no tenga temor, hay que decir la verdad, hay que ser valientes”, dijo.
En varias ocasiones diversos secretarios de estado de los Estados Unidos, Embajadores y Cónsules han referido sobre el tema: “la visa no es un derecho, es un privilegio”, y ciertamente la forma que ha encontrado la administración de Donald Trump de marginar a políticos de los cuales sospecha de manera directa o por relaciones con segundas o terceras personas involucradas para alejarlos de su país y solicitar a sus ciudadanos no hacer relaciones con estas personas desvisadas.
El primer político al que le retiraron la visa para entrar a los Estados Unidos fue al entonces priísta Jorge Hank Rhon, allá por el año 2009. El hijo de Carlos Hank González, y detenido en múltiples ocasiones en México y siempre liberado, es fecha que no consigue que el documento migratorio le sea concedido de nueva cuenta. Por entonces Andrés Manuel López Obrador ya había realizado su primera campaña por la presidencia de la República y se encaminaba hacia la segunda, pero en ningún momento criticó el hecho que a Hank le hubiesen retirado la visa, ni de intervencionismo, ni de injerencia ni de nada. Por cierto, hoy día los hijos del también ex reo por acopio de armas coquetean con Morena en términos políticos-electorales en Baja California.
El primer caso de Morena y de la revocación de una visa a un gobernante en funciones en el país, fue el de la gobernadora bajacaliforniana, Marina Ávila Olmeda en mayo de 2025, y de ahí siguieron otros, como Rubén Rocha Moya a quien también hace un año le retiraron el documento migratorio para entrar a la Unión Americana, y han revelado fuentes gubernamentales de los Estados Unidos que el retiro de visas continuará, sobre políticos de los que sospechen o tengan la certeza, con “pruebas abundantes”, como dijo la jueza Katherine Polk en la audiencia inicial a Gerardo Mérida Sánchez, el ex secretario de seguridad de Rocha Moya que el 11 de mayo se entregó a las autoridades norteamericanas.
Pero ya la presidenta envía el mensaje, el retiro de visas no es algo que temer, y podría ser injerencia político electoral del gobierno de Estados Unidos para México. Y así la presidenta Sheinbaum les ha puesto el huarache a los morenistas antes de que se espinen. Algo sabrá ella que aún no anticipa el pueblo bueno y sabio.
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