Horacio Cárdenas Zardoni
El concepto de gentrificación es relativamente nuevo, más bien el término, porque la práctica es algo que se ha venido dando desde hace muchísimo tiempo, pero como es algo que por lo general ocurre a espaldas de la población en general, y se oculta en nuevos desarrollos inmobiliarios, solemos tener la impresión de que es un algo que trae beneficios a la sociedad. Y ponga que sí, así es, pero no a todos los integrantes de la sociedad.
Esto de la gentrificación es un poco como aquella expresión que hemos escuchado en muchas familias, fulano o fulana se casa con equis, para mejorar la raza… sí, aquel o aquella es más blanquito, menos chato, más alto, y a eso le atribuyen la virtud de que nos quitará lo prieto, lo chaparro, lo pelo parado a los de casa. La gentrificación lo que trae es gente con más dinero al barrio, la colonia o el fraccionamiento, y ya esto se supone que en automático nos va a volver como ellos… nada más alejado de la realidad. Los que llegan, lo hacen para desplazar a los que estaban, y lo hacen muchas ocasiones de las maneras menos agradables y justas, más bien se trata de una toma hostil de los nuevos, del espacio que ocupaban los viejos.
Desde luego que no nos vamos a ubicar junto con aquellos que quieren que las cosas permanezcan inalteradas para siempre, esto simplemente no puede ocurrir, en ningún ámbito de la vida, y en la vida colectiva menos. A lo mejor se enteró, y si no, aquí se lo platicamos. De repente hace unas décadas, a los franceses se les ocurrió “intervenir” en el antiquísimo Palacio del Louvre. Este, que es uno de los íconos de la arquitectura, la cultura y la forma de ser de los franceses, enfrentó el proyecto y luego la realización de una obra bastante discordante. Le plantaron una pirámide de vidrio en medio de la plaza. El asunto no era solamente estético, con la obra, se ampliaba la superficie del museo, se hacía más cómodo el ingreso, pero en general el objetivo era romper con la idea de que las cosas viejas deben quedarse así como están para siempre. Hoy la pirámide forma parte del conjunto y ni quien recuerde que antes era una plaza como tantas.
Bueno, pues las ciudades, la nuestra entre ellas, tienen que evolucionar, tienen que adaptarse, adecuarse, ¿a qué?, pues a todo: el clima, la precipitación pluvial, al aumento de la población, al envejecimiento, a la mejora o empeoramiento de sus condiciones económicas, a todo esto, pero la condición es, o debería ser en todo momento, que no dejara de contemplar a cada uno de los integrantes de la sociedad, sin dejar a uno solo fuera, y allí es donde.
La gentrificación, como se ha venido dando en ciudades de todo el mundo y en algunas de México también, consiste en ir comprándole sus casas y departamentos a la gente que habita en ellos, eso cuando son de su propiedad, y cuando son de renta, pues negocian con el dueño, y los inquilinos son desalojados ¿a dónde?, a donde puedan encontrar otro espacio que les cobre lo mismo que pagaban acá, si es que lo consiguen. Para ellos, en general, la gentrificación lo que trae como consecuencia es una disminución de su nivel de vida, rara vez suben.
Allí donde se tiran casas de adobe o ladrillo con cierto grado de decrepitud, talleres, fábricas, milpas, granjas, se edifican nuevas viviendas, siguiendo la tendencia más moderna, en una disposición vertical, que para ciertos efectos es la más económicamente conveniente, aunque no desde el punto de vista de la accesibilidad para quienes padecen algún tipo de discapacidad, ni el de los costos de sostenimiento, que son muchísimo más elevados que lo que antes pagaba por concepto de mantenimiento, aire acondicionado, subir el agua a cada piso, cuidado de áreas comunes, entre otras.
La lógica más elemental, un poco a la manera de Henry Ford, quien pensaba que los primeros que deberían poder comprar sus automóviles, eran quienes los fabricaban, los primeros candidatos a ocupar los espacios que se crean con la gentrificación, deberían ser los que vivían allí antes, pero no, sus ingresos no les permiten esta clase de lujos, porque en eso es en lo que se convierten sus antiguas viviendas, en departamentos de lujo, el cual en la gran mayoría de los casos, no están en condiciones de poder pagar.
Ni que decir que Saltillo se está gentrificando a pasos agigantados. Por distintos puntos de la mancha urbana, principalmente al norte, están surgiendo desarrollos inmobiliarios, a los cuales sus promotores les llaman, sintiéndose muy distinguidos, elegantes y hasta parisinos, “distritos”. Si los tales desarrollos se dieran en terrenos en breña, ni quien dijera nada, pero sucede que no es así, se van allí a quitar, o querer quitar a gente que tiene asentada en esos espacios generaciones, o si no a quitar, sí a “avecinarse”, de cierta manera que no deja de parecer prepotente, pues sus solas formas, ya hablan de cierto carácter discriminatorio, por más que traten de disfrazar su actitud detrás de cara, voz y gestos de “buenaondita”, son personas que exhiben que tienen un poder adquisitivo superior a los que estaban y que desplazan.
Porque no le busque, la gentrificación es un fenómeno económico. Si antes la gente podía vivir en cierto sector con un salario mínimo y los satisfactores que este puede comprar, ahora necesita cinco, seis o más, mismos que no está en posibilidad de obtener con su estilo anticuado de ser y ver la vida. Este es el lado brutal de la gentrificación, que por el otro lado y como comentamos líneas arriba no deja de ser inevitable.
En Saltillo está por llevarse a cabo el próximo día 11 de noviembre un Foro sobre Gentrificación, con un enfoque interesante, ¿qué papel juegan los vecinos en un fenómeno del que es imposible sustraerse? El Foro tendrá sede en el Aula Magna de la Universidad Autónoma de Coahuila, y a pesar del sesgo académico que tiene, no quita que sea un evento totalmente organizado por agrupaciones de vecinos, principalmente la de los Defensores del Nogal, que todavía se recuerda, lograron atraer la atención de la sociedad y de las autoridades con un objetivo muy claro y simple, salvar al árbol.
La gentrificación ha llegado para quedarse, pero esto no quiere decir que se acepte tal cual, con sus aristas económicas y discriminantes. La intención de los organizadores es hacer conciencia de lo que se viene a cada vez más colonias de Saltillo, a las que puede golpear de manera significativa, si es que no se preparan antes para ello, para negociar, para ser valoradas y tenidas en cuenta, para convivir antes, o en vez de ser desplazadas. Téngalo en cuenta, esto es parte del presente y lo será más del futuro, conviene irse enterando.
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