LA DESEADA GENTRIFICACIÓN

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Según la ONU Habitat, el Programa de la Organización de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, por gentrificación se entiende el fenómeno cuando un proceso de renovación y reconstrucción urbana se acompaña de un flujo de personas de clase media o alta que suele desplazar a los habitantes más pobres que las áreas donde se da la intervención. Sin consultar con el Colegio de Arquitectos, que son los que le saben a eso, el programa emprendido por el gobierno municipal de Saltillo, si no tiene ese objetivo, si conducirá a un ejemplo clásico de gentrificación.

Normalmente esas cosas las observan, las analizan y las documentan los académicos, arquitectos, sociólogos y hasta historiadores, mientras tanto, quienes las padecen son los habitantes de las zonas urbanas que dejan de ser lo que habían sido. El fenómeno es bastante complejo, sin entrar en trabajos de abstracción, las personas nacen y crecen en sus barrios, durante su vida, ven cómo se van transformando sus calles y vecindarios, y no es raro escuchar que están a disgusto con los procesos que se van dando en las ciudades.

Los asentamientos humanos, y aquí una típica verdad de Perogrullo, están conformados por seres humanos. Al igual que las personas, los barrios, las colonias y las ciudades mismas, viven procesos de transformación continuos y permanentes, lo raro sería que se detuvieran en el tiempo, por más que en la mente de muchos de los habitantes, ese sería el ideal.

A veces los barrios mejoran… otras veces empeoran, pero difícilmente puede decirse que se mantengan igual. Sucede que en las colonias que se concibieron como de clase baja, las familias van mejorando su nivel de ingresos, lo cual reflejan en las ampliaciones y remozamientos que van haciendo a sus casas, no siempre con la mejor fortuna, pues rara vez echan mano de un arquitecto para que les diseñe lo que sería más adecuado.

En las colonias de clase media alta ocurre lo contrario, el nivel económico lo tenían de entrada, y son demasiados casos en los que no se puede sostener. Así vemos que casas que eran “buenas” según el amplio concepto que cada quien pueda tener de eso, las vemos cada vez más, convertidas en negocios, todas o en parte, con accesorias en las que se instalan comercios de lo más variado, quitándole a la colonia el sabor de relativa abundancia que alguna vez tuvieron, y que tanto se añora.

Es algo, si no natural, entendible, el esfuerzo va rindiendo frutos, y al revés, la falta del mismo va ocasionando decadencia. Es una manifestación más de la ley del péndulo que se aplica en muchas situaciones humanas.

Pero es ahora que le toca a Saltillo vivir su propio proceso de gentrificación, ni más ni menos que en el centro mismo de la ciudad, que no es necesario decirlo, es la capital del estado de Coahuila y asiento de los poderes públicos, si bien salvo el ejecutivo, los otros hace mucho que se mudaron del casco principal de la antigua ciudad.

Quién sabe cómo hubieran sido las cosas si Óscar Flores Tapia no hubiera sacado del centro al Ayuntamiento, y dispuesto un sitio especial para el Congreso y el Tribunal Superior, que luego ambos, sobre todo el último, requirieron nuevos edificios, estacionamientos, anexos y demás. Si los pusiéramos en línea, solo para efectos de ilustración, capaz que entre los tres poderes y el ayuntamiento, ocupaban toda la Calles Victoria, desde Ignacio Allende hasta la Alameda Zaragoza. Ni que decir que el movimiento de gente sería muchísimo mayor de lo que es ahorita, que nadie puede decir que sea poco.

Flores Tapia se llevó las oficinas, y sí, el primer cuadro decayó bastante, de no ser por el Palacio de Gobierno, y bueno, obvio, la Catedral, se hubiera quedado mucho más solo de lo que está, y eso que el palacio realmente no alberga ni de lejos, la totalidad de las oficinas gubernamentales, y la gente prefiere ir a la iglesia que le queda cerca, que ir al centro a los servicios religiosos, con excepción, tal vez, de casarse.

El caso es que ahora se pretende una gentrificación del centro, pero no una que pudiéramos calificar de natural, es decir, por el libre juego de los inversionistas que quisieran adquirir propiedades en la zona para rehabilitarlas y darle un toque más señorial que moderno, que es lo que pueden encontrar o crear en otras zonas de la ciudad. No, lo que se busca es una gentrificación inducida, promovida desde el propio gobierno municipal, en un proyecto que todavía tiene pendiente demostrar que la visión era la correcta, y que pruebe sus bondades.

La última nota que vimos al respecto, citaba al Colegio de Arquitectos como fuente, y decía que gracias al proyecto Paseo Capital, las propiedades en el centro histórico, refiriéndose a las inmediatas a las obras que se realizan, podría registrar un incremento en su plusvalía de hasta un 25%.  Esto desde luego que suena atractivo… para quienes tienen casas y edificios, para los que no… es una orden de desalojo con todas sus letras.

Imagínese que durante dos o tres generaciones, la gente ha ocupado una casa de renta, una vivienda en una vecindad, de las que hay un buen número en el centro, y de repente llega el dueño y les dice ¿qué creen?, que como ahora el centro está más bonito, más gentrificado o como se diga, en vez de mil pesos de renta, van a tener que pagar mil trescientos o mil quinientos, o incluso más… por el mismo cuchitril, ah pero eso sí, tendrán la oportunidad de seguir viviendo en la zona más “chic” de Saltillo, el mismismo Paseo Capirucha… y la amenaza subrepticia, y si no quieren pagar o no pueden pagar, mucho les agradecerían desalojar a la brevedad, que siempre habrá gente con mayor poder adquisitivo que quiera venir a ocupar un espacio en el mismísimo corazón de la ciudad, en el que el olor a humedad se confunda con el aroma de la historia…

Que también está la posibilidad de que, si la gente se va desalojando de las antiguas casas de renta, el dueño pueda sentirse inclinado a derribarlas y hacer edificaciones nuevas, más productivas, de las que pueda obtener una mayor rentabilidad, o incluso venderlas muy por encima del valor que han tenido durante las últimas décadas. Ahora que… ni pensar en hacerse de una propiedad en el centro, eso es solo para potentados, o para instituciones. Recuerde la intención de hace algunos años de comprar el Casino de Saltillo, en contra esquina del Palacio de Gobierno y frente a la Catedral, la cantidad de que se habló, 20 millones, no alcanzaban ni para comprar un terreno de razonable extensión en otro lado, menos hablar de un edificio comparable.

Total que nos van a gentrificar a fuerzas. A los pobres los van a echar fuera, vendrán ricos y turistas, y eso durará… ni crea que tanto tiempo, porque al rato el péndulo oscilará en sentido contrario, y esos barrios elegantes se llenarán otra vez de pobres… mientras, viva el ensueño de un Saltillo elegante en pleno centro.


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