Austin, Texas, 26/05/26 (Más).- El auge de las inversiones en empresas privadas de inteligencia artificial y tecnología de alto perfil está transformando el mercado financiero mundial mediante estructuras conocidas como vehículos de propósito especial (SPV), mecanismos que permiten a inversionistas acceder a acciones de compañías como OpenAI, Anthropic y SpaceX antes de su salida a bolsa, aunque con riesgos crecientes de opacidad, comisiones excesivas y posibles fraudes.
De acuerdo con Forbes, este fenómeno ha generado una nueva fiebre financiera en torno a las acciones previas a las ofertas públicas iniciales, impulsada por la expectativa de enormes ganancias en empresas tecnológicas que permanecen privadas durante más tiempo.
Firmas como OpenAI y Anthropic concentran buena parte de la atención de inversionistas institucionales y minoristas, quienes buscan participar en valuaciones multimillonarias antes de que las compañías entren formalmente a los mercados bursátiles.
Uno de los protagonistas de este ecosistema es Adam Crawley, exoperador de Morgan Stanley, quien junto con Noel Moldvai fundó en 2022 la firma Augment, con sede en Austin. La empresa se dedica a localizar acciones de startups privadas altamente demandadas y empaquetarlas en SPV para ofrecerlas a inversionistas que normalmente no tendrían acceso a este tipo de activos. Según Crawley, los activos administrados por Augment pasaron de menos de 200 millones de dólares a más de 1,000 millones en apenas un año, impulsados principalmente por el incremento en el valor de Anthropic.
El crecimiento de estos vehículos financieros está ligado a cambios regulatorios implementados en Estados Unidos desde 2012, cuando la Comisión de Bolsa y Valores elevó de 500 a 2,000 el número de accionistas permitidos antes de obligar a una empresa privada a cotizar en bolsa. Esto facilitó que gigantes tecnológicos retrasaran sus salidas públicas y acumularan valuaciones gigantescas en el mercado privado, donde las mayores ganancias suelen concentrarse antes de una IPO.
Los SPV funcionan como estructuras jurídicas que agrupan capital de múltiples inversionistas en un solo vehículo para adquirir acciones privadas. Sin embargo, cada capa dentro de estos esquemas puede generar comisiones adicionales por gestión, acceso o participación en beneficios. Especialistas del sector estiman que actualmente los SPV manejan “cientos de miles de millones” de dólares en empresas respaldadas por capital de riesgo, convirtiéndose en un lucrativo negocio financiero alrededor del acceso restringido a compañías tecnológicas de élite.
El mercado ha atraído a fondos de inversión, firmas de Wall Street, plataformas tecnológicas y promotores independientes que ofrecen oportunidades de inversión incluso a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería. Empresas como Hiive, AngelList, Sydecar y EquityZen participan activamente en la administración, intermediación y creación de SPV vinculados con empresas de inteligencia artificial y defensa tecnológica. Algunas de estas plataformas reportan crecimientos acelerados en activos administrados y proyecciones multimillonarias de ingresos.
No obstante, la expansión del sector también ha encendido alertas regulatorias y legales. Inversionistas y expertos advierten que muchos compradores no comprenden completamente la compleja estructura de los SPV ni las restricciones de transferencia de acciones impuestas por compañías como OpenAI, Anthropic y Anduril. En algunos casos, los inversionistas podrían no convertirse nunca en propietarios directos de las acciones subyacentes, dependiendo completamente de intermediarios para obtener beneficios futuros.
El temor al fraude se ha intensificado tras diversos casos judiciales recientes. Uno de los ejemplos más notorios es Linqto, plataforma que llegó a gestionar más de 500 millones de dólares en activos privados antes de enfrentar demandas, investigaciones de la SEC y acusaciones de engañar a inversionistas sobre la verdadera naturaleza de sus participaciones. Según las acusaciones, la compañía promovía acceso “sin comisiones ni costos ocultos” mientras aplicaba márgenes superiores al 150% y utilizaba influencers para generar presión de compra basada en el miedo a quedarse fuera del mercado.
Además, empresas como Anthropic han publicado listas de intermediarios no autorizados para comercializar sus acciones mediante SPV, mientras plataformas como Hiive y Sydecar continúan facilitando operaciones relacionadas con esos títulos. OpenAI y Anduril también prohíben transferencias secundarias sin autorización expresa, aunque existe un mercado activo de compraventa de participaciones vinculadas a ambas compañías.
La situación ha generado comparaciones con el auge de las SPAC ocurrido años atrás, debido a la combinación de altas expectativas, ingeniería financiera compleja y riesgos significativos para inversionistas minoristas. Algunos promotores incluso plantean tokenizar los intereses de SPV mediante blockchain y criptomonedas, permitiendo negociar participaciones digitales respaldadas por estos vehículos financieros. Sin embargo, críticos consideran que añadir tokenización a un mercado ya opaco podría incrementar aún más los riesgos de abuso y especulación.
Mientras tanto, la eventual salida a bolsa de SpaceX, prevista para los próximos meses, será vista como una prueba decisiva para este mercado. Si los inversionistas logran materializar ganancias sustanciales a través de SPV, el modelo podría consolidarse como una nueva vía de acceso a empresas privadas de tecnología. Pero si predominan litigios, pérdidas y conflictos regulatorios, la presión para imponer reglas más estrictas sobre estas estructuras financieras podría intensificarse rápidamente.
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