La líder opositora venezolana María Corina Machado recibió el Premio Nobel de la Paz como un reconocimiento a la lucha colectiva por la libertad en Venezuela, en medio de la represión del régimen de Nicolás Maduro. Desde la clandestinidad, denunció la presencia de “fuerzas del crimen” en el país y reafirmó que la transición debe darse sin impunidad, pero con justicia
Redacción Más
“Estoy abrumada”. Así resume María Corina Machado, líder opositora venezolana, el aluvión de emociones tras ser notificada como ganadora del Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento que –dice– no esperaba y que asume no como un mérito personal, sino como el símbolo de una lucha colectiva por la libertad en Venezuela. Desde la clandestinidad, donde permanece desde hace más de un año, la política de 58 años rompió su silencio en una entrevista con el diario El País, donde abordó el significado del galardón y la encrucijada que atraviesa su país.
Machado, líder del movimiento Vente Venezuela, no disimula el peso emocional del momento. Su voz se entrecorta al inicio de la conversación. Confiesa que aún no ha podido responder todas las llamadas, ni siquiera las de sus hijos. Entre felicitaciones internacionales, críticas y silencios –como el del Gobierno español, que aún no se ha pronunciado–, la opositora venezolana afirma con firmeza que el premio no es solo para ella: “Es un reconocimiento a los venezolanos en el momento más importante de nuestra vida republicana”.

La entrevista con El País se da apenas horas después del anuncio del comité noruego. El reconocimiento se produce en un contexto de represión sostenida por parte del régimen de Nicolás Maduro y de una creciente articulación internacional en torno al futuro democrático de Venezuela.
Machado recordó los altos costos de la resistencia: miles de asesinatos, más de 20 mil ejecuciones extrajudiciales desde el chavismo, casi un millón de exiliados y cientos de presos políticos. “Aquí hay un país que ha dado hasta la vida misma por la libertad”, sostuvo.
A pregunta expresa sobre una posible incursión militar estadounidense, María Corina evitó respaldar abiertamente una intervención, pero recalcó que Venezuela ya está ocupada, no por un ejército extranjero, sino por lo que ella denomina como “fuerzas del crimen”: grupos guerrilleros, carteles, y agentes de países como Cuba, Irán y Rusia. “Cada uno de estos gobiernos tiene que tomar una decisión: o están con el pueblo de Venezuela o están con un cártel narcoterrorista”, advirtió.

Durante la conversación, la dirigente confirmó haber hablado con el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, uno de los nombres que también sonó como posible ganador del Nobel. Aunque evitó dar detalles sobre esa llamada, expresó su agradecimiento y respaldó la línea dura adoptada por el exmandatario frente al régimen de Maduro: “Esto no es una dictadura convencional. Esto es una tiranía que ha derivado en un sistema narcoterrorista. Se trata de desarticular un sistema criminal. Se trata de salvar vidas”.
Sobre las maniobras militares estadounidenses cerca de Venezuela, Machado fue clara al afirmar que la presión es una herramienta legítima frente a una estructura criminal que solo cede cuando se le cortan sus fuentes de financiamiento. Recordó que el régimen ha sobrevivido del narcotráfico, el contrabando de oro, armas y seres humanos. “Frente a una tiranía de este tipo se requiere fuerza moral, espiritual y física. La libertad hay que conquistarla”, dijo.
Al abordar la posibilidad de una transición ordenada, reiteró que el 90% de los venezolanos desea lo mismo: cambio. Rechazó que el país corra el riesgo de convertirse en un nuevo Afganistán o Libia, e insistió en que la sociedad venezolana está organizada y preparada para un proceso que devuelva la estabilidad institucional. Sin embargo, dejó claro que la responsabilidad recae en Nicolás Maduro: “Le digo: Maduro, váyase ya por la paz de Venezuela”.
Sobre una eventual negociación, la líder opositora señaló que está dispuesta a dialogar, pero dejó en claro que no habrá espacio para la impunidad. Aunque evitó dar detalles sobre las líneas rojas de ese proceso, aseguró que cualquier entendimiento se conducirá con “rigurosidad y transparencia”, y que no habrá venganza, sino justicia.
Desde su escondite, la distancia no ha sido un impedimento para continuar liderando un movimiento que, asegura, se ha reorganizado en silencio, con sigilo y eficacia. Destacó que su estructura política, basada en “comanditos” de más de un millón de voluntarios, sigue activa, a pesar de la represión. “Si algo tiene la sociedad venezolana hoy es un nivel de organización como pocas sociedades, a pesar de tener que haberlo hecho en clandestinidad”, afirmó.

María Corina también expresó su deseo de que los millones de venezolanos que han tenido que emigrar puedan regresar pronto a su tierra. “Yo los quiero a todos de vuelta y rápido”, expresó con emoción. Y aunque reconoce que el proceso hacia la libertad será complejo – “estos tipos acabaron con todo” –, también se muestra optimista y convencida de que Venezuela está en el umbral de una transición histórica.
El Premio Nobel de la Paz, más que una consagración personal, se convierte así en el estandarte de una nación que lucha, resiste y espera. “Nunca hemos estado tan cerca de la libertad como en este momento”, asegura. Y mientras su figura emerge con fuerza en la escena internacional, su mensaje sigue siendo claro: en Venezuela, la paz solo llegará cuando termine la tiranía.
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