Esperando una señal

Por Enrique Abasolo

El doctor Michael Hfuhruhurr (interpretado por el espléndido Steve Martin) le pide a su difunta esposa que lo mira desde el retrato que cuelga en la pared, le mande una señal, una pequeña señal apenas si es que, desde el Más Allá, ella desaprueba la relación que él está iniciando con su nueva novia.

En ese momento se desata una tormenta eléctrica, las luces se van, los muros comienzan a agrietarse, toda la habitación se cimbra por un terremoto sobrenatural, el retrato comienza a dar vueltas sin control, se escucha una voz de ultratumba que implora dolorosamente “¡nooooo!”, la casa está por unos instantes a merced de la inclemencia de los elementos y…

Luego de un rato todo vuelve a la calma. El doctor Hfuhruhurr impávido repone: “Te pedí por una pequeña señal… ¡Y la seguiré esperando!”.

La escena todavía me desternilla y es la que mejor recuerdo de “The Man With Two Brains” (Carl Reiner. 1983).

Aunque es una comedia de absurdos totales, en el mejor estilo de la tripleta ZAZ (Zucker, Abrahams y Zucker), este momento me parece especialmente mordaz por su ácido comentario sobre la naturaleza humana, de que una vez que nos encaprichamos con algo, no hay fuerza de éste o del otro mundo capaz de disuadirnos.

En este caso, el médico (un científico loco, pero de buen corazón) está completamente perdido por una chica cuya belleza confunde con inocencia y bondad… Sin embargo, es todo lo contrario, una arpía infiel e interesada, la muy “bitch”.

Y aunque las perversas intenciones son por demás evidentes, como ya dijimos, una vez que a uno le dan a beber esa ancestral pócima conocida como “agua de calzón”, no hay señal que valga, advertencia que disuada o  posible consecuencia que nos haga reconsiderar.

Del cabecita blanca favorito de Hollywood (Martin) tenemos que hablar necesariamente del cabecita blanca consentido de México, Andrés Manuel López Obrador, que también tiene algo de comediante y algo de científico loco (según él, nada tiene mucha ciencia ni requiere demasiados conocimientos; ni la extracción de hidrocarburos, ni la implementación de un sistema de salud eficiente, ni el ejercicio del Derecho).

AMLO intentó reiteradamente controlar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, primero tratando de prolongar ilegalmente el periodo de Arturo “el Swiftie” Zaldívar en la Presidencia de esa misma máxima instancia; luego, con su intentona de imponer a la ministra pirata y cónyuge del mejor facturador de este sexenio -el señor Riobóo- Yasmín Esquivel Mossa.

Aunque el Tlatoani “Cacayátzin Ilhuicamina” logró colar a su ministra de a peso, Lenia Batres, la Suprema Corte es la única mazorca que nuestro Presidente no ha podido desgranar y está decidido a hacerlo con el último aliento que le queda a su agonizante sexenio.

Su última voluntad presidencial no es cumplir ninguna de sus promesas, como llevar nuestro sistema de salud al Primer Mundo (eso ya aclaró que era pura vacilada); o resolver el caso de Iguala A.K.A. el de los 43 de Ayotzinapa, mismo que según él sería lo primero y más fácil de lograr durante su gestión (Nota marginal: Eso está de sobra resuelto, lo único que falta es el reconocimiento del Estado de que fue el Ejército y actuar en consecuencia, pero tal es un costo que AMLITO no está dispuesto a pagar).

Bien, de regreso con el Poder Judicial, la iniciativa de reforma ahí está, puesta y propuesta por el Jefe del Ejecutivo más pasivo agresivo del que tenga memoria esta Nación.

Pero como es un simulador profesional, el Geppetto de Tepetitán, tuvo la cortesía de abrir el diálogo al respecto, seguro de que sus incondicionales ahogarían cualquier clamor disidente.

Y casi, de no ser porque las voces discordantes le llegaron de todas direcciones.

Primero fueron los académicos, expertos juristas de nuestra Máxima Casa de Estudios. Es decir, el círculo de eminencias en la materia más docto y prestigioso al que podríamos acceder y al que deberíamos atender y no la opinión de un chairo atolizado con una bequita de 3 mil pesos cada dos meses. Lo siento, suena horrible, lo sé; pero la de los primeros es una opinión autorizada, letrada, erudita: mientras que la del segundo es una opinión derivada de la emoción, del afecto condicionado, de la empatía y emitida desde la emocionalidad y desde la ignorancia (y quieren que toda esa gente vote para elegir jueces y magistrados).

En fin, que el círculo académico fue el primero que AMLO desestimó con alguno de sus consabidos vacuos argumentos, ya no sé si los acusó de clasistas, de “derechizados”, de neoliberales o de siervos de los poderes fácticos… Es lo de menos, el caso es que la voz de los mejores expertos que pueda tener este País no vale la pena ser escuchada.

Luego llegó la incertidumbre financiera y la inquietud cambiaria. El mundo de los mercados bursátiles también experimentó desasosiego tras correrse el rumor de que México estaba a un paso de convertirse en una total y completa autocracia.

¡Quién sabe! Es como que a los empresarios e inversionistas no les gusta poner su dinero en naciones bananeras en las que no hay certezas jurídicas o están al borde de un estallido social. ¡Quisquillosos que son!

Nuevamente, el cabeza de cotonete volvió a minimizar la situación, aduciendo que como los Estados Unidos viven un proceso electoral, es natural que haya estos movimientos.

Vino entonces la prensa internacional, The Wall Street Journal y The Washington Post advirtieron los riesgos financieros y sociales de un Poder Judicial “democratizado” y sometido al partido hegemónico. Y la verdad es que no hay que ser un genio para prever los riesgos de esto. Y una vez más, el Zar de las Tlayudas nulificó la crítica, ya usted sabe, porque esos son medios mentirosos y calumniadores, con una agenda oculta para perjudicarlo a él y a su gobierno.

Los embajadores de nuestros principales socios comerciales, Canadá y los Estados Unidos, también expresaron su preocupación personal, pero sobre todo a título de las relaciones mercantiles entre las tres naciones. AMLITO desde luego sacó la bandera del injerencismo, del intervencionismo y creo que hasta la del supremacismo, porque “nadie debe opinar sobre los asuntos de México, ya que tal cosa viola la soberanía”.

Ya ni siquiera me molestaré en diseccionar esta falacia y lo irónico de que sea precisamente López Obrador quien la pronuncie. Si no sabe a lo que me refiero es porque sencillamente no ha estado viendo la película del sexenio.

La huelga de los trabajadores del Poder Judicial también le estalló en la cara al Presi, como petardo en las manos del Coyote del Correcaminos, pero dijo que estaban siendo manipulados. ¿Manipulados? ¿En serio? Pero si hay alguien en este país que entienda lo que la 4T trata de hacer son precisamente los empleados del Poder Judicial.

Y ahora que diversos grupos de estudiantes en Derecho se han sumado al coro que se opone a las reformas, el Tropi Mesías no tiene ningún empacho en decir que son cilindreados por algunos docentes facciosos. En todo caso, que son sólo otro contingente de pobres títeres útiles.

Las voces que advierten los riesgos para la democracia, la justicia, la estabilidad política y el desarrollo económico que la reforma de AMLO entraña, han hecho más ruido del que se anticipaban, no sólo por lo que suman en lo numérico, sino por el peso de sus credenciales. AMLO, más que aferrado, está emperrado, “ahuevado” en su determinación de doblegar y someter al único poder que le opuso resistencia, pidió por alguna señal que le hiciese reconsiderar…. Y como el encaprichado doctor Hfuhruhurr, ¡la seguirá esperando!


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