Zacatecas, 05/05/26 (Más).- El estado de Zacatecas, se ha convertido en uno de los casos más citados en México por la drástica reducción de homicidios reportada en los últimos años, aunque persisten fuertes dudas entre la población sobre la veracidad y el alcance real de estos resultados.
De acuerdo con datos presentados por autoridades estatales, los asesinatos habrían pasado de 1,741 casos en 2021 a 149 en 2025, lo que representa una disminución del 91%, mientras que solo en 2025 la baja habría sido del 71%, cifras que no tienen precedente en otras entidades del país.
Sin embargo, la percepción ciudadana contrasta con estos indicadores oficiales. Encuestas citadas en el reporte señalan que ocho de cada diez zacatecanos aún se sienten inseguros, lo que evidencia una brecha entre las estadísticas gubernamentales y la experiencia cotidiana de la población.
A nivel nacional ocurre una situación similar: aunque el gobierno federal reporta una reducción del 30% en homicidios durante 2025, seis de cada diez mexicanos continúan viviendo con temor ante la violencia.
El análisis periodístico de la BBC destaca que Zacatecas llegó a un punto crítico a finales de 2023, cuando se mantenía como el segundo estado más violento del país con un promedio cercano a tres homicidios diarios, además de registrar desapariciones, secuestros y desplazamientos forzados.
En ese periodo, la crisis institucional también se profundizó, con policías asesinados, una fiscalía en huelga y niveles de impunidad que alcanzaban el 99.9%, según cifras oficiales.
Ante esta situación, la designación de Cristian Paul Camacho Osnaya como fiscal estatal marcó un punto de inflexión en la estrategia de seguridad.
Desde su llegada, el funcionario ha sostenido que la mejora en los indicadores responde principalmente a dos factores: la coordinación interinstitucional mediante mesas de seguridad y el combate al narcomenudeo como eje operativo.
Según explicó, estas acciones han permitido incrementar detenciones, asegurar armas y drogas, y reforzar la presencia del Estado en zonas de conflicto.
El modelo de seguridad implementado en Zacatecas se basa en reuniones diarias entre autoridades estatales, fuerzas armadas, fiscalías y cuerpos de inteligencia, lo que permite definir operativos conjuntos y detectar focos de violencia.
Este esquema, similar al aplicado en otras entidades como Ciudad de México y Nuevo León, ha sido presentado por el gobierno como una estrategia efectiva para reducir los homicidios en contextos de alta fragmentación institucional.
No obstante, el propio enfoque ha generado debate. Mientras las autoridades sostienen que el descenso de homicidios refleja una mejora real en la seguridad, especialistas, colectivos de víctimas y habitantes cuestionan si la reducción estadística coincide con una disminución real de la violencia.
Organizaciones como Causa en Común han advertido que en algunos estados del país los homicidios bajan mientras aumentan las desapariciones, aunque en Zacatecas las autoridades aseguran que este no es el caso.
En el terreno social, la percepción sigue siendo ambigua. Durante un recorrido en el centro de la capital zacatecana, habitantes consultados por la BBC ofrecieron opiniones divididas: algunos reconocen una mejora en la tranquilidad, mientras otros aseguran que la inseguridad persiste en zonas periféricas y municipios cercanos como Fresnillo.
Expresiones como “cada quien habla como le va en la feria” reflejan la disparidad de experiencias frente a la violencia.
Testimonios de víctimas también ponen en duda el impacto de las cifras oficiales. Brenda Carmona, quien perdió a su esposo en 2011 y a su hijo en 2024, calificó los datos como “una falsedad tremenda”, mientras que Elizabeth Araiza, integrante de un colectivo de madres buscadoras, señaló que, aunque los homicidios puedan haber disminuido, las desapariciones siguen en aumento. Estas posturas alimentan el debate sobre la forma en que se mide la violencia en el país.
En paralelo, expertos como Cristela Trejo advierten que el énfasis en las estadísticas puede invisibilizar la profundidad del daño social.
Según su análisis, la discusión técnica sobre cifras de homicidios y desapariciones puede desplazar la atención sobre las consecuencias humanas de la violencia, como el miedo, la pérdida y la revictimización de las familias afectadas.
A pesar de la reducción reportada en homicidios, en comunidades rurales de Zacatecas algunos habitantes atribuyen la disminución de la violencia a dinámicas del crimen organizado, como la consolidación de un solo grupo delictivo en ciertas regiones.
Las autoridades, por su parte, rechazan esta interpretación y sostienen que los resultados obedecen exclusivamente a operativos estatales y a la coordinación institucional.
Zacatecas se mantiene como un ejemplo complejo dentro del panorama de seguridad en México: un estado que presenta mejoras sustanciales en sus cifras oficiales de homicidio, pero donde la percepción ciudadana, las experiencias de las víctimas y el debate sobre otros delitos como las desapariciones mantienen abierta la discusión sobre si la reducción de la violencia es real o únicamente estadística.
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