Horacio Cárdenas Zardoni
Gentrificación es una de esas palabras que se han puesto de moda en los años recientes. Mucha gente la ha adoptado, sabiendo exactamente, o más o menos qué significado tiene y en qué contextos se utiliza, o de plano sin saber ni interesarse por averiguarlo, pero por estar de moda, y además sonar elegante, ha pegado mucho en algunos ambientes.
De hecho, se trata de un anglicismo, porque la palabra original es gentrificación, palabra en inglés que se refiere a cómo una comunidad, una ciudad o un barrio, van cambiando el perfil de sus habitantes, normalmente de clase baja o media baja, a clase media alta, los gentry, personas que se definían en otras épocas, y quizá todavía, como integrantes de la ‘baja nobleza’, o ‘pequeña aristocracia’, por lo general gente de dinero y propiedades, que sin embargo carecían de un título de nobleza.
Cualquier barrio, colonia o fraccionamiento puede cambiar, puede mejorar, si sus habitantes originales logran ingresos superiores a los que percibían cuando llegaron a vivir allí, pero también puede empeorar, esto debido a cualquiera de los procesos o impactos económicos que registra una sociedad a lo largo del tiempo, también aquí juega un papel importante el mero paso del tiempo, que incide en que la gente se retira de trabajar, deja de tener el mismo nivel de ingresos que disfrutaba, y que los obliga a restringir su gasto, y no pocas veces, a aprovechar el espacio de su casa para poner algún negocito, con que ayudarse, pero el impacto en la colonia es de deterioro, pasando de lo residencial a algo más popular. También hay la posibilidad de mantenerse igual, pero esto es más la excepción que la regla.
Lo que se considera normal es que los barrios vayan mejorando. Si la gente que ya vive allí termina de pagar su casa, es muy probable que el dinero que le comienza a sobrar de sus ingresos normales, lo destine a mejorar su vivienda. Sea construyendo más habitaciones, sea echándole un segundo o hasta un tercer piso, renovándola o remozándola, y cuando esto llega a ser posible, comprar la casa de junto para ampliarse. La mejora puede ser de mil formas distintas, pero la regla es, disculpe la repetición, mejorar.
¿Pero qué pasa cuando colonias que fueron planeadas de inicio como residenciales, comienzan a subdividir las propiedades, con la finalidad de construir departamentos, dúplex, o de plano derribar las casas grandes que eran, para erigir edificios de departamentos en renta o venta en condominio? Allí difícilmente aplica el término gentrificación, porque, aunque las unidades habitacionales que se creen sean muy costosas, básicamente por ser nuevas y contar con ciertas amenidades modernas, en la práctica no se está obteniendo un nivel de vida superior al que tenían quienes habitaban allí antes, sino uno peor.
Pongamos por ejemplo uno de los últimos proyectos constructivos autorizados por el cabildo de Saltillo. Se trata de un edificio que albergará diez departamentos, que estará ubicado en un terreno de 650 metros, presumiblemente en la colonia Latinoamericana, aunque la nota en que se dio a conocer la información hablaba de la colonia República.
Así por lo aritmético, no es lo mismo que una sola familia disfrutara de 650 metros cuadrados para una vivienda unifamilar, que diez familias, o parejas, o personas solas, vivan en 65 metros cuadrados, meramente por la división de 650 entre 10. Eso sería si todas las viviendas estuvieran a nivel de suelo, que no creo, seguramente se trata de un edificio de pisos ¿cuántos?, pueden ser dos, tres, cinco, lo que nos va dando una proyección distinta de cuantos departamentos por cada planta. Algunos preferirían un solo departamento por piso, muy elegante y amplio, lo más normal es que sean varios, con lo que se abaratan costos, que eso es sin lugar a dudas lo que más les interesa a los desarrolladores inmobiliarios, no la comodidad, la seguridad, ni ningún otro factor con los que suelen aderezar sus discursos de venta.
No han comenzado a construir, no han informado al público, sobre todo a los vecinos, de qué tamaño serán los departamentos ni cuantos cajones de estacionamiento tendrá asignado cada uno, la autoridad suele darse por servida con uno solo, y dos es un argumento de venta bastante convincente en estos tiempos en que todo el mundo tiene carro, ya tres por unidad, o un área para visitas, es un lujo de primer orden, además de que quedarían bien con los vecinos, a quienes no incomodarían los vehículos de los proveedores, servicio o visitantes.
Ponga que se anuncie como un desarrollo de lujo, con acabados de primera calidad, y todos los elementos de la retórica de mercadotecnia, pero no se deje engañar, jamás el departamento, por bien puesto que esté, sustituirá a la casa que allí hubo, o la que pudo haber existido cuando la colonia era exclusiva para residencias unifamiliares. Y sí, le dirán que la Latino y la República se están gentrificando, no hay peor mentira que esa, se está pauperizando, no a nivel de colonia popular… todavía, pero no muy por encima.

